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El texto evangélico de este viernes (Lc. 5, 33-39) nos sitúa ante uno de los puntos centrales del evangelio de Jesús. Puede que no lo parezca. A simple vista lo que se percibe en la perícopa es una discusión sobre el ayuno. Los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan. Los de Jesús no. Sin embargo hay algo más importante.
Jesús cuando explica la actitud de sus discípulos habla de novedad –“a vino nuevo odres nuevos”–. Sin duda, la novedad a la que se refiere es la de su evangelio. Es decir: el Reino de Dios. Jesús y sus discípulos están al servicio de la novedad del Reino de Dios.
Curiosamente, una de las imágenes que Jesús emplea con mayor profusión para explicar el Reino de Dios es la de un banquete de bodas (una banquete festivo, de alianza). Nuestro texto alude a la imagen de pasada –“¿queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos?”–. Y este banquete del Reino está comenzando ya. Lo introduce la palabra y la acción de Jesús. A este banquete están todos invitados, sin excepciones. Jesús rompe con las leyes de la comensalidad judía, contando en la comida con los publicanos, prostitutas y pecadores que, en principio, no podían participar de las comidas de los buenos judíos. Pero, en el banquete del Reino sí son invitados y protagonistas. Tal idea representaba una novedad en el mundo judío.
Pues bien, el novio del banquete del Reino, Jesús, está compartiendo su vida y su misión con sus discípulos. Por eso, tanto él como ellos reflejan, en su relación con la comida, la novedad del Reino. El ayuno de los judíos era un ayuno purificador y penitencial que trataba de ganar el favor de Dios. El Reino de Dios es don de Dios que hay que acoger en su radical novedad. La conversión del corazón es lo que conviene con el Reino más que la norma externa. Conectar con la lógica del Reino y vivir consecuentemente vale más que todos los sacrificios y ayunos.
Estas reflexiones que brotan de la palabra tendrían que hacernos pensar. Nuestra relación con Dios por Jesús y en el Espíritu está llena, también, de normas, leyes y ritos. Todo eso que hacemos ¿conecta con la novedad del Reino? Nuestra mentalidad ¿es transparente y auténtica? ¿Juzgamos a los demás por su comportamiento externo? ¿Excluimos a personas?
Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro".
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
(Sal 26,8)
SANTORAL ROMANO
Ntra. Sra. de la Cinta; Ss. Albino, Almundo, Tilberto cfs.; Gondulfo, Grato, Pánfilo, Teodorico, Vivencio obs.; Bono, Fausto, Mauro, Cerón, Calcedonio, Sozón, Severino ms.; Carísima, Clodoaldo, Faciolo, Hilduardo, Lucas, Madelberta cfs.; Nemorio dc. |