REFLEXIÓN
Todos deseamos que los demás nos valoren y estimen; en cambio nosotros no siempre nos comportamos de la misma manera con quienes nos rodean. Ésta es la primera advertencia que hoy nos hace Jesús. En general todos procedemos con buena voluntad, pero, a pesar de ello, nos ofendemos y molestamos mutuamente con relativa frecuencia. Bien sabemos que la noble y alegre convivencia no es fácil, ni en el seno de la familia, ni en los grupos sociales donde nos encontramos. Y es que los gustos, las inclinaciones, la forma de ser y de pensar de las personas difieren mucho entre sí. De ahí la necesidad de mostrarnos comprensivos, de saber disimular y de estar dispuestos a perdonar. Y es que, según Jesús, sólo el que perdona es digno de ser perdonado, el que comprende es digno de ser comprendido, y el que sabe disimular merece que los demás no le tengan en cuenta sus pequeños fallos. El que se muestra bueno y amable con todos suele recibir como premio el que a él le traten de la misma manera.
Por otra parte, en el texto que leemos hoy, Jesús nos recomienda además la humildad, la pequeñez y la sencillez de los niños. Por una puerta angosta sólo los pequeños y enjutos pueden pasar, y justamente el orgullo, el egoísmo y la vanidad nos suelen envanecer y engreír tanto que muchas veces nos impiden convivir pacíficamente dentro de una comunidad humana, y mucho más en el Reino de Dios basado en el amor y la fraternidad.
ORACIÓN
Señor, que sea capaz de tratar y de convivir con los demás
como yo quiero y necesito ser tratado:
con amor y comprensión.
SANTORAL ROMANO
Ss. Cirilo de Alejandría ob. y dr.; Crescente ob.; Zoilo, Aniceto, Crispo, Crispiniano, Benedicta ms.; Juan, Adelino pbs.; Ladislao rey; Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro.