REFLEXIÓN
Hoy me gustaría llegar a la raíz de la alegoría propuesta por Jesús. Él, a sí mismo, se compara con la vid; siendo el Padre el labrador. Siguiendo en el plan alegórico, puede decirse que Jesús como vid es el que sustenta, el que alimenta con sus raíces, las cuales proceden o han sido plantadas por el Padre. El ser fruto, seguidor, discípulo de Jesús, nos conduce a sus raíces, nos conduce al Padre. Esto siempre ha de estar presente en nosotros. ¿Dónde están plantadas mis raíces?... O lo que es igual, en este mundo de ruidos, prisas, insolidaridad, injusticias y violencia ¿qué lugar ocupa Dios en mi vida?... ¿Dejo a Dios ser Dios, es decir, me dejo cuidar por el labrador?... ¿Es mi fruto, un fruto dulce, preparado para ofrecerse a los demás, o por el contrario se trata de un fruto amargo sin sabor o color alguno?.
ORACIÓN
Señor, quiero ser el fruto que se alimenta de ti, y así, ser al mismo tiempo, alimento para los necesitados.
SANTORAL ROMANO
Ss. Ubaldo. Posidio, Fuerte, Honorato, Audas, Peregrino, Dómnolo obs.; Flaviano, Aquilino, Victoriano, Genadio, Félix ms.; Juan Nepomuceno pb.; Gema Galgani, Máxima vs.; Brendano, Simón Stock abds.; B. Gil de Santarem O.P.
|