REFLEXIÓN
Aunque propio del hombre es vivir inmerso en el mundo y desarrollar su vida en medio de los elementos y acontecimientos humanos, sin embargo su radicación terrena no debe hacerle perder el verdadero rumbo de la vocación que recibió del Creador. Su felicidad plena no la encontrará nunca en las cosas materiales que, aunque necesarias para vivir y desarrollarse como persona, son de por sí limitadas y endebles. La vocación humana se cifra en llegar un día al Dios, Padre de todos, Amor y Ternura, que saciará todas las aspiraciones del hombre. Para ello es menester vivir en la VERDAD, que se cifra en la justicia, la tolerancia, el respeto, la generosidad, la donación y la ayuda a los demás. Quien camina en esa VERDAD, se inserta y compromete de lleno en las realidades y tareas mundanas, sin perder la vocación trascendente que ha recibido del Creador y que le fue manifestada en Jesús.
ORACIÓN
Padre, nos dirigimos a ti con la misma oración de Jesús:
Consagra y fija nuestras vidas en la Verdad,
para ser testigos de tu Amor, la suprema Verdad,
en medio de las diversas coyunturas de nuestro mundo.
SANTORAL ROMANO
Ss. Pablo, Cándido, Venancio obs.; Roberto ab.; Licarión, Pedro pb.; Walabonso dc.; Abencio, Jeremías, Sabiniano, Wistremundo mjs. y ms.; Acacio, Alderico, Eugenia, Valentín, Juan, Tarasio ms.; Antonio Mª Gianelli cf.