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SEXUALIDAD - ESPIRITUALIDAD
INTRODUCCIÓN
Influjos de los dualismos en la sexualidad y espiritualidad
El dualismo del helenismo tardío, tal como aparece expresado en el gnosticismo y en el estoicismo, no tuvo su origen en fuentes judías o cristianas. Sin embargo, influyó profundamente en todas las comprensiones posteriores de la vida sexual y espiritual del cristianismo. Estudiar algo de la tradición cristiana nos ayuda a entender que la teología sexual nunca es pura, sino que siempre encuentra su configuración en la relación con los contextos corporales en los que viven los cristianos. Por lo demás, la comprensión de nuestra herencia religiosa nos ayuda a reconocer las formas en las que se puede no sólo modificar la tradición, sino también introducir cambios fundamentales en la sexualidad humana y la vida espiritual.
Los hombres espirituales tenemos que vivir en contacto con la realidad sexual si no queremos caer en espiritualismos y angelismos
El peligro que amenaza siempre a los hombres de fe es no vivir con los pies en el suelo, en contacto con la realidad sexual y espiritual, tenemos que ayudarnos unos a otros a aceptar el hecho de que quienes somos cristianos somos herederos de una tradición religiosa que ha despreciado el cuerpo sexuado, sexual y erótico como portador y a través del cual podemos y vivimos nuestra vida espiritual y por ello ha negado y reprimido la relación esencial entre sexualidad y vida espiritual cristiana.
Si deseamos seguir siendo miembros de la Iglesia y vivir una rica y transformadora vida en el espíritu, tenemos que poner en tela de juicio esta tradición y transformarla radicalmente. Se requiere algo más que una simple reforma. Me refiero a una transformación revolucionaria. No podemos dejar de hacer menos para ser creíbles hoy en nuestra vida de fe. Nuestro silencio no nos protegerá. Nuestra mejor protección es buscar y decir la verdad de nuestra vida sexual y espiritual mientras podamos, con la presencia y ayuda mutuas, y cultivar juntos cuidadosamente algunas verdades de la relación y unidad de ambas realidades que no podemos decir todavía, verdades que quizá sean aún jóvenes y no estén deformadas. Con las verdades que aportamos seguimos dando forma a la historia de la vida sexual y espiritual.
Experiencia sexual y espiritual
La mayoría de los creyentes cristianos tenemos una cierta dualidad en la experiencia sexual y espiritual de nuestra vida. Es biológica, urgente y omnipresente. Es también una vía para las relaciones afectivas-sexuales y espirituales entre las personas, para bien o para mal. Sin embargo, la persona creyente en Cristo no es una dualidad. Las psicología, la filosofía, la teología occidental nos han enseñado a oponernos a esas interpretaciones dualistas, aun cuando no las hayamos superado. Dividir a la persona sexuada en alma y cuerpo, físico y psíquico, libertad y determinación, es demasiado simple. La teología bíblica atestigua que el ser humano es uno, una unidad, que tiene dos aspectos, dos maneras de vivir en esa unidad, carnal y espiritual, pero no dos componentes separados.Es en esta dualidad de aspectos o maneras de vivir en la unidad del ser lo que fundamenta el problema de la unidad y relación de la sexualidad humana y espiritualidad cristiana. No es posible experimentar y comprender completamente el sexo y la vida espiritual en los humanos si se explican sólo como un mecanismo fisiológico de supervivencia de la especie o una vida sexual que no esta encarnada en esa biología. La sexualidad y la vida espiritual es un problema porque los humanos son tan capaces de vivir en una vida carnal, como en una vida espiritual. La relación siempre variable y dialéctica entre estos dos polos es lo que hace tan precaria la situación humana sexual y espiritual y provoca angustia. Como no podemos superar esta angustia y nos negamos a soportarla, tratamos de evadirnos. Al hacerlo, pecamos al negar lo que es ser humanos.
Nuestra cultura se propone de nuevo la utopía de lograr en su experiencia religiosa esta experiencia de la sexualidad y espiritualidad superando el dualismo. Con todo, llegaremos a comprenderla de un modo más adecuado, aunque nunca completo, al recoger y renovar críticamente lo que algunos predecesores dijeron acerca de nuestra experiencia común.
