HORA SANTA |
LA ORACIÓN EN EL HUERTO |
Por Sebastián Fuster Perelló, o.p.
COMPOSICIÓN DE LUGAR
Después de la agonía y el desamparo de la cruz ninguna escena de la Pasión es tan conmovedora como la oración de Getsemaní. Serían como las nueve de la noche: la luna llena iluminaba con su fría luz aquel paraje solitario. Habían acabado de cenar y cantando himnos salieron hacia el monte de los Olivos...
Entramos en la NOCHE DE JESÚS. Noche de entrega, de abandono, de prendimiento. Por una parte, su obediencia incondicional al Padre, la Noche de su alma, el combate decisivo entre la luz y las tinieblas.
Por otra parte, el pecado de infidelidad, el abandono de los suyos, el miedo ante el sufrimiento.
Entramos en la Noche de Jesús, Noche de Amor, ¡NOCHE DE SALVACIÓN!
EVANGELIO
Marcos 14, 32-42
Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración». Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad». Y adelantándose un poco caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora.
Y decía: «iAbbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Viene entonces a sus discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar?... Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el Espíritu está pronto, pero la carne es débil».
Y, alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca».
Momentos de silencio
REFLEXIÓN
Era el momento de la despedida, Jesús se iba a entregar hasta dar la vida. Necesitaba a sus amigos, y les rogó que rezaran con El.
Es la hora triste de Jesús, el poder de las tinieblas. Todo es oscuro para el Señor, todo es angustia y agonía. El huerto de olivos fue testigo mudo de tanta lucha, tanta soledad y tanta tristeza.
PLEGARIA
Tu Noche, Jesús, es Noche de abandono, de olvido de los amigos, de angustia y soledad. Noche de grito y de silencio, de vigilancia y sueño, de oración y de rechazo, de bondad y burla. ¡NOCHE DE SALVACIÓN!
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EVANGELIO
Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración».
PLEGARIA
Estar aquí, ante Ti, Señor, y ya está todo. Cerrar los ojos de mi cuerpo, cerrar los ojos de mi alma, y quedarme así, inmóvil, silencioso, y abrirme ante Tí que estás abierto a mí, estar presente a Ti, el infinito presente.
Yo acepto, Señor este no sentir nada, no ver nada, no oír nada, vacío de toda idea de toda imagen en la noche. Héme aquí simplemente para encontrarte sin obstáculo en el silencio de la Fe, ante Ti, Señor.
Enséñanos a esperarte, a prepararte un lugar dentro de nosotros. Enséñanos a ser compañeros tuyos, a entender tu silencio, a comprender tus conversaciones calladas.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad».
REFLEXIÓN
Jesús se nos muestra profundamente humano; siente todas las debilidades de los hombres: siente angustia, tiene miedo a lo que va a suceder, siente temor ante la muerte. Agitado por estos sentimientos comenzó su oración, que fue oración de súplica, de dolor. Sufre, llora y tiene miedo; porque el camino del AMOR exige mucho y a ÉL le va a pedir lo máximo: su propia vida.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Y adelantándose un poco caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasará de él aquella hora. Y decía: «iAbbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú».
REFLEXIÓN
Como el desesperado, como el que se ahoga, Jesús se agarró al único punto fuerte que le quedaba: la voluntad del Padre. ¡SÍ, PADRE, a pesar de todo! ¡¡¡SÍ, PADRE!!! ¿Quién puede medir el valor de esa afirmación?...
Es la opción suprema de Jesús, la que salvó al mundo, la que nos salvó a nosotros. Esa fidelidad al Padre abre el camino a todas las fidelidades.
¡Ayúdame, Jesús, a decir siempre: SI, PADRE!
Cada uno de nosotros está llamado a realizar un plan de Dios en los días de su vida. No somos un anónimo. Somos un Futuro y una Esperanza donde Dios se hace presente.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Viene entonces a sus discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar?»
REFLEXIÓN
Jesús sufre la soledad. Porque le han abandonado hasta sus propios amigos, los más íntimos... No han sabido acompañarle en estos momentos de dolor, de sufrimiento. Se han dormido.
También nosotros nos dormimos...
Tenemos miedo a lo desconocido, miedo al futuro, miedo a la enfermedad y el dolor, miedo al fracaso y a la soledad, miedo a las exigencias de la vocación cristiana y al compromiso, miedo a los demás, miedo a la contradicción, miedo a la muerte. Tenemos miedo, las tentaciones son fuertes.
Sentimos nuestra debilidad, palpamos nuestra flaqueza "cobardes de corazón", tímidos, como los discípulos del Señor.
Nosotros nos impacientamos fácilmente ante cualquier adversidad. Los problemas y sufrimientos nos hacen a veces perder fe en Dios.
Todos nuestros pecados, de muchas clases, son por nuestra incredulidad y rebeldía. No acabamos de fiarnos del Señor y no acabamos de entregarnos a El. Porque el que ama tiene que morir a sus comodidades, a sus apegos, a sus miedos, a sus egoísmos, es decir, a sí mismo.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Y, alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras...
PLEGARIA
Padre mío, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Padre. Pongo mi vida en tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y porque para mí amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle.
REFLEXIÓN
A veces, nos creemos mejores que los demás, nos vemos cargados de méritos y virtudes. No hemos aprendido bien la razón por la que hemos sido elegidos. Necesitamos presentarnos ante el Señor, desnudos y vacíos, con un corazón roto y humillado, sintiendo nuestra debilidad.
RUEGO DE JESÚS
Amigos para siempre, sí, sois mis amigos, pero sabed que Yo os amé primero, os hice de por vida compañeros y testigos de todos mis secretos. Os juro que estaréis siempre conmigo, y no busquéis razones, es que os quiero, y soy capaz de dar la vida por entero y hacerme por vosotros un mendigo. Guardad esta palabra en vuestra vida; que os améis unos a otros con locura, igual que yo os he amado, sin medida; multiplicad servicios y ternuras; curad a los enfermos sus heridas, consolad al que llora su amargura, sed medicina y lámpara encendida.
Momentos de silencio
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EVANGELIO
Volvió otra vez y los encontró dormidos, y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca».
Momentos de silencio
PLEGARIA
Señor, reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz; estoy solo, pero Tú no me abandonas; estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda; estoy intranquilo, pero en Tí está la paz; la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia; no comprendo tus caminos, pero Tú sabes el camino para mí.
REFLEXIÓN FINAL
Acompañar a Jesús en su Noche es estar dispuestos a pasar, como Él, por la Noche de la entrega hasta hacernos daño, por la Noche del abandono hasta sufrir la soledad, por la Noche del prendimiento hasta dejarnos conducir. Acompañar a Jesús es estar dispuesto a pasar por la Noche de la fe.
Seguir a Jesús es revestirnos de Él, asumir el escándalo de la Cruz, estar dispuestos a morir por los demás, ir tras sus huellas en desnudez, y en obediencia ciega a los planes de Dios.
Es la hora del amor en fe. No un amor cualquiera, sino el que está dispuesto a sumergirse en la noche, un amor solidario con la Noche de Jesús.
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