Y así, nos encontramos con personas buenas que ante la aparición de una enfermedad grave o de un contratiempo funesto e inesperado exclaman: “¡Dios mío!, ¿por qué a mí?” Estas personas se olvidan de aquello que afirmaba Job: “La vida del hombre sobre la tierra es milicia y lucha”. La verdadera religión supone riesgo, compromiso y entrega de sí mismo.
Gandhi, el día de su muerte, oró por la mañana con la siguiente plegaria de un antiguo gujarati: “Ya te sientas fatigado o no, ¡oh hombre!, no descanses; no ceses en tu lucha solitaria; sigue adelante y no descanses. Caminarás por senderos confusos y enmarañados, y sólo salvarás unas cuantas vidas tristes. ¡Oh hombre!, no pierdas la fe, no descanses. Tu propia vida se agotará y anulará, y habrá crecientes peligros en la jornada. ¡Oh hombre!, soporta todas sus cargas, no descanses. Salta sobre tus dificultades, aunque sean más altas que montañas, y aunque más allá sólo haya campos secos y desnudos... ¡Oh hombre!, no descanses; procura descanso a los demás”.
¡Señor, ayúdame a comprender que quien pierde la vida por ti
y por tu causa encontrará la verdadera Vida!
SANTORAL ROMANO
Ss. Pablo, Deogracias, Bienvenido, Epafrodito obs.; Octaviano, Saturnino, Caliopo, Calínico, Basilisa ms.; Avito, Erlinda, Reinalda cfs.