REFLEXIÓN
Es primavera. La tierra se nos muestra en estos días nueva, regenerada, llena de vida. Apetece salir y descubrir la belleza del campo, de toda la creación. Todo ello remite a Dios, creador y buen artesano, un entendido en belleza y equilibrio. La fiesta de San Isidro Labrador, que hoy celebramos, nos remite además a los hombres y mujeres del campo, los labradores. Ellos, a través de su esfuerzo cotidiano, de la lucha continuada bajo el sol, permiten que los bienes de la tierra lleguen a todos, que esta sea próspera y fecunda. Sus vidas son un servicio a la tierra y a toda la humanidad.
Cristo es también un hombre del campo, un sencillo labrador y artesano. Conocía bien lo que era el trigo y la cizaña, el pan, el vino, las semillas, los avatares de los pájaros del cielo y los lirios del campo. Esa sabiduría especial le permitió percibir la palabra y la obra de Dios en lo cotidiano, en lo pequeño. Ocurre a veces que buscamos a Dios en las grandes complicaciones, en teorías o sistemas elevados. Y sin embargo es la palabra sencilla, la metáfora más simple, la que nos habla de él.
Ocurre que nos empeñamos en buscar grandes sabios y doctos maestros, especialistas en Dios y en su búsqueda. Y muchas veces son los pobres, los pequeños, los labradores sencillos y curtidos por el sol los que con más claridad y sin montajes, nos pueden hablar de él. Dios entiende bien del campo, conoce bien a los campesinos. Ellos son, sin duda, sus más directos colaboradores en la obra de la creación.
PLEGARIA
Señor, que siembras y cuidas los campos, y con tu ternura los haces florecer. Enséñanos a descubrir tu presencia en los sencillos y pequeños, en la creación que brota a nuestro lado. Ayúdanos a ser nuevos y fieles cuidadores de todos los campos de la tierra: que todos ellos huelan a ti, que sepamos descubrir en ellos tus huellas.
SANTORAL ROMANO
Ss. Isidro Labrador; Torcuato, Tesifonte, Cecilio, Indalecio, Esiquio, Eufrasio, Segundo, Simplicio, Isaías de Kiev obs.; Juana de Lestonnac fdra. |