REFLEXIÓN
Al celebrar la Eucaristía se conmemora y actualiza la donación total que hizo Jesús de sí mismo, con su cuerpo y con su sangre, en favor de todos. Sí, en favor de todos, de toda la humanidad, y no sólo de unos cuantos. Por una parte, la Eucaristía es la donación de Jesús en forma de presencia real y permanente con nosotros para que nunca nos sintamos solos. Por otra parte, es donación de Jesús en forma de sacrificio para redimir el pecado del mundo. Y finalmente es donación de Jesús en forma de alimento para que podamos participar de su vida, y vivir por él, con él y en él.
Desde esta perspectiva la vida del cristiano hay que entenderla y realizarla también en clave de donación. Cristo, con su ejemplo, nos impele a compartir, a trocear, a repartir y a sacrificar nuestra vida y cuanto tenemos con los demás, para estar cercanos a todos, para cargar con sus necesidades y redimirlas, y para socorrer al hambriento, al sediento, al desnudo, al marginado, al oprimido y a cuantos son injustamente tratados. Si esto hacemos, será verdad que el Reino de Dios está ya en medio de nosotros.
ORACIÓN
Señor, que todos podamos decir a nuestros hermanos:
«¡Aquí me tienes!
Come y bebe de mi cuerpo y de mi sangre.
Toda mi vida te doy»
SANTORAL ROMANO
Ss. Guillermo ab.; Orosia, Lucía, Febronia vs.; Galicano, Máximo, Próspero obs.; Sosípatro, Amando, Adalberto, Emiliano cfs.; Agatón, Lucía, Diógenes ms.; Bodoaldo mj.; Félix erm.; Salomón rey de Bretaña.