ESPÍRITU Y VIDA: UN DIÁLOGO

Por Juan A. Tudela Bort, o.p.

¿Qué sería un alma sola? Puedes creerlo. No sería nada. No hay alma sola. El alma nace porque alguien la llamó, la llamó por su nombre. La vida nace porque el amor la lanzó al viento, a la tierra, al aire.

Vivir, soñar, alentar, animar nunca es cosa que brote de uno mismo, solo. Siempre hay otro que alienta, anima y llama.

La vida de cada uno es, por lo menos, dos. Por lo menos dos... ¿No se abre la vida, a cualquiera, a otra vida, venga de donde venga?

El alma nace de una palabra. Es una palabra: responde a mil palabras, a mil llamadas, a mil senderos que llegan de cualquier rincón del mundo.

¿Cuándo entenderemos que eso que llamamos alma es fruto de una palabra, es ella misma palabra y escucha?

Vivir humanamente es nacer por una palabra, es escuchar y es responder.

El espíritu humano es, de raíz, diálogo. Imposible decirlo sin esa apertura que lo abra a los otros.

Por eso comprendemos que el diálogo no es una tertulia de café. Es la vida humana misma.

¿Entiendes así que el diálogo con Dios y con los hombres es la trama misma de la vida de cada ser humano?

No pensemos eso que tan rápidamente llamamos alma es una cosa que está ahí. Alma es un diálogo que no puede cesar con Dios y con los otros.

Mata el diálogo y la palabra: matarás el alma humana.

Esta nueva página de ESPÍRITU Y VIDA quiere reavivar el diálogo para que no se nos muera el alma y la vida.

Guarda un instante de silencio, escucha, te llegarán palabras que te darán vida. Dios te habla. Tus hermanos, los seres humanos, los de aquí, lo de allá, te hablan.

¿Qué quieres decir que tú eres?

Créeme: tú eres la palabra que ofreces a Dios y a los otros, la palabra que escuchas. Una palabra, hecha carne, capaz de dar, ofrecer y recibir un trozo de pan.

Con estas palabras iniciamos una nueva página de ESPÍRITU Y VIDA sobre la espiritualidad del diálogo.