REFLEXIÓN
En este relato, Juan el Bautista aparece desde el momento de su nacimiento como un hombre predestinado y con una misión peculiar que cumplir. También nosotros, ante Dios, tenemos un nombre propio intransferible. Dios nos conoce por el nombre que nos impusieron en el bautismo y ese mismo día recibimos todos una tarea especial que realizar en el mundo. Pero lo más llamativo de Juan el Bautista es lo que el propio Jesús dijo de él: «Entre los nacidos de mujer, no ha existido uno mayor que Juan el Bautista» (Mt 11,11). ¿A qué se debe este elogio de Cristo? Sencillamente a que el Bautista fue un hombre fiel e íntegro. Fue fiel, hasta la muerte, a la palabra y a la vocación recibida de Dios. Murió, como sabemos, por proclamar la verdad y echarle en cara al rey Herodes el pecado de abuso de poder y la injusticia que había cometido. Y la fuerza de su denuncia le nacía de su honestidad, de su rectitud y de la firmeza de sus convicciones. ¡Todo un ejemplo y modelo de fidelidad para los creyentes, que a veces, por miedo o por timidez, no somos capaces de dar la cara y defender la fe que profesamos!
ORACIÓN
Señor,
que con valentía y firmeza
sepa proclamar y vivir tu verdad.
SANTORAL ROMANO
Fiesta del nacimiento de San Juan Bautista; Ss. Teodgaro, Bartolomé cfs.; Orencio, Farnacio, Eroes, Fermín, Ciriaco, Firmo, Longinos hns.; Fausto, Agilberto, Agoardo ms.; Teodulfo, Simplicio, Gunardo obs.; Iván erm.