Excluir de nuestra espiritualidad cristiana una imagen positiva de la sexualidad de Jesús, condiciona la imagen que nosotros tenemos de la nuestra
Hoy algunos creyentes, guiados por el Espíritu, comienzan a hablar claramente de la sexualidad de Jesús. ¿Por qué? Precisamente porque de la misma manera que nuestra valoración de la humanidad de Jesús depende de la idea que tenemos de la nuestra, así también nuestra aceptación de la sexualidad de Jesús está condicionada por la estima que sentimos hacia la nuestra. La encarnación, en su sentido real, no estará completa si las personas no han descubierto al Hijo de Dios hecho un hombre sexuado, sexual y erótico en su propia humanidad. Seguiría faltando un elemento de la cristología, mientras no nos permitamos formular imágenes de Jesús que profundicen en su sexualidad tanto como lo hemos hecho en otros dinamismos de su vida. La referencia a todas sus partes era una forma de reconocer explícitamente la anatomía sexual de Jesús y, por tanto, la integridad incuestionable de su humanidad sexuada.
A partir del siglo XIX se ha considerado que lo erótico era indecoroso para la vida espiritual. Pienso que esta manera de sentir y pensar se puede interpretar como una afirmación por defecto sobre la superficialidad de la creencia y espiritualidad contemporánea en la realidad de la encarnación. La vergüenza, el desprecio, la negación, no el reconocimiento de la sexualidad de Jesús, es la que produce hoy y siempre una preocupación insana en la vida espiritual. Si la fórmula «Jesús es como nosotros en todo menos en el pecado» se entiende espiritualmente por el creyente como que «es como nosotros en todo menos en la sexualidad», entonces queda claro cuál es el problema para la teología espiritual de la vida sexual y del crecimiento espiritual.
1. ACTITUDES ESPIRITUALES DE LOS CATÓLICOS HACIA LA SEXUALIDAD
Al analizar las actitudes sexuales de los católicos en su vida espiritual, podemos hacer una lista de comportamientos y de costumbres que hoy nos resultan ya extrañas y casi inverosímiles, pero que muchos de nosotros las hemos vivido y de las que podemos dar fe. Es cierto que todo hay que interpretarlo en su propio contexto, para comprenderlo. Pero comprender no quiere decir estar de acuerdo. Y amar nuestro pasado sexual no significa aprobarlo, sino, más bien, congratularse de que haya pasado y nos ayudara a llegar a una postura de "positividad" ante esta realidades de la sexualidad y espiritualidad.La Iglesia cristiana desempeña el papel configurador central en la limitación y frustración de nuestras imágenes sexuales y espirituales. Las actitudes sexuales de la historia occidental y la historia cristiana están unidas íntimamente hasta tal punto que son indistinguibles. Esto equivale a decir que la Iglesia cristiana ha sido el artífice principal de una determinada actitud hacia la sexualidad y la vida espiritual durante los ultimos diecisiete siglos. Actitud antisexual, obsesiva y de condena de la sexualidad como algo esencial de la espiritualidad cristiana. La actitud religiosa en el pasado ante la sexualidad en la vida espiritual era igual a genitalidad, y la genitalidad es intrínsecamente incontrolable y contraria a la autentica espiritualidad cristiana. El pene en erección que no se puede controlar es la imagen exacta de lo que es un cristiano con respecto a Dios: un rebelde. En esta imagen del historiador francés Michel Foucault intenta resumir en buena parte el legado cristiano de S. Agustín aceptado sobre la sexualidad del varón. Su caricatura en la mujer la hace Tertuliano en Eva, quien, como mujer, era más sensual y carnal que su compañero y, por consiguiente, era el lugar particular de la rebelión y pecado contra Dios.Sin exagerar podemos decir con seguridad los sexólogos cristianos, en la actualidad, intentamos y nos esforzamos por superar los enfoques negativos y represivos del pasado sexual. Nunca antes hubo dentro de la Iglesia católica tanta agitación por cambiar las actitudes de la Iglesia hacia la sexualidad, por impedir el cambio no deseado, tanta esperanza y tanto miedo ante lo sexual. Vivimos en un momento apasionante y que, al mismo tiempo, nos deja perplejos en lo referente a las ideas cristianas sobre sexualidad y espiritualidad. Deseo que el lector tenga una grata experiencia al enfrentarse con el problema de la relación entre sexualidad y espiritualidad. No será posible esto si no se coloca en una actitud de positividad ante la sexualidad. La sexualidad es, en si misma, una realidad positiva, buena, pertenece a la creación de Dios. forma parte del ser y de la estructura de la persona y tiene funciones muy importantes en la existencia humana. La sexualidad como tal, no es, como muchos nos quieren hacer creer un mal, o la principal fuente de mal que debe rehuirse o combatir, si bien es verdad que (como cualquier realidad humana física o espiritual) puede vivirse o utilizarse contra los valores de la persona y del Reino de Dios.
