CANTO DE ADORACIÓN A LA CRUZ |
Por Sebastián Fuster Perelló, o.p. |
¡Canta, canta y grita!... ¡Grita! Porque Dios está sordo, y todos se han dormido allá arriba. Porque Job se quejó, y cantó, y lloró, y gritó, y blasfemó, y pateó furioso en la boca cerrada de Dios. Yo puedo gritar, yo puedo llorar, yo puedo ofrecer mi llanto, todo mi llanto por la luz ... ¡por una gota de luz!
Jesús, no tienes manos. Tienes sólo nuestras manos para construir un mundo donde habite la justicia. Jesús, no tienes pies. Tienes sólo nuestros pies para poner en marcha la libertad y el amor. Jesús, no tienes labios. Tienes sólo nuestros labios para anunciar por el mundo la Buena Noticia de los pobres. Jesús, no tienes medios. Tienes sólo nuestra acción para lograr que todos los hombres sean hermanos. Jesús, nosotros somos tu Evangelio, el único Evangelio que la gente puede leer; sí nuestras vidas son obras y palabras eficaces.
Estoy aquí otra vez para subrayar con mi sangre la tragedia del mundo, el dolor de la tierra, para gritar con mi carne. Este dolor es mío también. Y para añadir además: Lo primero fue el llanto..., y estamos en el llanto ...
Creo en ti, Jesús, firme como roca milenaria, que resiste el azote del viento y del agua. Creo en ti, Jesús: fuerte ante cualquier dificultad, capaz de los mayores heroísmos. Creo en tu sinceridad. Creo en tu entrega desinteresada. Creo en tu amor hasta la muerte. Creo en tu vida resucitada. Creo que, siguiendo tus pasos, podemos realizar una Iglesia unida y un mundo de hermanos. Creo en Jesucristo como un cauce que guía mi vida hacia el Amor.
Yo lo pregunto, nada más. ¿Por qué están hechos nuestros ojos para llorar y para ver?... Yo lo pregunto, nada más. ¿Por qué de estos dos ojos que se esconden en nuestras cuencas tenebrosas, bajo la frente, nacen al mismo tiempo el llanto y el resplandor?... Yo lo pregunto, nada más. ¿Por qué en la gota amarga de una lágrima ve el niño, por vez primera, cómo se quiebra un rayito de sol?... Yo lo pregunto, nada más. ¿Por qué nace la luz, esta pobre luz que conocemos, con la primera lágrima del hombre?... Yo lo pregunto nada más
¡Padre, Padre!, ¿por qué me has abandonado?
¡Resurrección! ¡Muerte y vida! ¡Vida por la muerte!... ¡Extraño! ¡Incomprensible! ¡Contrario al sentido común! Queremos vivir. Nadie quiere morir. Tú dices: Para vivir hay que morir. Jesús vive porque murió. El grano de trigo, para dar fruto, tiene que morir. Vivir y dar fruto. Cuesta pasar por la muerte. ¿Lo oyes? Queremos la resurrección, no el calvario.
¡Padre, Padre!, ¿por qué me has abandonado?... ¡Silencio!
El Padre nunca duerme. Dejad que llore el hombre y se esconda en la muerte. No maldigáis las lluvias y la noche. ¡Regad la sombra! Tres segundos en la angustia son tres días; tres días en la historia son tres siglos; y tres siglos, un compás de danza solamente. Al tercer día se romperá la cáscara del huevo, abrirá su ventana la semilla y se caerán las piedras de las tumbas.
¿Quién puso centinelas en los surcos? Cristo es la vida, y la vida viene por la cruz. El sudario de un dios fue el pañal de los hombres. Me envolvisteis en llanto cuando vine, he seguido vistiéndome con llanto y el llanto es ahora mi uniforme. Mi uniforme y el tuyo, y el de todos los hombres de la tierra. Cristo es también un hombre. Vamos sobre sus mismas lágrimas. Por estas viejas aguas navegará en mi barca hasta llegar a Dios.
Hay que tener confianza en Dios, hijo mío, hay que tener esperanza en Dios, hay que depositar confianza en Dios, hay que dar crédito a Dios. Hay que tener confianza en Dios, porque Él tuvo confianza en nosotros, hay que poner nuestra esperanza en Dios, puesto que Él la ha puesto en nosotros. Hay que dar crédito a Dios que nos ha dado crédito a nosotros. ¡Y qué crédito! ¡Todo el crédito! Hay que tener fe en Dios pues Él ha creído en nosotros.
¡Singular misterio!, el más misterioso. Dios nos ha cogido la delantera. Dios puso su esperanza en nosotros. Él comenzó. Él esperó que el más pequeño de los pecadores trabajaría al menos un poco para salvarse, un poco, MUY POCO, que se ocuparía un poco de salvarse. El esperó en nosotros, ¿y nosotros no vamos a esperar en Él?
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