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con Dios
LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"
SEPTIEMBRE 2007
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Por Vicente Botella Cubells, .o.p.

DÍA 5

ROSTRO DE CRISTO

Jesús y el valor de la oración

Hoy el evangelio de Lucas (4, 38-44) nos permite captar dos rasgos mayores del proyecto de Dios del que Jesús es mensajero e iniciador. Cura a la suegra de Simón estando en casa de éste. El hecho se conoce y muchas gentes enfermas se convocan con la intención de hallar la salud. El texto explica el método terapéutico empleado por el Nazareno: la imposición de manos, un leve contacto físico.

Sin embargo, no es el fenómeno taumatúrgico lo más significativo del relato. Después de haber estado curando toda la noche, al amanecer, Jesús busca un lugar solitario. Jesús se retira. Necesita la paz, el silencio, la oración. La gente le busca con insistencia. Incluso, se dice, querían retenerlo para que no se fuese. Pero Jesús les hace notar el alcance de su misión: “también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado”.

El Reino de Dios al que Jesús sirve tiene dos notas distintivas: una profunda experiencia de Dios y la universalidad. Jesús se sabe enviado para ese menester. Por eso, ora y va de pueblo en pueblo anunciando la buena nueva y curando.

La reflexión se impone. Si queremos ser discípulos de Jesús hemos de vivir como él vivió. Y hacerlo a partir de las enseñanzas centrales de su camino. Un cristiano ha de ser un testigo del Reino, un testigo de Jesús. Por tanto ha de entender su existencia desde la intimidad con Dios en un horizonte de proyección universal.

¿Cómo funciona nuestra vida orante? ¿Cultivamos la intimidad con Dios? ¿Nuestra mente y nuestro corazón están lo suficientemente abiertos como para reflejar la universalidad de Dios?

Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro".
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

(Sal 26,8)

SANTORAL ROMANO

Ss. Lorenzo Justiniano, Taurino, Victorino obs.; Herculano, Rómulo, Eudosio, Zenón, Macario, Urbano, Quincio, Arconcio, Dona­to, Teodoro, Menedemo, Censorino, Dídimo ms.; Bertín ab.; Alberto, Guido, Aniano, An­sarico, Artión cfs.; Obdulia v.