0. INTRODUCCIÓN
Eventos revolucionarios que se han producido en el siglo pasado
 Los eventos revolucionarios del pasado siglo son la base o punto de partida para realizar con nuevos bríos la evangelización del nuevo milenio. Su enumeración es grande, intentemos recordar algunos de ellos:
· La salud sexual derecho básico de todas las personas.
· La revolución sexual de los sesenta.
· Incremento de la movilidad social.
· La emancipación económica y psicológica de la mujer.
· La autonomía sexual de la mujer.
· Un modo de vida sexual amorosa entre iguales.
· Reivindicación del placer por parte de la mujer.
· El desarrollo de las nuevas técnicas de infertilidad.
· El descubrimiento de anticonceptivos seguros.
· La liberación de la mujer.
· La esperanza de vida ha aumentado.
· La mortalidad infantil ha descendido.
· Los revolución de la farmacoterapia para las alteraciones sexuales.
· Los cambios legales que protegen a las minorías eróticas. Etc.
0.2. Comienzan a tocar las campanas de la necesidad de una nueva revolución sexualLas campana comienzan a sonar de manera insistente ante el nacimiento de una nueva revolución sexual. La nueva revolución sexual comporta un proceso de emancipación de nuestra vida espiritual. Se escriben muchos libros y guías de cómo vivir una sexualidad sana y de la salud sexual. También hay muchos libros que hablan de la sexualidad sagrada y son muy leídos por nuestros jóvenes, pero hablan de la sabiduría espiritual del taoísmo o hinduismo. Pero no se encuentran guías prácticas sobre la sexualidad espiritual con una herencia judeo-cristiana. No existen libros que ayuden a integrar la sexualidad en nuestra vida espiritualSomos muchas personas las que tenemos apetito y necesitamos aprender a experimentar lo sagrado en nuestra vida espiritual diaria. La sexualidad tiene una dimensión espiritual y debemos de emprender el viaje de integrar nuestra vida sexual con nuestra vida espiritual. Esta integración es buscada por el hombre de hoy y no le es fácil hallarla y, si la busca, no la encuentra y debe acudir a otras religiones. ¿Por qué somos tan alérgicos a comprender la unión e integración de la sexualidad y en la vida espiritual? Parte de este problema está en la herencia dualista occidental. Hemos crecido en hogares de padres cristianos, que nos enseñaron que nuestros cuerpos y nuestros espíritus están separados por completo. Todo lo sexual era visto a través del filtro dualista y puritano. Hay que alejarse de las apetencias del cuerpo sexuado que son contrarias a las exigencias de la vida espiritual. Nuestro cuerpo sexuado se veía como el mayor enemigo del alma, nuestros cuerpos son sucios. Nuestros genitales son impuros, poco valiosos. Nadie debemos enorgullecernos de estas partes de nuestro cuerpo. Nadie nos enseñaba a amar nuestros cuerpos y mucho menos a expresar la vida espiritual a través de ellos. Los creyentes que tienen hoy la dicha de escuchar que la sexualidad sana es la senda que nos da la oportunidad de expresar mejor todo el amor que somos capaces a Dios y a los hermanos, saltan de gozo y agradecimiento. Solamente cuando nos amamos plenamente a nosotros mismos podemos amar bien a otro. Y es, precisamente, cuando podemos amar a otro ser humano, cuando podemos vivir y expresar lo más importante de nuestra espiritualidad cristiana. La clave de nuestra espiritualidad está en aceptar que somos seres sexuales y vivirla en clave de amor. Cuando aceptamos y amamos nuestras personas sexuadas, nuestra energía sexual, nuestras necesidades sexuales, estamos afirmando el plan divino según está expresado en nuestro cuerpo y en nuestro corazón. Cuando aceptamos que ser personas sexuadas es cosa sagrada, empezamos a entender además el misterio de la encarnación.La revolución sexual del siglo pasado la usó para darnos un poco más de libertad sexual y un aumento de posibilidades. Como no fue acompañada de esas posibilidades reales, está produciendo frustraciones innumerables al hombre de hoy. Dado que tiene capacidad para vivir con ella nuevas posibilidades, hoy se nos ofrece hacer una nueva revolución para integrarla en la afectividad, para vivirla con una mayor calidad en unas relaciones amorosas profundas, cálidas, íntimas y duraderas.
