CONFERENCIAS DE CUARESMA

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Por el P. Sebastián Fuster O.P.

CONFERENCIA 6ª.
APOSTAR POR LA VIDA

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El acontecimiento pascual constituye el núcleo esencial de la predicación de los Apóstoles y está en la entraña misma de la fe cristiana: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, vana nuestra predicación" (1Co 15,14). Desde el siglo II (hacia 165) los cristianos lo celebraron siempre a lo largo de una solemne VIGILIA PASCUAL. En la «Didascalia de los Apóstoles» (s.III), se lee:

"Durante toda la noche permaneced reunidos en comunidad, no durmáis, pasad toda la noche en vela, rezando y orando, leyendo los profetas, el evangelio y los salmos con temor y temblor, en un clima de súplica incesante, hasta la tercera vigilia de la noche... Ofreced después la Eucaristía. Alegraos entonces y comed, llenaos de gozo y de júbilo, porque Cristo ha resucitado, como prenda de vuestra resurrección. Esta será vuestra norma para siempre, hasta el fin del mundo" (V, 17-19)

A veces se nos dice "velad para no caer en tentación"; pero este no es el sentido de esta noche. Ni siquiera lo es "esperar a que el Señor despierte". "Esta noche velamos porque apostamos por la vida (explica san Agustín, Sermón 223). Por esto nos privamos del sueño. Porque dormir es como estar muerto. Y nosotros queremos significar que vivimos y que vivimos con el gran Viviente, Cristo. Se vela, pues, a Cristo despierto, privándose del sueño por un poco de tiempo, en honor de aquél a quien no domina ya la muerte"

El pasado como sabiduría

Muchas veces sentimos el pasado como un peso que nos lastra, como un cúmulo de ocasiones perdidas, como un rosario de nostalgias irrecuperables, de frustraciones, de fracasos, de pecados..."Hemos pecado. Perdón, señor, hemos pecado..."

Pero, desde que en el Pregón Pascual escuchamos:

"¡OH FELIZ CULPA!", todo cambia, todo en nosotros puede renacer y recobrar inocencia.Porque esta declaración desconcertante:"Oh feliz culpa: oh feliz pecado",viene a decirnos que Cristo resucitado es capaz de hacer de nosotros "criaturas nuevas", con los materiales de derribo de nuestro pasado.La primera lección que nos ofrece la Pascua es ésta: que, a pesar de todos los fallos que hayamos podido tener hasta ahora, somos susceptibles de recompostura y de reciclado. A esto le llamo "el pasado como sabiduría": saberlo releer con ojos de gratitud, y pensar que no somos tan malos, por mucho que hayamos obrado mal. De nuestro barro, el divino Alfarero puede modelar una obra de arte.

El presente como oportunidad

Desde ahí es más fácil vivir el presente como oportunidad. Cuando nuestra conciencia se libera del ayer como de un fardo pesado de amargura o de nostalgia se hace posible acoger el hoy como un cambio de vida.Si hemos muerto con Cristo, podremos vivir como Él.

"¡Habéis resucitado con Cristo! Orientad, pues, vuestra vida hacia el cielo... Poned el corazón en las realidades celestiales, no en las de la tierra (Col.3,1)

"¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Eliminad todo resto de vieja levadura" (1Co 5,7)

Es precisamente esta actitud de sencilla disponibilidad lo que caracteriza en la Biblia a los grandes creyentes. Mientras Adán se escondía por miedo, y los de Babel trepaban torre arriba, Abraham contestaba: "Aquí estoy, Señor", dejándose conducir con plena confianza ante un Dios de caminos inéditos.

El futuro como tranquila confianza

"Jesús dijo a las mujeres: No tengáis miedo. Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán... Ellas se marcharon a toda prisa... Impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos" (Mt 28,1-10)Si creemos que Cristo ha resucitado, hay que COMUNICAR LA BUENA NOTICIA.Quienes un día se encuentran con Jesús no pueden dejar de gritarlo:

· Andrés a Simón: "Andrés se encuentra al amanecer con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’, que quiere decir Cristo. Y le llevó donde Jesús" (Jn 1,35-44)· La samaritana a los del pueblo: "Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho’" (Jn 4,39)· El leproso curado: "Y así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público..." (Mc 1, 44.45)· Las mujeres la mañanita de Pascua: "Regresando del sepulcro anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás" (Lc 24,9)

· Los Apóstoles después de la ascensión: "Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos" (Mc 16,20).

