LA PASCUA FLORIDA

Por Basilio Velasco Delgado, o.p.

resurr7.jpg (46181 bytes)"... lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver..." (Hch 10,14. 37-43)

Los textos sagrados de estos días de Pascua se compaginan bien con el ambiente primaveral. La luminosidad del día hace justicia a esplendor de la luz pascual. "Cristo ha resucitado, según las Escrituras". Este es el núcleo central de la predicación apostólica, del "kerigma" primitivo, y el fundamento de la fe cristiana. Y en el testimonio de los Apóstoles, como cimiento, se asienta la Iglesia. Ellos habían sido testigos de cómo pasó haciendo el bien y fueron testigos también de su resurrección: es lo que proclaman.

El ministerio público de Jesús, todas sus obras, adquiere su verdadera dimensión salvífica a la luz de la Resurrección, por la que queda constituido "Hijo-de-Dios-en-poder, por el Espíritu Santo". La Resurrección de Cristo inaugura el tiempo de la "nueva creación" en él y en nosotros. El Bautismo y la Eucaristía nos comunican esa nueva vida, que ha de manifestarse en "no vivir ya para nosotros, sino para Cristo". En una vida de amor y servicio; es lo que significaba las vestidura blanca de los neo-bautizados en la iglesia primitiva y de los neo-comulgantes de hoy.

"...buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo..." (Col 3, 1-4)

Y es san Pablo quien hoy se encarga de recomendarnos a los cristianos que nos incrustemos en el misterio de la resurrección. Nuestra fe en Cristo resucitado desde el Bautismo se apoya en la fe de los Apóstoles. Pero encuentra también dentro de nosotros una confirmación y despierta una exigencia. La confirmación de esa fe es obra del mismo Espíritu de Cristo resucitado que alienta en nuestro interior.

La recomendación paulina nos invita a mirar al futuro de nuestra sociedad reconstruido por nosotros. La exigencia de una vida, que se entregue sin descanso a transformar el mundo, está alimentada por la esperanza de que el amor, que da la propia vida, es más fuerte que la muerte. Esa esperanza nos impide, por otra parte, mantenernos tranquilos y satisfechos con los bienes y conquistas conseguidos en este mundo. Le adentra al cristiano en una vida nueva de realidades divinas. Es una vida escondida, sumergida, con Cristo en Dios: todo cuanto le rodea y penetra es Dios manifestado en Cristo. Nada fuera de Dios, que es amor, podrá ser aceptado como absoluto por el cristiano

"...entró también el otro... vió y creyó..." (Jn 20, 1-9)

¡Qué difícil se les tuvo que hacer a los discípulos de Jesús aceptar el hecho de la resurrección! Debieron encontrar los mismos obstáculos que nosotros los discípulos del siglo veintiuno. Y eso que con la aceptación de la resurrección de Cristo cobra sentido todo lo que nos rodea. Creyeron no sólo en la Resurrección, sino también en todo el misterio de Cristo. A los discípulos se les abre, a la luz del Paráclito, la puerta sellada de las Escrituras que hablan del Resucitado. Lo de ahora es también una "señal", la suprema, a través de ella se revela en toda su estatura el que es la Vida.

Y ¿cómo no se iban a alegrar, si la salvación aceptada por la fe es una de las causas más profundas de la alegría humana?... Ciertamente con la Pascua inauguramos un tiempo de gozo. Jesucristo ha resucitado como primicia de la vida que nos espera a todos. Tenemos el futuro garantizado por Dios, por medio de una Alianza eterna. Esperamos un hombre renovado, un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia.

Jesús, el Señor, es ya la Cabeza de esta nueva creación. Nuestra pascua, es el paso a la nueva existencia que nos ofrece Cristo, el resucitado. Para nosotros los cristianos la resurrección primaveral es una Pascua Florida.