Pero a partir de lo dicho como sexólogo cristiano, ofrezco integrarla en un proyecto de vida espiritual de seguimiento a Cristo. Como un verdadero camino espiritual, que tanto busca y no encuentra el hombre sólo y desgarrado de hoy. Camino espiritual que nos ofrece para vivirla como instrumento principal la brújula del amor a Dios, a nosotros mismos y del mismo modo al prójimo. El amor evitando el egoísmo es su camino. El verdadero principio natural para un cristiano no es la biología reproductora sino el mandamiento del amor.
0.3. Un proyecto de vida sexual como camino de espiritualidad
Como nos ha escrito J. Antonio Marina, "la sexualidad humana es un conjunto de posibilidades que la inteligencia humana construye sobre la realidad biológica del sexo". La palabra según el diccionario de la Real Academia tiene varias interpretaciones:
· Llamamos posibilidad a una oportunidad objetiva, un camino abierto. Lo contrario sería un camino cerrado, una oclusión. Aptitud, potencia u ocasión para ser o existir como persona sexuada, sexual y erótica.
· Hacer uno su posibilidad de elegir o no elegir un proyecto o camino sexual. Posibilidad significa el poder de hacer algo que uno quiere. Posibilidad y poder derivan de la misma palabra, posse, y también "potencia". Aptitud o facultad para hacer o no hacer un proyecto espiritual de vida sexual.
Aquí la usamos como una oportunidad objetiva de tener un camino de sexualidad abierto donde integrarla y vivirla como un camino de vida espiritual. La vida espiritual cristiana nos ofrece un camino donde poder vivirla, desarrollarla y llevar esta capacidad hasta su pleno desarrollo. El que la sexualidad humana tenga muchas posibilidades, es tener el seguidor de Jesús muchas capacidades sexuales donde actuar. El cristiano se siente dueño de muchas posibilidades, muchos recursos y poderes sexuales. Al ser el cerebro el primer órgano de nuestra sexualidad, la inteligencia construye con el sexo biológico la posibilidad de vivirla de acuerdo a las exigencias de la espiritualidad de Cristo. Lo que se va comprobando por múltiples razones es que la biología de la sexualidad en manos del cerebro es como una plastilina en manos de un niño para hacer de ella lo que queremos.
1. ¿QUÉ RAZONES TIENE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA PARA VALORARLA EN POSITIVO?
La sexualidad humana no era vista como don precioso de Dios. La espiritualidad cristiana del pasado ha estado más relacionada con la negatividad respecto de la sexualidad que con la afirmación de su bondad. Hoy se le pide cambiar su actitud y dar un salto hacia delante en la celebración de la sexualidad, paso urgente y esencial para vivir la vida espiritual y hacer la nueva evangelización.
La espiritualidad actual debe estar agradecida al mundo de hoy por su contribución a nuestra comprensión positiva de la sexualidad. Ahora le corresponde a la espiritualidad comprender lo maravilloso de la sexualidad como camino espiritual para el hombre de hoy. La espiritualidad debe convertirse para el hombre de nuestro tiempo en un desafío para discernir lo bueno que hay en la sexualidad. El mundo secular se ha centrado en la biología de la sexualidad y los cristianos nos debemos centrar en su sentido amoroso.
1.1. Es un fruto de la mano creadora de Dios
El tono de positividad que asume la sexualidad cristiana en su espiritualidad se lo debe a pertenecer a la obra creadora de Dios. Dios ama con inmenso amor todo lo que ha creado y ha salido de su mano creadora. Y de su mano creadora no puede salir algo para perjudicar al hombre. Aceptarla, vivirla de una manera sana y positiva constituye un fin prioritario de la nuestra espiritualidad.