Frente a la tentación de desentendernos de la construcción del futuro, la Palabra nos guía en la dirección de un compromiso, que mantiene en tensa espera y atención despierta y nos empuja a buscar mediaciones, a comprometer energías, a poner en marcha acciones creativas.

Y frente a nuestra ansiedad preocupada ante lo desconocido, nos llama a la serena audacia de confiar en que, en último término, nuestra vida, y la de todos los que amamos, descansa en el hueco de las manos de Alguien que nos ha prometido: "Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).

Renovar las promesas del Bautismo

La Iglesia nos invita en la VIGILIA PASCUAL a renovar las promesas del Bautismo. Bautizarse en Cristo es apostar por la vida. Creer que la Vida vence a la Muerte. Leemos en la Palabra de Dios:

"Hoy pongo delante de vosotros
la vida y la muerte,
la bendición y la maldición.
Elegid" (Dt 30,19)

Pongo, pues, delante de vosotros la VIDA. La lucha por una superación constante de vosotros mismos hasta realizaros plenamente como hijos de Dios-Padre y hermanos de todos los hombres. El esfuerzo ininterrumpido para conseguir una fraternidad universal. Un mundo sin guerras, ni violencias, ni odios, ni corrupciones, ni injusticias de cualquier género. Un mundo en el que todos tengan un trabajo digno, un salario justo. Un mundo donde sean felices los pobres, los sencillos, los que lloran, los limpios de corazón, los pacificadores...Pero también están ahí los ÍDOLOS de MUERTE. Los ídolos que os ofrece el mundo con su habilidad para negociar con la verdad, sus chantajes, la deformación de los valores éticos, la marginación, la injusticia y el atropello de la persona humana... Desde el Oriente hasta el Poniente, desde la opulencia del Norte hasta la miseria del Sur, toda la tierra aparece surcada por las señales del dolor y de la sangre, de la violencia y de la muerte, del hambre y de la miseria.

Ánimo, hermanos,
a esto se llama bautizarse,
como lo hizo Jesús:
chapuzarse en el agua,
lanzarse al río,
mojarse,
seguros de encontrar la gracia de la vida,
la limpieza sin límites,
la ternura que nadie nos regala.
Echar al río nuestro montón de miserias
para que la corriente se la lleve,
para quedarnos después igual que siempre hemos querido:
limpios, puros,
libres de la corrupción de este mundo.A esto se llama bautizarse
como lo hizo Jesús:
dejarse marcar por un nombre;
saber que somos los "hijos bienamados"
Que hemos sido comprados a precio de sangre.
Los ungidos y enviados...
Los cristos de hoy:Sí, aquí estamos hoy, como Cristo,
lanzándonos al agua,
sin miedo al salto de altura,
sin miedo a rompernos la cabeza,
de quedarnos en el aire, o de ahogarnos en el fondo.Me gustaría, hermanos, que la gente llegara a conocernos
por nuestro verdadero nombre: ¡CRISTIANO!,
y no por los sonoros apellidos,
el título de la empresa,
el puesto en la sociedad,
la cuenta corriente,
o la cara bonita.

¡Animo, hermanos!
La Vida nos empuja un año más.
Gritemos al mundo nuestra alegría nueva,
nuestra esperanza recién nacida.
Como los árboles muestran sus yemas recién estrenadas,
y los montes se visten de verde,
y los pájaros vuelven a alegrarnos con sus cantos.Nuestra Primavera,
nuestra Pascua,
nuestra Vida nueva,
es Cristo resucitado,El árbol nunca ve la savia,
pero la siente, la vive, la bebe...
Así nosotros:
no vemos a Cristo
como lo vieron aquellas mujeres y aquellos apóstoles.
Pero su savia corre por nuestras venas
y nos llena de juventud, de luz, de vida...Que la Primavera pascual
reviente en vosotros;
os haga experimentar la alegría de vivir
y os empuje a comunicarla.

Porque la vida es para vivir y para hacer vivir. 

Por Sebastián Fuster Perelló, o.p.