REFLEXIÓN
“Jesús, levantando los ojos al cielo, oró”. Así comienza el texto propuesto para el día de hoy. Si bien, en su totalidad, el texto está cargado de connotaciones, creo que este principio es muy significativo y no ha de pasarse por alto. Y es que Jesús, también sentía la necesidad de orar, es decir, sentía la necesidad de unión con el Padre. Paralelo a este hecho, corre la enseñanza de Jesús en cuanto a forma y contenido de su oración. Se trata de una oración en la que el protagonista es el otro, el discípulo, el hermano, el marginado, el oprimido; se trata de una oración en la que el yo personal desaparece aún en los momentos más difíciles. Se trata de una oración en la que voluntad y servicio se unen a la entrega configurando la esencia de una personalidad libre.
Siempre se nos ha dicho la prioridad y la importancia que ha de conceder el cristiano a la oración. Pero, ¿cómo es nuestra oración?... ¿Es una oración libre, espontánea, entregada?... ¿Qué queda de mi oración cuando le quito la parte dedicada a mi yo personal, a mis problemas, a mis necesidades, a mis proyectos, a mis dudas, a mis, a mis....? En definitiva, ¿qué sentido, hacia dónde oriento y qué hago de ese momento de unión que ha de proporcionarme algo tan íntimo como es la oración con Dios?
ORACIÓN
Señor, enséñame a orar; haz que descubra mi necesidad en las necesidades del otro. Señor, que mi vida sea una continua oración traducida en clave de amor y servicio, de paz y armonía. Que mi oración, mi vida, muestre el verdadero rostro del Padre.
SANTORAL ROMANO
Ss. Fernando III rey; Félix I p.; Gabino, Críspulo, Sico, Palatino ms.; Exuperancio, Ausonio, Anastasio obs.; Juana de Arco v.; Venancio, Isaac, Basilio, Emilia cfs.; Uberto, Gamo mjs.; Urbicio ab. |