El creyente debe de saber que la sexualidad es obra y don de Dios para su vida. Don que debe agradecer con gratitud, que ha de honrar y respetar el lugar que se le ha asignado dentro de si vida espiritual
1.2. Se encarna en ella
Como fruto de su aceptación se hace hombre sexuado y se encarna en ella. De modo que su Hijo se convierte en el modelo a seguir, en cómo hay que vivirla y madurarla. Así pues, la sexualidad es, en sí misma, una realidad positiva, como tal, no es un mal o la principal fuente de males que debe rehuirse o combatir, si bien es verdad que podemos vivirla de modo que perjudique nuestra vida espiritual.
1.3. La biología del sexo hecha mente le ofrece al hombre espiritual muchas posibilidades
Si algún poder tiene nuestra mente racional es abrirle a la sexualidad humana muchas posibilidades. Algunas de las más importante:
· Fuente de vida biológica mediante la reproducción para mantener la especie.
· Un camino de encuentro con los otros.
· Una de las formas más buscadas y apreciadas de relación con los demás.
· Forma de comunicación que puede llegar a los niveles más profundos de las personas.
· Una forma más de vivir y expresar nuestra capacidad afectiva.
· Fuente inagotable de ternura y caricia de la que tan necesitado está el hombre individualista y solitario de hoy.
· Un camino de unidad tan radical de llegar a ser con el otro una sola carne.
· Una capacidad atractiva capaz de sacarnos de nuestro individualismo y soledad para entablar una vida compartida con el otro.
· Un manantial profundo de deseo.
· Un pozo de placer...
Pero de nada sirven las posibilidades que nos ofrece la sexualidad biológica hecha cerebro humano si no somos capaces de elegirlas, vivirlas y hacerlas realidad en un proyecto de vida. El aumento de las posibilidades implica voluntad activa para vivirlas y la autonomía sexual es fundamental para vivirla y realizarla como un proyecto de vida espiritual cristiana.
2.NECESIDAD DE UN CONCEPTO MÁS GLOBAL DE SEXUALIDAD
Comprender el concepto global de sexualidad constituye una urgencia, sin la cual, toda nueva evangelización está condenada al fracaso en este campo de la vida espiritual. Cuando el punto de partida es confuso, todo lo que sobreviene contribuye a aumentar la confusión de las personas religiosas. Si en la evangelización sólo tomamos una parte del todo, podremos evangelizar la parte pero no el todo. Si evangelizamos desde el todo, estaremos en condiciones de hablar de cada una de las partes y colocarlas dentro del rompecabezas del todo. Esto está sucediendo con la evangelización de la sexualidad humana. Si la vamos a considerar solamente el fin reproductor, como hacen muchas personas religiosas, o el fin erótico genital como hace nuestra sociedad consumista, no podemos ver otras partes de la totalidad de esa dimensión humana y cristiana de la persona. Creo que nadie puede negar el fin reproductor y erótico, pero así como constituyen dos fines irrefutables, también es cierto, que tiene otros fines como el relacional afectivo, que se encuentra involucrado en nuestra sexualidad cristiana y desde el mirador evangélico es el más importante. Si centramos todas nuestras energías espirituales en la finalidad reproductora y placentera no podremos disfrutar de otras finalidades que tiene la sexualidad humana y de las inmensas posibilidades que ella puede aportar a la espiritualidad del creyente. Por eso creo esencial revisar la amplitud del concepto de sexualidad humana al hablar de espiritualidad.
Para aceptar y evangelizar la sexualidad en la nueva revolución sexual, a cuyas puertas nos encontramos, lo primero que necesita la espiritualidad cristiana es definir qué es la sexualidad y qué es la salud sexual. La sexualidad en su sentido más amplio es la energía que tengo para encontrarme, relacionarme, comunicarme, amarme... mediante una expresión física, psíquica, afectiva en el deseo de contacto tierno, cariñoso y amoroso conmigo mismo y con el otro.
