LA CONFIANZA DEL DIÁLOGO

Juan A. Tudela Bort o.p.

 

No hay modo de escapar. Siempre se tropieza alguien con nuestra vida. Y así, lentos, apresurados o a trompicones, vamos enzarzándonos con los días y las cosas. Pero..., siempre hay alguien.

La soledad cerrada es letal. Más nociva que un veneno. Nunca abandonamos un amor, aunque sea falso, por más que se sea avaro de uno mismo. Amor, soledad, qué extraña aleación. Tan extraña que nos descubre uno de los rincones mejor guardados de nuestra alma.

Date cuenta. Digo que amo a alguien. Pero, un día le fallo. ¿Qué me ocurre? Me viene una tristeza que dice tu nombre, o quedo mudo, o me derrumbo... Tantas cosas pueden sucederme. Sin palabras, sin razón, ansío tu voz o tu gesto. ¿Vendrás a mi? ¿Tocarás la cuerda asfixiada de mi alma?

Sólo encuentro el silencio de mi roca enmudecida. Silencio de mí mismo, interesado más en salvar mi piel y la postura. ¡Qué malo es rumiar únicamente yo!. ¿Qué queda de mí cuando me afirmo en mí mismo?

Te puede parecer que es el único modo de plantarse en la vida, de sostenerse. "En cuanto te descuidas, se te comen..."; ¡qué talante tan estéril!, ¡qué error de sentimiento! Lo sé, lo sabemos. Pero no aprendo, cada día la misma postura y la misma decepción. ¡Ojalá no dure hasta mi muerte! Te levantas y, en pie, te dices: –aquí estoy, caiga quien caiga. Infeliz y ridículo. Sobre cualquier otra cosa, pierdes la verdadera vida, la que te alienta y te empuja, la que te llena y abre senderos que caminar.

Son tantas, tantas, las luces rojas... Ni has sabido amar, ni has reconocido necesitar, y toda tu añoranza no es otra cosa que tú mismo. Esa vida no se envidia.

Hay una pregunta muy simple: ¿En quién has puesto tu vida alguna vez? Si lo has hecho, si has confiado, si has dejado que te tomen de la mano, seguro que has vivido, a pleno aire del mundo, el gozo del encuentro sin el que nada somos.

Piénsalo. Calla y piensa y escucha, despacito y quieto. Aunque estés derrumbado. Y pide y habla y grita. Necesito un abrazo. Tu abrazo hace mi vida, tu abrazo es surco. Es verdad, continuamos en afanes. Hoy, de pie. Mañana, en tierra. Los escombros se rehacen por tu gesto próximo.

Somos mendigos de palabras amigas. Dilo y siéntelo. Si no, solo quedas en tierra desolada. ¿Cuándo lo entenderemos? Cada fibra de nuestro cuerpo frágil esta llorando esa palabra necesitada.

Vivir es un abrazo. Dialogar es un abrazo que nos sostiene, los unos a los otros. Hoy me toca a mí, mañana te toca a ti. En esa cercanía humana brotan las palabras que nos hacen convivir y ofrecernos un mundo común.