Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará»
(Mateo 16, 13-18).
REFLEXIÓN
La pregunta de Jesús podríamos considerarla como dirigida a cada uno de nosotros. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Es de verdad el Mesías, el verdadero Salvador de mi vida, a quien me dirijo y acojo en todo momento? ¿Es de verdad el Hijo de Dios, esto es, el Todo en el que se sustenta mi vida y el que le da su sentido? Ante situaciones difíciles y comprometidas, ¿tengo, como Pedro y como Pablo, el valor de confesar que Cristo lo es Todo para mí y que mi vida tiene en él su última explicación?... ¿O quizás le niego, como hizo en otro momento Pedro, por miedo a que me reconozcan como discípulo suyo?...
Nuestra vida es una mezcla incesante de alegrías y penas, de éxitos y fracasos, de mañanas luminosas y de noches oscuras. Incluso los héroes y los santos desarrollaron su vida en este vaivén de contrastes y de acontecimientos contradictorios. Pero éstos supieron afrontar esas situaciones sin abatirse por las tinieblas, ni exaltarse por los éxitos. Una fe recia y profunda los guiaba, y no temieron anunciar y difundir el Evangelio de Jesús, aunque peligrasen sus vidas.
ORACIÓN
Señor, que tenga la valentía y el coraje de proclamar
que tú eres el norte de mi vida, mi fin supremo, mi única verdad,
mi Salvador..., y mi TODO.
SANTORAL ROMANO
Festividad de los Ss. Pedro y Pablo; Marcelo, Anastasio ms.; Siro, Casio obs.; Benita, Enma de Gurk vs.; Coca ab.; María madre de san Marcos.