2.1. Redefinir la sexualidad humana
El siglo XX fue testigo de un cambio sin precedentes en nuestra visión de la sexualidad. El avance científico en este campo ha cambiado nuestra concepción de la sexualidad. Freud nos mostró que es un componente esencial de la personalidad. De ahí todos van caminando hacia su aceptación como positiva, buena y deseable. Y a la espiritualidad cristiana le está siendo muy difícil asimilar las implicaciones de este cambio de valor.Durante años me he ido dando cuenta, como sexólogo, que una de las razones del alejamiento de muchísimos cristianos respecto de la espiritualidad cristiana es la visión de la sexualidad que perciben. Y esto es algo que debe ser corregido lo antes posible. Se trata de un asunto urgente para la evangelización de nuestra sociedad y para una revitalización de la propia vida cristiana. Uno de los desafíos más grandes de la espiritualidad cristiana de nuestro tiempo es la búsqueda de la verdad sexual y dar con la actitud adecuada acerca de este tema. La vivencia de una espiritualidad responsable necesita conocer y entender correctamente el plan divino de la sexualidad.El Vaticano II redefinió la sexualidad genital describiéndola, no tanto en referencia a los hijos, cuanto en referencia a su potencial de crear un vínculo vital con otra persona. Los cristianos debemos explorar la verdad acerca de la sexualidad. Con la ayuda de las aportaciones científicas releer los signos de los tiempos, que tiene muchas cosas que enseñarnos. La ciencia sexológica esta abriendo grandes posibilidades, pero en algunos aspectos la ha trivializado. Debemos aprender a quedarnos con lo positivo, agradecerlo y valorarlos en función del precepto del amor. Además hay muchas personas espiritualmente heridas por no haberlo hecho a tiempo y debemos ofrecerles una ayuda que no sea su condenación y la rigidez de nuestros juicios morales. La Iglesia es una comunidad de amor y Jesús vino a buscar a quienes no estaban sanos. La sexualidad, entendida en su acepción plena, es una realidad que se refleja y se expresa en todas las dimensiones de la persona, desde la fisiológica afectiva y espiritual.
La espiritualidad de hoy percibe la energía sexual como algo positivo y no entienden por qué deben negar, reprimir, abstenerse y contenerse de algo bueno. La respuesta no se encuentra en la palabra negación. Negar algo bueno no tiene sentido, pero integrar algo bueno en la propia relación amorosa, se convierte en algo beneficioso y tiene un gran sentido. Lo que tenemos que enseñan en la espiritualidad de hoy son las características del verdadero amor sexual.
2.2. Ampliar el concepto de sexualidad cristiana
Dentro de la espiritualidad cristiana toda la energía sexual está orientada prioritariamente al dialogo amoroso. Pero puede realizarse ese diálogo amoroso a diversos niveles:
2.2.1. A nivel de relaciones genitales
La opinión habitual es que la sexualidad y la genitalidad, o experiencia genital del sexo, son idénticas. La sexualidad, según este punto de vista, es la actividad genital explícita o los actos que llevan a ella. Sin embargo, la sexualidad es una experiencia humana mucho más amplia que la mera genitalidad. La genitalidad, u orientación al placer biológico y la procreación, no es más que una dimensión de la sexualidad.
2.2.2. A nivel de relaciones sexuales
La sexualidad humana es una capacidad de encuentro, de apertura al otro, de relación, de comunicación, de amor, de realización, de creatividad... Desde este mirador que ofrece la mirada de la sexualidad las perspectivas que se divisan son muy amplias y ricas, no comparables a las genitales. La sexualidad esta ligada a una amplia gama de experiencias humanas y cristianas. Las capacidades relacionales de la sexualidad humana no son meramente físicas, sino también cognitivas y afectivas. La maduración de la sexualidad concierne a la capacidad de relación, no meramente a la capacidad de practicar sexo genital.
