LOS CRISTIANOS, LUZ DE CRISTO

Por Javier Laveaga Vitoria, o.p.

resurr7.jpg (46181 bytes)Tengo la alegría de comunicaros que soy portador de buenas noticias. Después de los momentos trágicos del Calvario, Cristo ha resucitado, y su luz, la luz de Cristo, resplandece ante nosotros.

Y aquí me podría callar, porque lo que acabo de decir es lo suficientemente importante como para justificar cualquier silencio posterior. De todas formas, creo que detrás de toda buena noticia, como detrás de cualquier noticia, tiene que haber una reflexión enriquecedora.

Y precisamente la fiesta de Pascua es el momento más adecuado para preguntaros si la luz de Cristo ha brillado en vuestros corazones, no sólo este día, sino durante todo el año. Es una pregunta que os lanzo como una reflexión y como un reto: ¿Ha brillado en vosotros, durante todo el año, y digo durante todo el año, la luz de Cristo? Que cada uno se conteste y, según sea su respuesta, que reflexione en profundidad...

Porque todos sabemos lo fácil que es estar alegre, contento, dispuesto para todo, en los momentos optimistas. Después de un par de días de angustia necesitamos alegrarnos, necesitamos reír, necesitamos estar contentos. Por eso en la Vigilia Pascual, después de la liturgia desoladora del Viernes Santo, sentimos renacer en nosotros la alegría y nos manifestamos dispuestos a entronizar a Cristo en nuestros corazones, a llevarlo a donde sea, como sea y durante el tiempo que sea.

Pero el momento alegre de la Pascua, como todos los momentos, se aleja, la rutina de todos los días comienza, nuestras ilusiones se van desvaneciendo, nuestros propósitos se van difuminando, y poco a poco pasamos a ser, no una luz brillante que aspira a iluminar a todos, sino un foco mortecino, una simple candela, un rescoldo que agoniza..., o quizá unas frías cenizas que se lleva el viento.

No es difícil prometer ser luz el día de Pascua, no es difícil en unos momentos como estos convencernos a nosotros mismos de que nuestra tarea ha de ser llevar la luz de Cristo a todo el mundo, no es difícil sentirse apóstol contagioso de una luz que contagia.

Lo difícil es perseverar, y llevar, sentir y comunicar a los demás a Cristo todos los días, todas las horas, todos los minutos y todos los segundos de nuestra vida. Lo difícil es ser luz cuando todo son tinieblas, cuando sopla el viento, cuando el cielo se pone plomizo y gris y amenaza tormenta.

Pero también es difícil ser luz de Cristo cuando el mundo es iluminado por otras luces, fuertes, cegadoras, estridentes, que iluminan alegrías ficticias y aspectos engañosos, y que con su luz no dejan ver la verdadera luz.

¿No os habéis dado cuenta? Nuestro cirio pascual brilla con fuerza porque lo hemos encendido dentro de nuestros templos. Pero si lo hubiéramos encendido fuera, en la calle, se hubiera visto igual? No, porque fuera hay otra luz, otras luces, que nos deslumbran de tal modo que no nos dejan ver la verdadera luz que es Cristo.

Lo difícil es superar esa competencia, no dejarse cegar por esas luminarias falsas, por esas luces cautivadoras, por esas luces atractivas y que tan bellas pueden parecer. Por ello hay que andar con cuidado con nuestros optimismos. Por ello hay que tomar decisiones firmes, pero bien pensadas. Por ello hay que saber medir nuestras fuerzas a la hora de comprometernos en cualquier misión.

Pero también por ello, y precisamente porque la misión es audaz y tremendamente difícil, no hemos de renunciar a nuestros propósitos, no hemos de dejar caída en el suelo la antorcha que debemos entregar en el siguiente relevo, no hemos de asustarnos ante lo arduo de nuestra tarea.

¿Por qué? Porque Cristo está con nosotros, Cristo resucitado, Cristo luz del mundo, Cristo esperanza de los cristianos, Cristo premio de los que le siguen, Cristo, nuestra ayuda siempre. "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo". Lo dijo Él.

Cuando las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron vacío, un ángel del Señor les dijo: Ha resucitado. Id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Cristo siempre por delante de nosotros, en la vida y en la muerte, no quedándose nunca atrás. Cristo, siempre por delante de nosotros, dándonos fuerza y ejemplo. Cristo, siempre por delante de nosotros, haciendo posible que en los buenos y en los malos ratos, en el optimismo y en el desánimo, le sigamos con fe, con esperanza y con amor, intentando arrastrar con nosotros a todos los que nos rodean.

Cristo siempre por delante de nosotros, pero con nosotros inmediatamente detrás, sin perderlo nunca de vista, dispuestos a hacer lo que nos toca, ayudando a todos, incansables, decididos, haciendo nuestra aquella frase que siempre me ha llamado la atención: "Hombre, mujer, no descanses; procura descanso a los demás".

¡Cristo ha resucitado! ¡Felices Pascuas!