Éste es mi deseo, que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste..., y así el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos» (Juan 17, 20-26).
REFLEXIÓN
Todos, creyentes y no creyentes, somos responsables de la marcha del mundo. Éste será más próspero y más justo, especialmente con los menos privilegiados, si todos nos empeñamos en conseguirlo. Pero los cristianos tenemos además una misión particular que Cristo nos ha confiado al decirle a su Padre: «No sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos». Según esto, de la actitud de vida y de los actos de los cristianos depende que otros vean, a través de su conducta, que es verdad el mensaje del Amor, de la Justicia y de la Bondad proclamado por Jesús, y puedan decir: «me convence ese mensaje, porque los discípulos de Cristo sólo hacen que amarse y practicar el bien». Así, pues, todos tenemos la obligación y el deber de compartir lo que somos y tenemos, para hacer felices a los que nos rodean o, al menos, ayudarles a llevar una vida más digna. De esta manera participaremos ya en esta vida de la Gloria de Dios, que radica en el Bien y en el Amor.
ORACIÓN
Señor, que mi vida esté tan fundamentada en tu Amor y Verdad,
que los que me vean crean en ti y digan:
¡Vale la pena seguir a Cristo!
SANTORAL ROMANO
Ss. Máximino, Medardo, Gildardo, Clodulfo, Gaudencio, Eutropio, Eustolio, Heraclio, Fortunato, Guillermo obs.; Salustiano, Sira, Victorino cfs.; Calíopa m.; Mario erm.; Sabiniano ab.; BB. Cecilia y Diana, o.p.