REFLEXIÓN
Frecuentemente clasificamos a las personas en buenas y malas. Sería interesante saber en qué grupo nos colocamos nosotros. Solemos sentirnos mejores de lo que somos y, por el contrario, juzgamos a los otros peores de lo que son. Pensamos que los otros han de cambiar, mientras que no vemos en qué, ni por qué hemos de cambiar nosotros. Quizás fuera bueno que nos detuviéramos a pensar: ¿Cómo sería el mundo si todos fueran como yo? Y, si fuéramos sinceros, veríamos que, muchas veces, no merecemos el certificado de buena conducta que nos damos a nosotros mismos. Solemos ser muy exigentes con los de nuestro alrededor, y condescendientes y comprensivos con nuestros fallos. ¿Y si Dios invierte los papeles y me juzga a mí con el rigor con que yo juzgo a los demás?...
De ahí la sentencia de Jesús. Él quiere una convivencia y comunión de amor entre todos los hombres, que nos tratemos como hermanos y que nos ayudemos como tales. Es urgente que los hombres dejemos de mirar a nuestros semejantes como enemigos o rivales. Si esto hiciéramos, se producirían menos guerras, menos odios, menos rencores y venganzas. Ésta es la humanidad nueva que Jesús trata de instaurar con su mensaje.
ORACIÓN
Señor, quiero ser un instrumento de paz,
de comprensión y de concordia, allá donde me encuentre.
¡Con tu gracia, que es fuerza y amor, lo conseguiré!
SANTORAL ROMANO
Ss. Pelayo, Silvio, Superio ms.; Juan, Pablo hns.; Antelmo, Virgilio, Rodolfo, Constantino, Marciano obs.; Majencio pb.; Perseveranda v.; David erm.; Bto. Josemaría Escrivá de Balaguer fundador