REFLEXIÓN
Con estas sencillas observaciones del mundo agrícola Jesús llama la atención de sus discípulos sobre la verdadera bondad y rectitud de vida. Ésta radica y brota del corazón del hombre, no de lo que exteriormente pueda aparentar. Un corazón bueno producirá obras buenas; en cambio de un corazón malo o retorcido saldrán obras malas o engañosas. La bondad, o nace del interior de la persona, o no es auténtica bondad, aunque lo parezca. Cuando uno es bueno ante Dios y ante su conciencia, sus obras, quizás defectuosas, tendrán siempre un valor positivo. En cambio, cuando uno procede con mala intención, por muy deslumbrante que pueda parecer su conducta, a la postre será maldad o hipocresía. Para ser un árbol sano, que produzca frutos sanos, es menester que la simiente y las raíces sean buenas. Pues lo mismo, para que una persona sea en verdad buena es menester que su mente, su corazón, sus sentidos y todo su ser abriguen sentimientos de bondad. Parecer bueno, y no serlo, es hipocresía; ser bueno, y no demostrarlo, es pereza o timidez; ser bueno, y producir frutos buenos y palpables, es vivir la fe con todas sus consecuencias.
ORACIÓN
Señor, Bondad infinita, siembra tu bondad en mi corazón
y en el de todas las personas,
para que nuestro mundo se renueve y desarrolle
mediante buenas obras.
SANTORAL ROMANO
Ss. Ireneo ob. y mr.; Benigno, Gerón, Zacarías obs.; Plutarco, Sereno, Heráclides, Herón, Papio, Raida, Basílides, Potamiena, Marcela ms.; Paulo I p.; Vicenta, Gerosa vs.; León, Sergio cfs.; Argimiro mj.