Definir la sexualidad de una manera más amplia no supone intentar evadirse sino poder comprender cómo puede convertirse en un proyecto de vida espiritual riquísimo. Pocos caminos como la sexualidad nos pueden ayudar a comprender la fusión del alma mística con su Dios como éste.
3. OBJETIVO PRIORITARIO INTEGRARLA EN EL AMOR
El cuerpo es el lugar de lo santo y la santidad es amor en relación. Lo que la relación sexual debe ser ante todo es un acto de amor. Tener relaciones sexuales no es un derecho, sino una expresión mutua y benévola de amor.
El punto de vista de los integrismos espiritualistas fundamentalistas actuales sobre la sexualidad no hace justicia al criterio primario de las enseñanzas del Nuevo Testamento: que todo lo humano tiene el amor como base de la espiritualidad y moralidad.
3.1. Lo importante es amar
Apagados aparentemente los ardores utópicos de la liberación sexual de la década de los 60, los albores del siglo XXI están evidenciando que la sexualidad es un lenguaje afectivo de capital importancia. El amor se hace más necesario que nunca. Pero no conviene olvidarlo al intentar hacer la nueva revolución sexual, integrarla en el amor para convertirla en el lenguaje más profundo y sofisticado de la comunicación humana. Como muy bien dice Goleman, tenemos una inteligencia emocional aparte de la racional, pero no dedicamos nada de nuestra educación a desarrollar esta capacidad en la que tantas esperanzas ponemos y esperamos de ella.La sexualidad como camino de espiritualidad implica el verla prioritariamente en su significado relacional sexual/afectivo, que no esta vinculado a la función reproductora, y la calidad de la relación está íntimamente ligada al amor. La espiritualidad cristina al verla primariamente como reproducción, no tiene desarrollada una base autentica para una alternativa de vida espiritual, olvidando una enseñanza fundamental de Jesús: todos los mandamientos están subordinados a amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. No hay duda de que el significado espiritual de la sexualidad hay que hallarlo en el amor, y esto es lo que quiere hacer presente la nueva revolución sexual, que esta por hacer.3.2. Ya es hora de superar el proyecto biologicista-procreador donde la espiritualidad cristiana del pasado estaba integrada y que la está ahogando Después del 68 en la cultura europea murió el angelismo, la idea de que todo lo que se refiere a la sexualidad es maravilloso. A primeros del milenio se comienza a pensar de nuevo, que la sexualidad es misteriosa, que la gran revolución no ha terminado. Que no debemos anularla sino prolongarla para descubrir la inmensa riqueza de una sexualidad integrada en la vida amorosa. La vivencia de una relación sexual amorosa es creación de la mujer moderna. La afectividad es un rol del pasado de ellas. Los hombres no tenían y no querían una implicación afectiva. Estaban muy contentos con la implicación genital, que les daba hijos y el placer que buscaban. Es un error de la Iglesia actual la no integración plena de la mujer en la vida de la Iglesia al igual que al hombre. La Iglesia se quedó fuera de la revolución de los obreros, hizo lo mismo con los jóvenes y me da la impresión de que va a perder esta nueva aportación de la mujer para colaborar en primera fila en la nueva revolución sexual que se avecina.
Creo que el proyecto espiritual más importante del pasado ha sido el reproductor y lo sigue siendo. El mundo, de forma mayoritaria, se ha pasado al modelo hedonístico. El hombre de nuestra sociedad capitalista busca en las relaciones sexuales un placer mutuo y sin compromiso. No implica la afectividad, la intimidad, su sexualidad está estancada en un nivel epidérmico y superficial. La soledad es su fruto más frecuente y no tiene fuerzas para salir de ella. Les falta una espiritualidad profunda, basada en el diálogo amoroso, que le aporte oxígeno para no ahogarse en ella.
3.3. Búsqueda de un modelo de amor
Creo que los proyectos de futuro si la Iglesia quiere vivir su función profética en el campo espiritual son dos:
· 3.3.1. El proyecto sexual/afectivo: las relaciones sexuales deben vivirse en un marco de relaciones sexuales afectivas. El amor les da intimidad e impide trivializarlas. El lenguaje y comunicación sexual alcanza su máxima profundidad en el amor. Sin él, en un mundo mandado por la economía y capital, terminan en la comercialización prostitutiva y pornográfica a través de todos los medios y del poder que hoy tienen al no tener fronteras.
