DIÁLOGO DE CRISTO CON LOS CRISTIANOS

Por M. MARULO, traducción del latín por fray Luis de Granada


Cristiano: Piadoso y clementísimo Señor, ¿por qué te vestiste de carne humana, y quisiste bajar del cielo a la tierra?

Cristo: Para que el hombre terreno –a quien su culpa había derribado– pudiese con mi favor y ayuda subir desde la tierra al cielo.

Cristiano: ¿Quién a ti –que eras inocente y estabas libre de pecado– forzó a padecer muerte y dolores por los pecados?

Cristo: El amor grande que tuve al hombre, para que lavado él con mi sangre, se hiciese hábil para morar en el cielo.

Cristiano: ¿Por qué tienes los brazos tendidos en ese madero, y los pies juntos y traspasados con un clavo?

Cristo: Porque de una parte y de otra llamo las gentes del mundo, y así las vengo a juntar en unión de una misma fe.

Cristiano: ¿Por qué estando en esa cruz, tienes inclinada la cabeza, y los ojos humildemente abajados y puestos en tierra?

Cristo: Porque con esta figura enseño a los hombres a no levantarse con soberbia, sino bajar humildemente la cerviz, y ponerla debajo de yugo.

Cristiano: ¿Por qué estás en esa cruz desnudo, y por qué está ese rostro y ese divino cuerpo tan consumido y tan flaco?

Cristo: Porque con esto quise enseñarte a despreciar las riquezas y bienes del mundo, y a padecer hambre y pobreza conmigo.

Cristiano: ¿Por qué tienes cubiertos los lomos con un velo de lienzo? ¿Qué es lo que me significa esa cobertura real?

Cristo: De aquí quiero que aprendas que me agradan los cuerpos limpios y castos, y que aborrezco toda torpeza y fealdad.

Cristiano: ¿Qué quieren decir esas bofetadas, salivas, azotes, corona de espinas, y los otros tormentos de la cruz?

Cristo: Que tenga paciencia en las injurias y no quiera dar mal por mal el que desea sobre las estrellas del cielo vivir en perpetua paz.

· La vida es breve, el trabajo pequeño, el galardón grande y que durará para siempre.

· Mas si alguno hay que no sienta la grandeza del premio, a lo menos muévalo el miedo del destierro de aquella cárcel infernal. Y aquellos fuegos que nunca se apagan, y aquellas tinieblas que nunca resplandecen, y aquel gusano que siempre muerde, y aquella miseria que nunca cesa.

· Porque tales cosas están guardadas para los que agora tiene cautivos el fugitivo deleite, engañándolos con diversos halagos. Ofreciendo riquezas a los avarientos, descanso a los perezosos, torpes pasatiempos a los carnales, vino precioso a los amigos del vientre, pompa y fausto a los soberbios, y despojos a los esforzados.

· Con estos cebos, engañado el pueblo miserable, olvidado de su propia salud, camina derecho y corre a su perdición.

· Y ni oye mis amonestaciones, ni hace caso de mis ejemplos, y finalmente no tiene cuenta con mi juicio.

· Pues cuando venga este horrible juicio, este día será día de ira, día de nieblas y de torbellinos. Cuando los cielos se estremecerán y sacudirán de sí las estrellas, que caerán del cielo en la tierra.

· Entonces espantará al mundo la luna con su cara sangrienta, y el sol se oscurecerá, y esconderá sus rayos.

· Todas las cosas temblarán, y el mundo se acabará, y hasta los coros de los ángeles se estremecerán.

· Una llama de fuego abrasador volará por el mundo, y la mar y la tierra quedarán hechas una foguera.

· Entonces vendré yo con gran poder y majestad, asentado en una nube resplandeciente.

· Al derredor de mi vendrán millares de santos gloriosos y millares de espíritus bienaventurados.

· Luego una trompeta dará un terrible sonido de lo alto, el cual rasgue las tierras y llegue al profundo de los infiernos.

· Y luego sin tardanza resucitarán todos aquellos que perdida la lumbre de la vida, nuestra gran madre la tierra recibió en su grande gremio.

· Y estará toda esta compañía resucitada delante de mi justo tribunal, esperando con temeroso corazón la terrible sentencia de mi juicio.

· Ninguna cosa secreta ni escondida pasará sin examen, aunque sea lo que el hombre pensó dentro de su corazón.

· Y según los méritos se dará a cada uno su galardón: a unos vida perpetua y a otros muerte que nunca morirá.

Oh pues hombres miserables, que estáis enredados con tantos engaños, mientras tenéis poder ahora, sacad vuestros pies de ese lazo.

Abrid los ojos y velad, porque el día oscuro de este tiempo no os tome cerrados los ojos y cargados de sueño.

Mirad con cuán ligera carrera huyen y se pasan los tiempos, y cómo las horas apresuradas no saben sentir tardanza.

Dichoso aquel que emplea bien los días de la vida, y piensa que el fin de el será hoy o será mañana.

(Tomado de multimedios.org)


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