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ESPIRITUALIDAD PARA TIEMPOS DE CAMBIO Por Cosme Puerto Pascual, o.p. (Sexólogo)

SEXUALIDAD - ESPIRITUALIDAD

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3. ¿CUÁLES SON ENTONCES LOS SIGNIFICADOS CENTRALES DE LA SEXUALIDAD CRISTIANA EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL?

En este punto quiero presentaros unos breves reflexiones sexológicas desde donde podemos entender y responder a la siguiente pregunta: ¿De dónde proceden los significados o funciones que la teología espiritual ve hoy en nuestra sexualidad cristiana?. ¿Qué significados aporta hoy nuestra sexualidad? ¿Son intrínsecos a nuestra sexualidad? ¿Inscritos por nuestro Creador? Y, por otra parte, ¿creamos nosotros esos significados por medio de nuestra relación con los demás? O, en cierto sentido, ¿son verdaderas ambas cosas?

Aquí se aborda el debate actual entre esencialitas y constructivitas. A la hora de dar respuesta a estos interrogantes las dos teorías están enfrentadas. El constructivismo social hace hincapié en que los significados o funciones sexuales están construidos por agentes sociales, culturales y religiosos. Por tanto es posible reconstruirlos de formas más justas, mas completas, más Vivificadoras, mas liberadoras y cristianas. Los esencialitas nos enseñan que la sexualidad humana y cristiana esta arraigada intrínseca y esencialmente en actos queridos por Dios.

Es necesario que nuestras interpretaciones de los significados o funciones de la sexualidad queden configurados por las posiciones de los constructivitas y esencialitas, y los debates entre ellos, aunque desde una visión holística no se puede negar que todos los componentes de la sexualidad contribuyen e influyen en ella. Para un estudio y comprensión integral de ella no debe dejarse ninguno fuera, ya que el tapiz de la vida sexual está tejida por muchos hilos y todos son necesarios para explicarla y comprenderla. La sola fundamentación en lo biológico es tan mala como el que olvida los componentes religiosos o culturales. La comprensión holística de la sexualidad y la vida espiritual exige comprendernos a nosotros mismos como personas cuya sexualidad y vida espiritual cambia continuamente y nos ofrece múltiples funciones o significados que la vida espiritual no niega sino que ayuda a vivirlos plenamente.

He aquí algunos de ellos:

Hoy es un signo profético para el hombre de hoy la necesidad de integrar plena y gozosamente nuestra dimensión sexuada, sexual y erótica en nuestra vida espiritual.
La sexualidad es vista hoy como un dinamismo realizador de nuestra vida espiritual y no como su principal enemigo.
Teológicamente creo que la sexualidad humana, incluye el don divino de la capacidad procreadora sin agotarse en él.
Veo que la sexualidad incluye una invitación a encontrar nuestro destino espiritual no en la soledad, sino en la relación profunda con los otros. Ella nos invita, nos urge y nos persuade a las personas espirituales para que salgamos de nuestra soledad y entremos en relación con Dios y los hombres nuestros hermanos a través de una sexualidad sana en nuestro proyecto de vida espiritual.
La sexualidad es el fundamento fisiológico y afectivo de nuestra capacidad de amar como personas espirituales. Es una forma más de amar y expresar nuestro amor, y en nada debe ser despreciada, sino todo lo contrario, ser muy agradecidos por la ayuda que aporta a salir de nuestro narcisismos y egoísmo.
La sexualidad es el gran sacramento de la unión y comunión con el otro como nos dice a los dominicos nuestro Padre General en su carta: "Promesa de vida".
Nuestras comunidades cristianas deben ser talleres donde el ser espiritual aprenda a vivir la ternura y caricia no posesiva que exige al mundo de hoy al creyente.
La sexualidad para la persona espiritual es una forma más de comunicación sana que tiene para abrirse a los demás.
La vida espiritual no exige evitar el placer sexual, sino evitar que el egoísmo lo convierta en un impedimento para desarrollarla.
El deseo sexual para el hombre espiritual no se agota en el humano sino en el deseo infinito del OTRO con mayúscula, que sólo se sacia del todo en Dios, donde encuentra su paz.
Etc...

4. LA ESPIRITUALIDAD DE LA SEXUALIDAD CRISTIANA NO PUEDE ENTENDERSE SIN REFERENCIA AL REINO DE DIOS

La vida espiritual y la vida sexual del cristiano está siempre subordinadas al Reino de Dios. Desde el Reino de Dios ambos dinamismos dejan de ser absolutos en sí mismos y pasan a ser valores relativos. El valor de ambos dinamismos lo van a tomar del Reino. Ese es el tesoro por el que podemos y debemos vender todo para lograrlo. Esto no es un rechazo de ninguno d e los dinamismos. Jesús nos ofrece una vida espiritual y sexual centrada en el Reino de Dios y desde ese momento todos los absolutos de sus seguidores puede implicar la exigencia del sacrificio del bien menos valioso o del más querido y apreciado. La vida sexual y espiritual de sus seguidores tiene que ser coherente con esta verdad religiosa.

Desde el valor del Reino de Dios hay que corregir ciertas muestras de pietismo en nuestra vida de fe, que transforman nuestra vida sexual y espiritual en una especie de espectáculo religioso, donde lo más periférico lo hacen y lo convierten en lo más central. La fe en Cristo no nos llama a dejar la sexualidad, ni a no vivirla, mucho menos a despreciarla, reprimirla o permitirla en una permisividad sin limites. El evangelio nos enseña a vivirla en el mundo como ciudadanos del Reino de Dios, allí donde Dios quiera que estemos. Estos nos llama a realizar continuamente un discernimiento sobre nuestra vida sexual y espiritual, de lo que tenemos que hacer con ambas realidades, y es lo que yo llamo la conversión continua al Reino.

No cabe duda de que el Reino de Dios es central, es el Absoluto para el creyente, pero ya no se puede seguir afirmando lo mismo de otras cosas como la familia, la amistad, los hijos, las relaciones de padres e hijos, seguridad, profesión, poder, éxito, dinero, la abstención o no abstención de la genitalidad... En otras palabras, la sexualidad, la forma de vivir la espiritualidad, y ni siquiera el propio yo, ya no son centrales. Ninguna de estas cosas es mala en sí misma o por sí misma. Se hacen malas sólo en el momento en que se convierten en fines últimos para nosotros. Mientras podamos decir que algo es para nosotros una condición del Reino de Dios seguimos todavía colocando ídolos junto a Dios en el centro y en la meta de la vida. Por el contrario, si estamos dispuestos a devolver a Dios cualquier cosa que nos pida, como la renuncia a tener hijos, entonces somos libres en este aspecto. La sexualidad es una de las mayores bendiciones de la creación y se ha de recibir con placer y acción de gracias. Si la enseñanza cristiana se echa atrás ante la sexualidad como algo sucio o sospechoso, es falsamente cristiana. Esto no quiere decir que la vida espiritual cristiana, tenga que estar cargada de una especie de pietismo, que haya que convertir el dormitorio en una capilla o que haya que asumir las relaciones genitales en la oración. Significa, por el contrario, que hay que unir y relacionar positiva y sanamente la sexualidad y la vida espiritual, como lo hacemos con todo los demás