· 3.3.2. El proyecto de convivencia sexual: una cosa es quererse mucho y otra convivir. Y, por supuesto, una cosa es querer convivir y otra quererse mucho. Me parece de capital importancia, por no decir esencial, una espiritualidad y ética de la convivencia sexual.
La sexualidad cristiana estaba en gran medida basada en la ley biológica natural del acto de procrear. Esta espiritualidad ha sido durante cientos de años el punto de partida principal para considerar el egoísmo o el amor existente en ella. En ausencia de una interpretación de la relación sexual en términos de amor, prevalecía una burda biología. Es evidente que una interpretación del vínculo entre sexualidad y el amor, como perfila el Concilio Vaticano II, traslada el acento de la biología a la calidad de la relación. Lo que ahora nos debe preocupar son las características que salvaguardan la expresión sexual como un acto de amor personal.Los últimos cincuenta años han sido testigos de la generalización de una educación sexual biológica, pero sin enseñanza alguna sobre sentimientos y emociones, que son la clave para entender una sexualidad de calidad. Para una espiritualidad impregnada de amor que considera que la esencia de Dios es el amor, la educación para ser una persona que ame debe ser predominante. Pero educarla para vivirla integrada en un proyecto de vida espiritual de convivencia sexual amorosa duradera es harina de otro costal. No hay duda de que el significado de la sexualidad cristiana hay que hallarlo en el amor. Lo que no es tan claro es el modelo de amor o el contenido que le damos a esta palabra. Es absolutamente claro que, en la relación sexual, lo personal es más importante que lo procreativo. ¿Qué puede aportar la espiritualidad cristiana a esta nueva revolución sexual? El evangelio de Jesús nos ofrece una forma de vida en el amor. Es el gran tesoro por el que vender todo para comprarlo. Un modelo de amor duradero y feliz nos parece la mejor opción para salir de la soledad y de la trivilización del modelo genital. Pero los fracasos continuos de casados y célibes, hace cundir la idea de que no es posible, que vale de ilusiones irrealizables. He sido muchos años profesor de sexología en la facultad de psicología y siempre he visto con extrañeza, que el amor en profundidad no es objeto de una unidad didáctica y menos de una asignatura en estos estudios. Lo que me parece de una gravedad suma. Necesitamos como agua de mayo sobre el campo de nuestras personas y vidas descubrir la complejidad del amor. La liberación sexual del siglo pasado consideró que la libertad sexual verdadera era desvincularla de todo, de romper todos sus lazos y por supuesto los afectivos, y esto nos ha llevado a la banalización y fracaso. Lo que necesita el hombre de hoy es una nueva revolución que la integre en un ambiente de amor y de relaciones amorosas cálidas, tiernas y cariñosas. La convivencia sexual amorosa se ha hecho más difícil porque todos pedimos y exigimos cosas antes que lo que se espera de ella. Antes sólo se le pedía el hijo y la formación de una familia. La antigua estabilidad de la familia era falsa. Se fundaba en razones muy poco amorosas.
Necesitamos para ello una espiritualidad y una ética que nos ayude a lograr estos nuevos objetivos. La ética con finalidad prioritaria en dirección de la reproductora no pueden darlo. Necesitamos una vida espiritual cristiana como proyecto de vida amorosa que nos dé la felicidad que buscamos. Una vida sexual donde tenga el protagonismo y desarrollo que necesita. Una vez aceptado este modelo, debe ir seguido de una educación afectiva que nos permita realizarlo.
