Ya no puedo hacer otra cosa que arrodillarme ante el primer mendigo y besarle la mano. Yo no he sido bueno; quisiera haber sido mejor. Estoy hecho de un barro que no está bien cocido todavía. ¡Tenía que pedir perdón a tanta gente! Pero todos se han muerto...”
Con frecuencia encontramos personas que al final de su vida piensan como este gran poeta. Parece como si los años, la experiencia y la cercanía de la muerte diera a la persona humana una visión más amplia y profunda de la vida. La visión de la comprensión y de la compasión.
La mayoría nos disgustamos y enfadamos cuando comprobamos que los demás no comprenden o malinterpretan nuestra forma de actuar. ¡Cuántas veces una obra buena, realizada con la mejor intención, es mal juzgada y criticada! A veces parece que media humanidad juzga y condena a la otra.
El Omnipotente, la Suma Bondad , el Bueno por antonomasia, nuestro Padre del cielo no se comporta así. Es comprensivo, compasivo y misericordioso con todas sus criaturas. Sabe que todos somos barro quebradizo, al que no se le pueden pedir obras perfectas y acabadas.
¡Señor, perdón!, por no comprender, por no perdonar,
por no reconocer lo bueno que hay en los demás!
SANTORAL ROMANO
Ss. Nicetas, Guillermo, Leoncio, Remigio obs.; Pablo, Cirilo, Eugenio, José, Alejandra (Sandra), Víctor, Anatolio, Sebastián, Focio, Claudia, Eufrasia, Eufemia, Ciriaca ms.; Mª Josefa del C. de J. fdra.