"NUESTRO JUEVES SANTO"

Por Roberto Ortuño Soriano, o.p.


¡Jueves Santo! ¡Jueves Santo de Jesús en la historia! ¡Jueves Santo del año 2003!: ¡Mi Jueves Santo, tu Jueves Santo, nuestro Jueves Santo! ¿Cómo fue el Jueves Santo de Jesús? ¿Cómo va a ser hoy mi Jueves Santo, nuestro Jueves Santo? ...

1. El Jueves Santo de Jesús

El Jueves Santo de Jesús fue un día muy apretado de acontecimientos y emociones. Sirvió alegre a la mesa, como un amigo obsequia generoso a sus invitados. Lavó los pies a sus discípulos, postrándose en tierra y humillándose ante ellos como un verdadero siervo. Instituyó la Eucaristía dando a comer su Cuerpo, y ofreciendo como bebida la copa de su propia Sangre. Consagró a unos pocos con su sacerdocio eterno, confiándoles su propia misión redentora. Coloquió largamente con quienes había escogido como continuadores de su obra y que, horas después, le abandonarían, negarían conocerle y se dormirían hastiados, mientras Él oraba por ellos. Y, por último, esta misma noche Jesús fue detenido, esposado y conducido a los tribunales civiles y eclesiásticos como un malhechor.

2. Emociones de Jesús en su Jueves Santo

Por todo ello, el Jueves Santo de Jesús, además de una jornada muy apretada de importantes acontecimientos, fueron también 24 horas de fuertes e intensas emociones. Según San Juan, fue un día repleto y desbordante en gestos y expresiones acaloradas de amor por parte de Jesús:

· Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros, les dice con cariño a los Doce al comenzar la Cena;

· Ya no os llamo siervos, sino amigos y confidentes;

· Un solo precepto os doy: que os améis unos a otro como yo os he amado;

· Permaneced siempre unidos en mi amor;

· Cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá;

· No perdáis la calma, permaneced junto a mí, que yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos;

· No os desaniméis, ni os acobardéis;

· Tomad y comed mi Cuerpo que lo entrego por vosotros;

· Tomad y bebed mi Sangre, que la derramo para borrar vuestros pecados;

· Muy pronto os enviaré al Paráclito, a mi propio Espíritu, para que os anime, os consuele, os defienda y os guíe en vuestro caminar por la vida;

· Tomadlo: todo lo mío es vuestro.

¡Qué elocuentes y sinceros sentimientos de amor por parte de Jesús en su Jueves Santo!

3. Amarguras de Jesús en su Jueves Santo

Pero, junto a estos tiernos y delicados sentimientos, y en contraste punzante con ellos, Jesús en su Jueves Santo de la historia experimentó y saboreó también las heces del cáliz más amargo de su vida terrena. Vivencias de amargura tal, que le provocaron –según San Lucas– "un frío sudor de sangre".

· En Getsemaní "sintió horror y angustia", atestigua San Marcos.

· "Me muero de tristeza", dijo a Pedro, Santiago y Juan.

· Y esta angustia vital debió sentirla tan hondo, que según San Lucas "un ángel del cielo se le apareció y le animaba".

Jesús experimenta además en este día la incomprensión y superficialidad de sus más íntimos; la traición y el beso delator de Judas; y la huída cobarde de los Doce fanfarrones que, cuando las multitudes le aclamaban, eran los primeros en agolparse junto a Él, y que hoy le dejan solo. Incluso Pedro, del grupo de sus preferidos, que momentos antes se había proclamado incondicional hasta la muerte, poco después le niega por tres veces y declara públicamente no conocerle.

Finalmente, este mismo Jueves Santo, Jesús saboreó en su propia carne lo que significa "el silencio de Dios" y lo dolorosa y hasta cruel que resulta a veces la aceptación de la voluntad del Padre.

4. Jueves Santo de despedida

Por otra parte, el Jueves Santo de Jesús en la historia fue también para Él la jornada emocionante del adiós de despedida a quienes mucho amaba y con quienes había compartido muy de cerca sus alegrías y sus penas, sus esfuerzos y su cansancio, sus satisfacciones y su desaliento.

No a todas las personas, antes de morir, se les permite despedirse personalmente de sus familiares y amigos. Cuando se producen estas despedidas, por lo general, son momentos de una intensa emoción. Es el último beso, la última mirada, las postreras palabras que una madre o un padre dirigen a sus hijos. Es su última voluntad, en la que suelen condensarse las voluntades todas de una vida. Y es como la entrega final a quienes se ama de lo que durante la vida se ha ido prodigando poco a poco.

Pues bien, para Jesús su Jueves Santo estuvo también saturado por este clima y por esta emoción contenida de su despedida final: "Os quiero, dijo, y os querré siempre. Permaneced unidos y amaos unos a otros como verdaderos hermanos; como yo os he amado".

En frases de un poeta contemporáneo, esta despedida de Jesús en su Jueves Santo de la historia, podría condensar en este emocionado testamento:

¡Nunca terminaré de amarte!
Y, de lo que me alegro,
es de que esta labor tan empezada,
este trajín humano y divino de quererte
no le voy a acabar en esta vida:
¡Nunca terminaré de amarte!

Guardo para el final estas dos palabras:
TE - QUIERO, he de decir cuando me muera;
e iré donde me lleven tan tranquilo,
me sentaré a la sombra con tus manos,
y seguiré susurrándote lo mismo:
TE - QUIERO.

El asombro de Dios seré: ¡su orgullo!,
al verme tan constante en mi trabajo.
¡Nunca terminaré de amarte!

(Gloria Fuertes)

5. "Nuestro" Jueves Santo del año 2003

Hasta aquí, un breve esbozo del Jueves Santo de Jesús en la historia. Pero en el año 2003, ¿cuál debe ser mi Jueves Santo, tu Jueves Santo, nuestro Jueves Santo?...

Creo que para responder debidamente a esta pregunta, mejor que mis pobres palabras, será el coloquio silencioso y sincero de cada uno a solas con el Señor. Jesús, ¿qué quieres de mí en este Jueves Santo?...

A lo mejor, en ese concentrado y amoroso silencio escuchamos al Señor que, con los famosos versos de León Felipe nos dice:

Hazme una cruz sencilla, carpintero,
sin añadidos, ni ornamentos.
Que se vean desnudos los maderos,
desnudos y decididamente rectos.
Los brazos, en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.

Sencilla, sencilla,
hazme una cruz sencilla, carpintero.

Y, sobre todo, yo desearía que al final de nuestro enamorado coloquio con el Señor, ante las violencias, conflictos y guerras que están asolando nuestro mundo, todos fuéramos capaces de pedirle de verdad con Francisco de Asís:

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, yo ponga amor.
Que donde haya ofensas, yo ponga perdón.
Que donde haya discordias, yo ponga unión.
Que donde haya error, yo ponga verdad.
Que donde haya dudas, yo ponga fe.
Que donde haya desesperanza, yo ponga ilusión.
Que donde haya tinieblas, yo ponga luz.
Que donde haya tristeza, yo ponga alegría.

Haz que no busque tanto
El ser consolado, como consolar;
El ser comprendido, como comprender;
el ser amado, como amar.

Porque dando, es como se recibe.
Olvidándose de sí mismo
es como se encuentra uno a sí mismo.
Perdonando es como se obtiene perdón.
Y muriendo por los demás
es como se resucita a la vida eterna.

 


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