REFLEXIÓN
Durante su vida terrena, Jesús confió ciegamente en su Padre y a Él acudió en todo momento. Vemos hoy cómo le pide que le ayude, que le glorifique, para que, por el poder que le dio, encauce y oriente la vida de aquellos que le confió. Si nosotros fuésemos capaces de experimentar la protección y cercanía de las manos de Jesús, y que por su Amor nos salvaremos, viviríamos más felices y seguros, sabiendo que cuanto nos acontece está protegido y amparado por su poder. La seguridad de que Cristo cuidará de que obtengamos el premio eterno, al final de nuestro recorrido por el mundo, debe impulsarnos a dar continuas gracias a Dios y glorificarlo por cuanto tenemos y por cuanto nos sucede.
ORACIÓN
Padre, concédenos la seguridad y certeza
de que al final de la vida
tú serás nuestra meta y nuestro premio.
SANTORAL ROMANO
Ss. Norberto, Claudio, Juan, justo, Vicente, Eustorgio obs.; Artemio, Cándida, Paulina, Bonifacio, Amancio, Lucio, Alejandro ms.; Hilarión; Felipe dc.; bto. Marcelino Champagnat, fdor.