CRISTO VIDA NUESTRA
Por María Adelina Climent Cortés, o.p.
Celebramos
la PASCUA GOZOSA, la fiesta más grande, más hermosa y alegre de Jesús. Una fiesta que
es toda luz, fuerza renovadora, Vida nueva, gozo en el Espíritu... Misterio y Gracia que
nos hace morir al pecado y renacer como HIJOS DE DIOS Y HERMANOS DE TODOS LOS HOMBRES.
CRISTO, EL SEÑOR RESUCITADO se hace VIDA NUESTRA y para siempre... Vida capaz de transformar toda criatura y a toda la creación.
A partir de ahora, todo hemos de mirarlo con los ojos nuevos de la fe; con el corazón nuevo del amor, del perdón y de la fraternidad; con los sentimientos nuevos de verdad, solidaridad, paz y justicia, de CRISTO JESUS, SEÑOR NUESTRO "que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos" (Hch 10,34. 37-43). Construyendo el Reino de Dios en nuestro mundo, participando del triunfo del Resucitado y llevándolo todo a plenitud con su ESPIRITU.
Como criaturas renovadas, debemos anunciar esta nueva vida de Cristo, este sentirnos y ser, como Él, HIJOS DE DIOS Y HERMANOS de los hombres. No podemos recibir su LUZ RESUCITADORA y no ser "sus testigos"... Hemos de evangelizar y anunciar "que los que creen en Él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados". Porque si CRISTO, NUESTRA VIDA, es para toda la humanidad, todos los hombres tenemos derecho a participar de esta alegría, de este gozo pascual.
Ya no podemos distraernos en cosas triviales... Si somos criaturas nuevas, si hemos "resucitado con Cristo, busquemos los bienes de arriba, no los de la tierra" (Col 3,1-4). Si somos hijos de Dios, deseemos en todo agradar a nuestro Padre Dios, si somos hermanos, en Cristo Jesús, ayudémonos con actos de servicio, de estima y respeto, de amor mutuo...
Impregnemos nuestro mundo de RESURRECCIÓN Y VIDA, para que toda criatura, todo ser mire constantemente a Jesús nuestro Redentor. Él ES EL ÚNICO SALVADOR del mundo, de toda la humanidad. Que todos puedan conocerle, buscar su cercanía, su amor, su ternura y consuelo, para crecer en su seguimiento...
Nuestro mundo lucha denodadamente contra el terror, está harto de las guerras y de toda venganza... Quiere y desea una vida nueva, llena de paz, justicia y prosperidad, y no lo logra porque el hombre es vulnerable, limitado, y los medios que utiliza no son los adecuados... Pues, bien, esta Vida Nueva sólo se consigue con la fuerza renovadora del ESPIRITU DE JESUS, con los valores cristianos del perdón, el servicio mutuo, el amor desinteresado, el buen ejemplo y la cordialidad.
Que el sepulcro vacío y el grito jubiloso del Ángel: ¡HA RESUCITADO!, que proclamaba el Evangelio de la Vigilia Pascual en la Eucaristía más hermosa del año, nos ayuden a creer con más fuerza, con más ímpetu, con más energía transformadora...
Solo así se hará esto realidad: "Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también apareceréis, juntamente con Él, en GLORIA.