El pensamiento y la acción, la fe y la vida no siempre están concordes. A esto hay que llamarlo falsa o aparente religión, porque no son fe y religión auténticas.
Los antiguos filósofos decían que “el obrar sigue al ser”, de forma que lo que uno es, en verdad, luego lo manifiesta en la acción, como el río que lleva el agua que sale de la fuente. Según este principio, hemos de reconocer que no todos los que se dicen “personas religiosas y creyentes”, lo son en verdad. ¿En qué categoría me encuentro yo?...
La verdadera religiosidad ha de nacer de lo más profundo del ser humano. El ser hindú, budista, mahometano, cristiano o católico no es un accidente, un sobrenombre, un título o una etiqueta, sino una forma de ser, porque implica una visión singular de Dios y una forma peculiar de orientar la vida. La verdadera religión es la que se traduce en una vida íntegra y sin doblez. Religión y vida no deben separarse nunca.
¡Señor, quiero ser sincero y auténtico contigo,
y con los demás!
SANTORAL ROMANO
Ss. Endeus, Lupicino, abds.; Serapión, Birilo, Justiniano obs.; Filemón, Domnino ms.; Nicolás de Flüe cf.; Elías erm.