3.4. Necesitamos ir más allá del placer: buscamos el amor sexual para ser felices
Necesitamos la liberación sexual en una autentica vida de amor. El amor sexual es una creación casi milagrosa. Consiste en la mezcla del amor físico a uno mismo y a la vez a otra persona. Cosiste en una mezcla del amor captativo con el amor oblativo. La felicidad sexual de uno depende de la felicidad sexual del otro. La gran ampliación y exigencia de la relación sexual de la pareja actual está en vivirla y sentirla dentro de una expresión amorosa, tierna y cariñosa. Necesitamos construir un modo de convivencia amorosa entre iguales y no estamos educados para hacerlo realidad. El hecho del que hay que partir hoy en la búsqueda de la felicidad sexual es: el conflicto de las relaciones de pareja y del fracaso de la relaciones célibes. El arrollador movimiento de libertad sexual nos sacó a la luz, que nuestra cultura cristiana nos había trasmitido una idea perversa y sucia de la sexualidad, de que hicimos muy bien desembarazarnos. Pero la libertad sexual prometida no dio el fruto esperado. Alcanzar una liberación sexual desvinculada del mundo afectivo era un mal sueño. Si somos cristianos inteligentes y recordamos el principal mandato de Jesús: ama a los demás como te amas a ti mismo. El fracaso de la gran revolución sexual, nos debe llevar a buscar soluciones y vitalizar las brasas encendidas de la gran revolución, en vez de apagarlas del todo. El cristiano todo lo que hace debe hacerlo movido por el amor y precisamente en ello esta la solución para la nueva revolución que hay que hacer y que no fue hecha en el pasado. Si la sexualidad quiere mantenerse viva, el fuego entre la cenizas debe soplar con el aire fuerte de una convivencia amorosa sexual. Necesitamos experimentar en nuestra comunicación sexual que lo importante es amar.
Que el amor cristiano es más necesario que nunca y, al mismo tiempo, una utopía irrealizable como en tiempos de Jesús. Lo que le convierte en el mejor sexólogo de la historia al que conviene escuchar y leer un poco más. Que la sexualidad no debe ser considerada como un aspecto marginal de la espiritualidad cristiana, sino como una realidad profunda, presente y operante en todas las dimensiones de la persona y sobre todo en la vida espiritual, que la convierte en un lenguaje de afectividad. Que este testimonio es el que debe ofrecer el cristiano desde una experiencia religiosa. Que la haría sumamente atractiva para el hombre de hoy. Que están hartos de condenas, represiones, peligros, prohibiciones...
CONCLUSIONES
· 4.1. La Espiritualidad del III Milenio necesita una generación de Santos que estén dispuestos a ser testigos evangélicos de la vivencia y testimonio de un concepto más global, positivo, sano y evolutivo de la sexualidad cristiana y acorde a las necesidades y exigencias de los signos de los tiempos.
· 4.2. La revolución sexual de los 60 nos hizo creer que el gran valor de la sexualidad era la libertad. Pero olvidó decirnos que el gran valor que necesitamos para vivir una sexualidad realizadora y gozosa era la autonomía sexual. Ella nos da la capacidad para elegir nuestro plan de vida sexual y la fuerza para poder realizarlo.
· 4.3. Que ese plan de vida no debe desvincular la sexualidad de una relación amorosa. Ciertamente en la relación amorosa perdemos parte de nuestra libertad sexual, pero refuerza y aumenta nuestra autonomía y aumenta muchas de las posibilidades dormidas, que todos llevamos o tenemos en sentido embrionario. Yo soy yo más las relaciones que he establecido.
· 4.4. La nueva revolución sexual exige del varón desarrollar su lado femenino. El hombre necesita reconciliarse con el lado femenino para lograr su verdadera identidad masculina. La mujer es su mejor profesora, ya que lo ha descubierto, lo ha desarrollado y es la que lo exige en una pareja futura basada en la convivencia igualitaria y realizadora en el gozo.
· 4.5. La Iglesia y la espiritualidad machista no tienen futuro en la nueva revolución sexual que se avecina. Necesita desarrollar su parte femenina y igualarla antes de que la sociedad y la cultura la juzguen con dureza y la marginen para seguir creciendo.
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