La alabanza, la oración, el sacrificio, las ofrendas han de ser siempre signos y expresiones de un corazón encendido en el amor a Dios y a las cosas que a Él le pertenecen. Donde no hay amor no hay religión, pues ésta, como relación amistosa con Dios, no se compadece con el odio o el rencor hacia las criaturas de Dios.
El Apóstol San Juan declara: “Si dices que amas a Dios a quien no ves, y no amas al hermano a quien ves, eres un mentiroso”. La sinceridad con Dios postula un corazón limpio de rencores y de odios hacia los demás. Por eso Jesús postula una religiosidad basada en el amor universal. Su religión es la religión del amor, que implica la justicia y la paz con todos.
¡Señor!, ¿cuándo llegaré a convencerme
de que no puedo amarte de verdad,
si no amo y me doy a mis hermanos los hombres?
SANTORAL ROMANO
Ss. Patricio, Agrícola, Atón, obs.; José de Arimatea, Alejandro, Teódulo ms.; Gertrudis, v.; Desiderato (Deseado), Dionisio, Gabriel Lalemant ms.