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con Dios
LA PALABRA DE DIOS ES
"ESPÍRITU Y VIDA"
SEPTIEMBRE 2007
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Por Vicente Botella Cubells, .o.p.

DÍA 9

ROSTRO DE CRISTO

Jesús: el Hijo y el Hermano

El evangelio de este domingo XXIII del tiempo ordinario nos traslada, una vez más, al meollo de la predicación de Jesús. Una predicación radical y exigente (Lc. 14, 25-34): “el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”.

La propuesta evangélica de Jesús no se anda con rodeos. Toda persona anda buscando la felicidad. Jesús también indica la senda que conduce a ella. Esa senda es el seguimiento de sus pasos en aras del Reino de Dios. Jesús, pues, se presenta como el camino que conduce al Padre, a la felicidad, a la vida eterna. Y ¿cuál es la forma de vida que, encarnándola, Jesús ofrece para alcanzar esa meta?...

La respuesta se halla en las enseñanzas del texto que se nos propone en este domingo: el desprendimiento, la renuncia, la cruz. Pero cuidado, este desprendimiento, esta renuncia y esta cruz no han de ser malinterpretados. Fijémonos en Jesús mismo y nos daremos cuenta –él es el camino–. Jesús llama renuncia, desprendimiento y cruz al estilo de vida centrado en Dios (el Padre) y en el proyecto fraterno de Dios (el Reino) que él asume. Cargar la cruz y renunciar implica vivir a tope el doble mandato del amor a Dios y al prójimo. Desprenderse, por tanto, en el evangelio de Jesús, tiene un sentido liberador y humanizador. La cruz es vivificadora. No estamos ante una visión masoquista y despreciativa de la vida...

Si esto así, el evangelio de Jesús sostiene que la verdadera humanización, que la verdadera felicidad, está en dejar de lado toda afirmación egoísta e interesada de uno mismo y en darse, donarse, entregarse por amor a Dios y a lo hermanos con disponibilidad. O dicho de otra manera, la felicidad evangélica radica en el reconocimiento humilde de que la vida humana sólo puede ser colmada por un amor tan grande como el de Dios. Un amor que conlleva, consecuentemente, la fraternidad más intensa y universal. Todo aquello que impida esa felicidad sobra...

Son muchas las preguntas que hemos de hacernos en un contexto en el que está tan afincada una búsqueda de la realización personal centrada en uno mismo o en los bienes materiales y que, además, se ventila como el modelo de felicidad, ¿no? El evangelio nos anima a probar su fórmula y ha testificar con valentía los resultados que se obtengan.

Oigo en mi corazón: "Buscad mi rostro".
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

(Sal 26,8)

SANTORAL ROMANO

Ntra. Sra. de Aránzazu, Ntra. Sra. de Gracia, Santa María de la Cabeza; Ss. Pedro Claver, Odger dc.; Cia­rán ab.; Gorgonio, Severiano, Felicia, Doro­teo, jacinto, Alejandro, Tiburcio, Estratón, Rufino, Rufiniano ms.; Audomaro ob.; Que­rano ab.