SE CALLÓ LA VOZ DEL AMOR...

Por Conchín Benlloch Fenoll, dominica seglar


Jesús muere en la cruz, es llevado al sepulcro. Ya está, todo acabó, se calló la voz de la Paz, la voz de la Razón, la voz de la Verdad, la voz del Amor. Ya nadie decía nada. Nadie lo criticaba, todos callados.

El pueblo de Israel perdió a su libertador, ya no estaba entre ellos el que los iba a sacar de la esclavitud romana.

Las autoridades judías, por fin, se han quitado de en medio al hombre que intentaba que se cumpliera la ley (su ley) para todos, ellos incluidos. Y esto es lo que no les agradaba. ¡Qué descanso para ese Sábado! Ya se quedaron tranquilos.

Los discípulos, ¿qué harán?... ¿Estarán meditando en todo lo ocurrido?... ¿Se sentirán fracasados, desilusionados, abandonados, con miedo?...

Pero eso sí, todos juntos, unidos, en un mismo lugar, y con ellos una mujer, fuerte, grande: María.

Ella, pese al dolor desgarrado que siente una madre por la muerte de su hijo, no se deja influenciar por el desánimo. Al contrario, fue la única que ese día mantuvo la lámpara, su lámpara de fe, encendida. Entendió su lugar en el mundo, supo orar por todos ellos –sus hijos según del deseo de Jesús–, y darles la luz que se les había ido.

Y ahora ¿qué? ¿Qué hacemos nosotros después de 20 siglos de aquel acontecimiento? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Nos escondemos, como hicieron los apóstoles? ¿Nos sentimos decepcionados...? O ¿tenemos, y por ello se nos ve, la lámpara encendida como María?

Hoy es el día para reflexionar todo lo que hemos vivido y aprendido en estos días de la Semana Santa.

Ver cómo llevar el Reino de Dios a los hombres y mujeres de nuestro entorno. Cómo tener una palabra de amor para todos.

Porque nosotros sí creemos que Jesús murió por amor y para salvar al mundo:

· De los indigentes;

· De los niños y mujeres maltratados;

· De las personas de condición más humilde;

· De los inmigrantes –personas molestas que asolan nuestras ciudades–

· Y de tantas y tantas personas necesitadas que hay en la tierra.

Sí, por éstos pensamos que realmente murió Jesús, pues, según nos ha enseñado, ellos eran sus preferidos.

Pero... ¿y los terroristas que inundan nuestro mundo? Esos que matan a personas inocentes, por no estar de acuerdo con su ideología. ¿También murió por ellos? ¿Por esos hombres y mujeres que tanto tememos, nos repugnan, insultamos y llamamos asesinos?

Sí, también murió por ellos. Él mismo nos enseñó que la Palabra Amor alcanza a todas las personas. Él, cuando iba a morir, pidió a su Padre que los perdonara. Sí, estoy segura que por ellos también murió.

Si hoy, en este sábado, conseguimos pensar más en los demás que en nosotros mismos, seguramente Jesús, que vuelve a la vida, nos ayude a ver mucho mejor el don del Espíritu que cada uno llevamos, y nos mueva en nosotros la facultad de perdonar. La resurrección no es otra cosa que el triunfo de la muerte, el cambio del hombre viejo al hombre nuevo.

¡¡¡Con Dios nunca moriremos, con Él viviremos eternamente!!!


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