RESUCITADO EN LA TIERRA

Por José María Valverde

Mucho tiempo he tenido un cuerpo triste,
el traje de trabajo humano: ahora
voy estrenando el traje del domingo
que todos llevarán, resucitados.
El mío es el primero: me lo pruebo
despacio, solitario, acostumbrándome
ante el espejo inmenso de los montes
y el mar y el cielo, atónitos, callados.
Los árboles, los pájaros, las piedras
se estremecen al verme: ¿ya es la hora
de encenderse también, dejar la queja,
su hundido afán, su llanto de materia,
y ser gloria final en mi reinado
para que el mundo muera luego en paz?

Ya estaba encariñado con el otro
cuerpo: viejo, arrugado, con que el alma
creció en acuerdo dulce de avenirse
a las miserias mutuas, apegándose
a cada rozadura de la vida
como en unos zapatos convividos.
Pero ahora le premio en nuevo ser.
Ésta es la misma barba que ha brotado
como la zarza en la vereda, intacta,
turbia de sol, de polvo y de sequía;
hoy es el cerco de mi gloria, donde
se esfuma lentamente mi fulgor.
Aquí siguen mis pies, casi de leño
a fuerza de caminos, ya invadidos
de piedra, en callo duro, minerales
que entran por mi sustancia
y me hacen árbol.

Ahora la tierra en ellos se humedece
de cielo y luz, y aprende así a esperar.
Aquí tengo mi cuerpo, sordo y blanco,
como un pan escondido en la alacena,
mi ciudad minuciosa de canales
y plazas, y aire y jugos, siempre en vela:
laborioso, descansa y goza ahora,
buen obrero en su fiesta, y queda sólo
entregado a su hermosa perfección,
hecho un himno de huesos bien trabados,
y carne que parece de alma, a fuerza
de saberse hacer justa, en cada sitio,
como debe de ser: ya se ha hecho música,
un canto de colores y de espacio
que ante mi Padre siempre quedará.
Los ojos que me vieran, cegarían:
tendré que disfrazarme, y apagando
mi luz, saldré del bosque de mi gloria:
iré a comer con mis hermanos tristes
y así verán que no soy un fantasma,
un espíritu viudo entre las brisas.
Allí les dejaré mi testamento:
mi palabra en sus manos, que la esparzan,
el abrazo final, sin hablar casi:
no les deslumbre y mate mi secreto,
mis alas y mi risa de inmortal.

 

 

CREDO DE LA RESURRECCIÓN

 

 

Creemos en Jesús resucitado,
que no volvió a la vida
para morir de nuevo,
sino que rompió para siempre
la espada ensangrentada de la muerte,
y se llenó de vida,
de la vida de Dios que el amor mantiene sin descanso.

iCreemos en Jesús Resucitado!

Creemos lo imposible:
la nueva creación del mundo y de los hombres.
Creemos que el amor poderoso del Padre
resucitó a Jesús de entre los muertos.
Que la muerte no puede llevarse vida alguna
que vive más allá de su propio egoísmo.

iCreemos en Jesús Resucitado!

Creemos que está vivo entre nosotros.
Él es el sentido de nuestra existencia,
el sentido de la vida para todos los hombres
que han vivido, que viven y que un día vivirán,
el impulso de toda creación,
el punto de arranque de toda iniciativa,
el ala de toda novedad,
la risa sorprendente de la eterna juventud.

iCreemos en Jesús Resucitado!

Él ha hecho posible lo imposible.
Posible que vivamos unidos,
que vivamos como hermanos,
que construyamos una comunidad
cimentada en el amor y la fraternidad.

iCreemos en Jesús Resucitado!