¡RESURRECCIÓN!... MIRAR AL FUTURO
Por Sebastián Fuster Perelló, o.p.
Porque
Cristo resucitó y es la VIDA creemos en la vida y no en la muerte.
Porque Cristo resucitó y es la Verdad, creemos en la Verdad y no en la mentira.
Porque Cristo resucitó y es CAMINO creemos en el futuro y no en el miedo.
Porque Cristo ha resucitado, y vale la pena vivir. El mundo tiene sentido.
Profetas de un mundo nuevo
Hay demasiados cristianos anclados en la normas, en las leyes y en el miedo. No viven "al aire" de Jesús. Algo así como los Apóstoles antes del Jueves Santo: le siguen, le acompañan, comen y rezan con él, pero están distantes, no comprenden. Y por esto le abandonan. Hay que recuperar la confianza y ser "profetas" de un mundo nuevo.
La vida tira por un lado y la doctrina de Cristo por otra. Y el cristiano está ahí, en medio, a horcajadas entre el proyecto de Dios, que le parece maravilloso, y la realidad de cada día que le resulta adversa. Pero el cristiano, "alterado" por la Resurrección de Cristo es capaz de ver signos de vida donde muchos ven tan sólo sombras de muerte: las sectas, las drogas, la violencia, la corrupción política y económica, el libertinaje sexual... Son los efectos externos de la crisis histórica que estamos viviendo, y ante ellos, muchos reaccionan con miedo: ¿A dónde vamos a parar? ¿Que será del mañana? ¿Qué hacer con nuestros hijos? ¡Esta juventud podrida! Y muchos añoran tiempos pasados, cuando las iglesias se llenaban, aunque fuera de convencionalistas y practicones
En este sentido, el profeta es como el "sismógrafo de la historia", el centinela de la comunidad, el que ilumina el camino a seguir, el que, permaneciendo fiel en las raíces profundas e inconmovibles, es capaz de avanzar hacia nuevas conquistas. El profeta es portador de una palabra de aliento y esperanza, dirigida a personas concretas y en circunstancias históricas determinadas, porque cree que Cristo está, VIVE, y está con nosotros siempre. Sabe descubrir, en el fondo de los acontecimientos, el plan salvador de Dios en la historia y, por ello, osa elaborar un proyecto de futuro. Capta, más allá de las apariencias oscuras, el clamor de Jesús: se entregó a la muerte para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia.
A través del infierno
LA RESURRECCION nos coloca ante un dilema decisivo: a) "Este mundo no hay quien lo cambie", "no hay quien lo arregle"; b) "podemos cambiar este mundo".
Creer en la Resurrección es creer que nuestro mundo tiene remedio y que somos nosotros quienes podemos arreglarlo. ¿Por cuál te apuntas?
No es verdad que cualquier tiempo fuera mejor. A pesar de todas las apariencias, el mundo va cambiando en bien. A pesar de todos los presentes, seguimos avanzando. La superación de la esclavitud; la lucha contra la pena de muerte o la tortura; la tolerancia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, los derechos humanos; la caída paulatina de las dictaduras; el feminismo, el ecologismo, la objeción de conciencia, la protesta antimilitarista, el pacifismo, la lucha contra el apartheid... Un utopiar que, lentamente, hace que broten nuevos caminos, realidades distintas, alternativas...
Pero hay que seguir avanzando. Quizás no podemos hacerlo todo, pero todos podemos hacer algo: pequeños gestos, gestos simbólicos, a veces insólitos, provocadores, conflictivos..., y no nos tiene que asustar el que seamos pocos. Los apóstoles fueron solamente 12 (mejor 11), y además rudos pescadores, con menos letras que nosotros.
¿Qué podemos hacer?
Y no me preguntéis qué podemos hacer, porque: "Así dice el Señor, que abrió caminos en el mar y sendas en las aguas impetuosas. No recordéis lo pasado, no penséis en lo antiguo. Mirad que estoy realizando algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?" (Is 43,16-19). "Meteré mi ley en vuestro pecho, la escribiré en vuestros corazones, y ya no necesitaréis maestros que os enseñen porque todos, grandes y pequeños, me conocerán..." (Jr 31,31). El Espíritu del Señor nos dará una imaginación profética y nos hará capaces de ir ofreciendo alternativas.
Poner la esperanza a trabajar
Lo único que quiero decirte esta noche es que: no te dejes enredar por el desánimo. No te escondas achacando a los demás tus propias cobardías. Sin riesgo, sin dejar jirones de vida en el camino, no es posible ser testigos de la Resurrección de Jesús. Sé que no es fácil vivir lúcidos y conscientes. Nos engañan por todas partes. Una cosa son los sueños y otra la realidad. Los sueños ilusionan, pero la realidad desalienta. Y muchos toman una postura muy "humana": cerrar los ojos, no saber, divertirse y emborracharse: "drogarse"
Es hora de despertar del letargo. Es hora de poner manos a la obra. ¿O no crees que Cristo ha resucitado? ¿O es una farsa lo que estamos celebrando? ¿O nos mentimos a nosotros mismos?
Hay que reanimar la esperanza. Poner la esperanza a trabajar. Que no nos falte nunca, por Dios. Se nos secaría el alma. Una persona sin esperanza es como un viajero que camina y camina, sin rumbo y sin meta, que corre hacia ninguna parte. Es como un jubilado que no tiene nada que hacer y se limita a no hacer nada, dejando pasar los días y los años. Es como un joven sin ideales, sin ganas de vivir, hundido en la amargura.
No esperamos cualquier cosa. Más allá de las vacaciones, o un de un golpe de suerte en la lotería..., esperamos "un cielo nuevo y un tierra nueva". De las espadas forjarán arados y de los tanques tractores. Las puertas de las casas estarán siempre abiertas, y se borrarán las fronteras de los mapas. Ya no se alzará pueblo contra pueblo. Habrá una casa común y una lengua común y en ningún sitio te sentirás extraño. Las naciones estarán unidas y las Iglesias reconciliadas.
Y nunca digáis "no podemos". Decid tan sólo: "aún no lo hemos conseguido". Porque parece imposible, por eso decidimos hacerlo. Y para ello, no hacen faltan grandes hazañas. Ni siquiera ser antorcha o piedra de una catedral. Basta encender una cerilla o contentarse con poner un granito de arena... Darnos la mano, los unos a los otros: el joven al anciano y el anciano al joven, frailes y seglares, niños y viejos, pobres y ricos, todos, entrelazados, gritando: ¡CRISTO VIVE!
Sí, porque se puede. Porque nosotros sabemos que hoy, como hace dos mil años, es posible cambiar el mundo. Tenemos en nuestras manos el gozo sin envejecer, sin arrugar, de la esperanza. Saldremos a la calle, y nos hablarán de próximas catástrofes, de angustias, de guerras, de muerte. ¡Qué importa! Nosotros gritaremos: ¡Fuera los agoreros! ¡Fuera los que tienen los ojos enfermos! ¡Fuera los anunciadores del fracaso!
Nosotros pondremos a trabajar nuestra esperanza. Haremos el bien a nuestro alcance. Serviremos sin esperar recompensa, porque CRISTO VIVE, y sabernos que con Él, somos capaces de realizar lo imposible. "Cristo y yo, mayoría invencible".