Aceptar nuestra sexualidad, su "positividad", dentro de un proyecto de vida elegido libremente, vivirla serenamente en el ámbito de nuestra fe y religiosidad, integrada y relativizada desde el Reino de Dios y sus valores, constituye la finalidad fundamental para la vivencia y desarrollo de nuestra vida espiritual desde el Dios de Jesús.
2. ¿QUÉ APORTA EL CONCEPTO Y VALORACIÓN HOLÍSTICA DE LA SEXUALIDAD A LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA?
Aquí deseo ofrecer unas pequeñas reflexiones básicas sobre las relaciones de estas dos dimensiones de nuestras vidas: la sexualidad y la espiritualidad. Intentando no caer y superar la corriente dualista de la tradición cristiana que las ha separado para intentar unirlas de nuevo a partir del descubrimiento de que la espiritualidad de la sexualidad es central en una comprensión holística de la sexualidad.Los cristianos, al enfrentarnos a los conceptos y relaciones entre sexualidad y vida espiritual, necesitamos una revisión de gran parte de la comprensión del concepto de sexualidad y espiritualidad. Resulta hoy imposible hablar de la sexualidad sin hablar, al mismo tiempo, de espiritualidad. Aun cuando se presentan diferentes lecturas, acentos e incluso desacuerdos, hay un amplio consenso del que ya no gozan las ideas de la tradición histórica del pasado. Yo sobre todo voy a intentar esta relectura desde una concepción holística de ambas realidades, sin negar otras posibles lecturas. Como sexólogo cristiano me tomo esa libertad de pensamiento para releer el evangelio de Jesús y ver qué me aporta, para unir y ensamblar ambas realidades como buenas, sanas y realizadoras de la persona.La sexualidad entendida desde la visión holística y, por tanto, entendida en su acepción plena, es una realidad que se refleja y se expresa en todas las dimensiones de la persona, desde la biofisiológica, psicológica, afectiva, social, cultural, axiológica, higiénico-sanitaria y religiosa. Es un dinamismo personal que se pone al servicio del crecimiento de toda la persona y por tanto también del crecimiento interior y de su relación y diálogo con el Absoluto. La sexualidad, por tanto, no puede ser considerada como un aspecto marginal, sino como una realidad profunda, presente y operante en todas las dimensiones de la persona, quedando incluida sin ningún lugar a las falsas dudas metidas por los falsos dualismos religiosos nuestra vida espiritual.La sexualidad no es una fecha que debe tenerse en cuenta; más bien es una tarea y un proyecto humano y espiritual de actuación libre, responsable y comprometido a lo largo de toda nuestra existencia. Las funciones, significados y valores, que la sexualidad recibe de la totalidad de la persona, se convierten en norma y criterio de su actuación libre y responsable de nuestra vida. Uno de los objetivos prioritarios de la sexualidad del creyente cristiano es, pues, el desarrollo de una sexualidad sana ordenada y madura en su vida espiritual.La visión integral me ofrece un concepto y una valoración de la sexualidad más comprensiva, amplia, rica y fundamental para nuestra existencia y vida espiritual que la simple genitalidad reproductora del pasado. Me la hace ver como un todo que implica y está difuminada por todo mi ser personal. Yo no tengo la sexualidad sino que soy persona sexuada, sexual y erótica. De lo que tengo puedo prescindir, pero no de lo que soy. Esto me hace entender que Dios ha dispuesto que la sexualidad no sea accidental ni perjudicial para mi espiritualidad cristiana, sino que, por el contrario, sea una dimensión plenamente integrada y básica de dicha espiritualidad. Vamos a hablar de la espiritualidad cristiana y nos centramos en ella. Aunque hay diferentes comprensiones de la espiritualidad, simplemente definimos el término "espiritualidad", como la respuesta de todo nuestro ser de cristiano a lo que percibimos como sagrado en medio de nosotros tal como se lo conoce a través del Dios y comunidad de Jesús. Y por ser una respuesta desde la totalidad de todo nuestro ser, nuestro sexo, sexualidad y erótica, está inevitablemente incluida. Parto del misterio de la encarnación de Jesús como base y fundamento de todo ello. Es decir, asumo que el verdadero ser de Dios se sigue haciendo carne y mora entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Y, al hacerse carne, Dios se revela mediante las dimensiones sexuales de nuestra vida.
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