Sucedió en tiempos de Jesús, en el Antiguo Testamento y en todas las épocas. Mensajeros de Dios fueron, sin duda, en nuestro tiempo, Gandhi, Martin Lutero King y tantos misioneros de la justicia, de la paz, del amor y de la igualdad entre los hombres; y todos ellos han sido aniquilados.
Estos profetas se presentan como testigos de Dios y mensajeros de un mundo mejor, más justo, más humano, más fraterno; pero sus gritos caen muchas veces en el vacío del desierto. Escribe de ellos J.A. Espinosa en una de sus canciones: “Por ti, mi Dios, cantando voy, la alegría de ser tu testigo, Señor. /Me mandas que cante con toda mi voz; no sé como cantar tu mensaje de amor. Los hombres me preguntan cuál es mi misión. Les digo: ¡Testigo soy! /Es fuego tu palabra que mi boca quemó; mis labios ya son llamas, y ceniza mi voz. Da miedo proclamarla, pero tú me dices: ‘No temas, contigo estoy'. /Tu palabra es una carga que mi espalda dobló; es brasa tu mensaje, que mi lengua secó. Déjate quemar, si quieres alumbrar: no temas contigo estoy".
Mensajeros de Dios son los niños, con su inocencia. Mensajeros de Dios son los padres y los educadores ofreciendo a los jóvenes una formación integral. Mensajeros de Dios son todos los profesionales responsables y dedicados a buscar el bien a los demás. Y mensajeros de Dios son los ancianos con su prudencia y sabiduría adquirida.
¡Señor, quiero ser tu testigo!
¡Dame fuerza y valor para proclamar tu verdad!
SANTORAL ROMANO
Ss. Ruperto, Pablo, Gelasio, Felipe obs.; Augusta, Alejandro, Fileto, Lidia, Macedón, Teoprepio, Anfiloqio, Crónidas, Lázaro, Marotas, Narsetes (Narses) ms.; Juan erm.; Bercario y Rómulo abds.