VIRGEN DE LOS DOLORES |
Por Martín Gelabert Ballester, o.p. |
Cuenta el cuarto evangelio que junto a la cruz de Jesús estaba María, su madre. Una escena así, sólo puede relatarse desde una profunda emoción y contemplarse con un inmenso respeto. ¿Qué sentimientos embargaban en un momento así a la madre de Jesús? Sin duda ella estaba sumida en una inmensa pena.
Una escena previa a esta puede ayudarnos a comprender mejor los sentimientos y la actitud de María junto a la cruz. Me refiero a este momento en que Jesús va cargado con la cruz camino del calvario. Allí se encuentra a unas mujeres que lloraban amargamente. Sin duda entre estas mujeres también estaba María. Y Jesús, agradecido por esta compasión, se dirige a ellas y les dice: No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
¿Qué debió entender María cuando oyó que por quién debía llorar era por sus hijos? ¡Era su hijo quien se lo decía y por el que ella estaba llorando! Pero María tiene también otros hijos. Ella es Madre de todos los hombres, sobre todo ella es madre de los afligidos. Es ¡consuelo de los afligidos!. Sin duda frente a la cruz, ella también se acordaba de estas palabras de Jesús. Pero por si lo había olvidado, Jesús, en la cruz, se dirige a su madre y le dice, mirando a Juan que estaba al lado: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Jesús la invita a dejar de dirigir su mirada a quien más quiere, para dirigirla a quien más le necesita.
En la cruz María estaba apenada. Pero Jesús le invita a ir más allá de su dolor. Le invita a traducir este dolor en compasión. Compasión es padecer con otros. Es solidaridad, comprensión. Y la compasión que Jesús pide de María es una compasión universal, que se extiende a todos sus hijos. ¡Ella es Madre de todos los hombres!. Por eso, su compasión alcanza a todos los seres humanos. Nos alcanza a nosotros, los que ahora estamos aquí. Alcanza sobre todo a los que más sufren, a los enfermos, los tristes, los solitarios, los marginados, los pobres.
Los valencianos han comprendido muy bien este papel compasivo y consolador de María, pues la veneran con el hermoso título de Madre de desamparados. Al calificar así a María están diciendo lo mismo que cuando decimos "Virgen de los dolores", pues la Madre de los desamparados tiene los mismos sentimientos y las mismas actitudes que la Virgen de los dolores. María es Madre de los que no tienen amparo. Estos que no tenían amparo, cuando en Valencia se comenzó a llamar a María con este título de Madre de Desamparados, eran los locos, los moribundos y los condenados a muerte.
María puede comprender porque ha pasado por la prueba del dolor. Su comprensión no es externa. No comprende intelectualmente, porque se lo han contado. Comprende porque ella ha pasado previamente por ahí. Su comprensión es por eso más solidaria. Ella manifiesta esta comprensión intercediendo ante su Hijo por todos nosotros, sobre todo por los más tristes y apenados. Ella manifiesta su comprensión invitándonos a todos a ser solidarios con los más necesitados de este mundo.
Si queremos ser hijos de tan buena madre, debemos imitar sus sentimientos y sus actitudes. Sólo así ella nos reconocerá como hijos. Pidámosle, pues, la fuerza y la audacia para ser, como ella, consuelo de los afligidos, refugio de los pecadores, auxilio de los cristianos. Y de este modo contribuiremos a hacer de esta sociedad nuestra una sociedad más justa, solidaria, y en definitiva más humana y más cristiana.
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