¿DÓNDE ESTA DIOS EN NAVIDAD?

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Por Martín Gelabert Ballester, O.P.

 

La pregunta suena a provocación. Una primera respuesta podría ir en la línea de los catecismos más clásicos: en Navidad, como en todo tiempo, Dios está en el cielo, en la tierra y en todas partes. ¡En todas partes! También en la casa de prostitución y en los palacios de los señores de este mundo.

Esta respuesta olvida una cosa: si Dios está en todas partes, no en todas partes se le encuentra. Porque para encontrarle se necesitan unas disposiciones, entre otras un corazón amante y los ojos de la fe. Y es dudoso que los que acuden a los lugares mencionados estén en la debida disposición para encontrar al Dios que allí está.

La historia de la primera Navidad, que cuentan los evangelios, resulta orientativa para saber, no dónde está Dios en la navidad de hoy, sino dónde encontrar hoy a Dios. ¿Quiénes supieron reconocer al Señor recostado en un pesebre y envuelto en pañales, al Señor de la gloria rodeado, no de signos de grandeza, sino de signos de pobreza? Pues precisamente uno de los grupos de gente más despreciada y malquerida de entonces: los pastores. Y también unos magos, unos extranjeros, que no tenían tampoco buena fama.

Hoy, como siempre, si nos amamos unos a otros y acogemos a los más necesitados de amor, a los más desamparados, a los marginados de la sociedad y también de la Iglesia, podemos revivir el mensaje de Navidad. El mismo Dios que se hace presente en Jesús, se hace también presente en todo ser humano. Los que piensan en juegos de azar y en el mucho comprar, además de perder su dinero, perderán una oportunidad de gastarlo cristianamente.

Pero quien tenga ojos para ver y un corazón para amar, seguro que encontrará a Dios esta Navidad.