¡NO A LA GUERRA!

Volver a menú principal

 

de las Iglesias de Jerusalén, Bagdad y Sarajevo

 

 

"En esta hora de preocupación internacional, todos sentimos la necesidad de dirigirnos al Señor para implorar el gran don de la paz".

Nosotros, pastores de la Iglesia cristiana que está en Jerusalén, en Sarajevo y en Irak hacemos nuestras estas angustiadas palabras del Papa, y juntos queremos unir nuestra voz a la suya para pedir que la paz, don de Dios, sea también buscada por todos los hombres y las mujeres de la tierra.

Nuestra voz es débil, pero queremos ser voz de nuestra gente, que ha sufrido y está sufriendo la guerra, opresiones e injusticias, y que vive en nuestras tierras, convertidas trágicamente en símbolo de sufrimiento no solo en los años pasados sino también hoy.

No todas nuestras ciudades son santas, como Jerusalén, y ni siquiera son ciudades católicas; pero ciertamente son ciudades mártires.

Nosotros, que hemos vivido o estamos viviendo todavía la tragedia de la guerra, queremos decir al mundo entero, y de modo particular a los poderosos de la tierra: ¡no emprendáis el camino de la guerra, porque es un camino sin salida! La paz es el único camino que hay que recorrer, es la dirección obligatoria.

No existe violencia ni terrorismo ni guerra que no comporte más violencia, odio, destrucción, sufrimiento y muerte.

Cristo es nuestra paz. El Evangelio de la paz es el que debe iluminar nuestros corazones y guiar nuestras opciones para que sean de total rechazo de la violencia y de la guerra.

Nos dirigimos a todos, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, pero de modo especial nos dirigimos a quien tiene la responsabilidad y el poder para decidir el futuro, para que pueda hacer prevalecer el sentido común y el diálogo, recordando que "la guerra es una aventura sin retorno". Con el Papa, también nosotros decimos: "¡No a la guerra! La guerra es siempre un fracaso de la humanidad".

Si la guerra es destrucción y muerte, no menos trágicas son las consecuencias que inevitablemente comporta: divisiones, odios y muchos refugiados. Ante los ojos del mundo están aún los millones de refugiados y desplazados de Bosnia y de toda la ex Yugoslavia; y las condiciones insufribles de los palestinos, desplazados en su propia tierra o en tierra extraña. En caso de guerra, ¿cuántos serán los refugiados de Irak que se añadirán a quienes ya han buscado una esperanza de vida huyendo de aquella tierra, afligida desde hace demasiados años por la guerra y el embargo?

Sabemos que en todas partes del mundo están surgiendo encuentros de oración y momentos de reflexión y de diálogo civil y pacífico para invocar la paz. Para nosotros, eso es motivo de una gran esperanza, esperanza en el Dios que escucha siempre la plegaria de los pequeños, los pobres y los indefensos. ¡No nos dejéis solos, porque el mundo hoy tiene necesidad de construir esta esperanza!

23 de febrero de 2003.

Michel Sabbah,

Patriarca Latino de Jerusalén

Presidente de Pax Christi Internacional

Vinko Card. Puljic,

Arzobispo de Sarajevo

Raphael Bidawid,

Patriarca de Babilonia de los Caldeos - Irak