REFLEXIÓN
Tener muy claro cuál es la voluntad de Dios. Este es un reto que la persona de fe ha de afrontar. Cuesta a veces porque confundimos nuestra voluntad con la suya. También sucede que ponemos por encima de lo que Dios quiere de mí el hecho de estar bien con los demás, de no crearnos enemistades.
Si por hacer la voluntad de Dios tenemos descontentos a los que nos rodean ¡bendita voluntad divina!. Es cierto que son mi prójimo y que les debo respeto. También hay que reconocer que es difícil prescindir de nuestra afectividad, por eso buscamos el aprecio y consideración de los demás; en definitiva, que me quieran. Necesito ser querido, que me sonrían y me saluden; mucho mejor para mi soberbia si me alaban.
Plantéate esta cuestión: ¿qué es más importante para ti: el amor de Dios o el de los demás? Si se dan los dos simultáneamente, ¡qué maravilla!, pero si hay que optar.... ¿prefieres agradar a Dios o a los demás?...
ORACIÓN
Dame, Señor, la capacidad para reconocer cuál es tu voluntad sobre mí y el coraje suficiente para cumplirla.
SANTORAL ROMANO
Ss. Juan Leonardi, Rústico pbs.; Dionisio Areopagita, Arnoaldo, Gisleno, Lamberto obs.; Diosdado ab.; Eleuterio dc.; Domnino m.; Luis Bertrán,o.p., Pedro el Gálata cfs.; Andrónico, Atanasia, Publia abdsa.; Abraham y Lot patriarcas