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LECTURAS ESPIRITUALES

 

LAS TENTACIONES DE JESÚS EN EL DESIERTO

Por San Luis Bertrán, o.p. (1526-1581)

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA

Sermón 1º

«Entonces, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches, y después sintió hambre» Mateo 4,1-2 1.- Este santo tiempo, que tenemos entre manos, [lo] tiene dedicado la santa Iglesia, regida por el Espíritu Santo, para que entiendan los cristianos de hacer en él penitencia de los pecados hechos [durante] el año. [Y es] cosa tan importante y necesaria, que nos va en ello la vida, no digo la del cuerpo, la cual, queramos o no, se nos ha de acabar; pero vanos la vida del alma, que importa más, la vida eterna que siempre ha de durar. [Dice San Lucas]: Si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente (Lc 13,5). Los que después de bautizados habéis ensuciado con algún pecado vuestra alma, si no la limpiáredes con la medicina de la penitencia, todos, sin que nadie se exceptúe, pereceréis; todos perderéis la vida eterna, y padeceréis la muerte eterna y perpetua en el infierno. No tiene Dios dejado otro remedio para que se salven los pecadores, sino el sacramento de la penitencia. ¿Queréislo ver? Jamás se perdonó pecado, sino por virtud de la Pasión de Cristo, porque si otra cosa fuera parte para esto, o de otra parte nos viniera el remedio de nuestros pecados, bien pudiéramos decir con San Pablo: Luego en balde Cristo murió (Ga 2,21). De aquí es que, Cristo -dice San Juan- es el Cordero sacrificado desde el principio del mundo (Ap 13,8). Y en los Hechos de los Apóstoles [se dice]: No se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos (Hch 4,12). Porque cuantos se salvan, se salvan por virtud de su Pasión. [Mas], ¿cómo podía tener eficacia en los primeros justos, cómo se les podía aplicar [esa virtud], si aún no había realmente sido?... Por la fe que [tenían en que] había de ser; porque creían que había de padecer, la cual fe protestaban en todos sus sacrificios. ¿Vos no tomáis una purga movido por la salud que deseáis? ¿Esta salud tiene aún ser? No, pero porque creo que ha de ser, por eso hago lo que hago. Así a los justos [del Antiguo Testamento] la Pasión de Cristo los justificaba, no porque fuese, sino porque creían que había de ser. Esta misma Pasión, o su virtud, aplícase a nosotros por los sacramentos. A los que pecaron antes del bautismo, por el bautismo; y a los que después, por la penitencia. De lo cual trata latamente Santo Tomás de Aquino . De aquí es que San Jerónimo dice: La segunda tabla después del naufragio es la penitencia . Y lo mismo Tertuliano , San Ambrosio y otros. La penitencia es la segunda tabla después de haber dado la nave al través y haberse roto. La nave era el estado de la inocencia, en la cual seguros podíamos ir al cielo. [Pero] dio esta nave al través por culpa del piloto, que fue nuestro primer padre Adán, [y sólo] resta que echemos mano de alguna tabla [para salvarse]. La primera es el bautismo, la segunda es la penitencia. Si ésta nos falta, ¡ay de nosotros!, no podemos dejar de anegarnos.Tenemos para confirmación de todo esto las palabras [que] dijo Cristo [a San Pedro] por San Mateo: Te daré las llaves del Reino de los cielos. Y cualquier cosa que ates en la tierra, será atada en los cielos. Y cualquier cosa que desates en la tierra, será desatada en los cielos (Mt 16,19). Si él no abre, cerrada está la puerta del Reino de los cielos. Por San Juan también se dice: A quienes perdonárais los pecados, les serán perdonados. A quienes los retuviereis, les serán retenidos (Jn 20,23). Luego, para que yo alcance perdón de mis pecados, necesario es que el sacerdote me absuelva; y si él no me absuelve, no hay otro remedio para que pueda ser libre del pecado. Es tan grande verdad ésta que, si no fuera por la obstinación de los herejes de nuestros tiempos, poca necesidad tendríamos de probarla. [Por eso] con [la] razón y autoridad de la Escritura lo tengo probado hasta aquí. [Pero] oíd lo que acerca de esto tiene la Iglesia determinado de muchos años a esta parte: La multiforme misericordia de Dios de tal forma acudió a ayudar al hombre a levantarse de sus caídas, que no sólo por la gracia del bautismo, sino también por la medicina de la penitencia lo restablece en la esperanza de la vida eterna; y a quienes violaron el don de la regeneración, condenándose por su propia voluntad, les ofrece la ocasión de alcanzar la remisión de sus crímenes, si, sometiéndose a lo ordenado por su divina bondad, acuden a las súplicas de los sacerdotes para que les obtengan la indulgencia divina. Y por último concluye así: Es necesario que el delito cometido por los pecados sea absuelto por las súplicas sacerdotales antes del día del Juicio . 2.- Si esto es verdad, podríame decir alguno: luego al que le toma la muerte a tiempo que no se puede confesar, ni recibir este sacramento, ¿no se salvará? Mira, este sacramento de la misma manera es necesario para los que han pecado después de haber sido bautizados, que el bautismo a los que no están bautizados. Para que uno se salve menester es que le bauticen, o que tenga deseo y propósito determinado de bautizarse, si en tal aprieto se viere . Por eso dijo el Señor: Quien no creyere, se condenará (Mc 16,16); y no, quien no fuere bautizado. El que no creyere que por el bautismo, dado en nombre de la Trinidad, se perdonan los pecados, condenarse ha. Ni más ni menos es menester el deseo de la penitencia y el propósito explícito de recibirla. Porque ésta es la diferencia entre lo necesario para la salvación, porque así está mandado; y lo es necesario por ser medio imprescindible. Que aquello pide [un deseo o] voto implícito; éste, explícito.3.- De aquí saca que ninguna de cuantas [obras] se señalan en la Sagrada Escritura por buenas para la remisión de los pecados presta sin la penitencia. Ni la caridad, por más que diga [San Pedro]: La caridad cubre la muchedumbre de los pecados (1 P 4,8). Ni la fe, por más que se diga [en los Hechos]: La fe purifica sus corazones (Hch 19,9). Ni las obras de misericordia, aunque diésedes toda vuestra hacienda a los pobres, por más que se diga [en los Proverbios]: Mediante las obras de misericordia y la fe se purgan los pecados (Pr 15,27). Todo esto concurre en la penitencia. La caridad, en el dolor de la ofensa y en el propósito de satisfacer a tan buen amigo como es Dios, a quien por el pecado tenemos ofendido. Requiérese también fe, [esto es] que busque el hombre el remedio de sus pecados, que la fe le señala, y que es el sacramento de la penitencia. Requiérese también misericordia, con la cual el hombre provea a su miseria, entendiendo que no hay cosa más miserable que el alma del pecador. Esta caridad, esta fe y misericordia prestan para la remisión de los pecados; pero ya veis que, acompañadas por la penitencia, porque sin ella no hay salvación, sin ella no se perdonan los pecados. Y aunque de Cristo sepamos que perdonó pecados sin este sacramento, no es de maravillar, porque él tenía potestad de excelencia, según la cual daba el efecto del sacramento, sin el sacramento. Pero no lo daba sin la penitencia interior, como dice Santo Tomás: Cristo, por la potestad de excelencia, que él solo tuvo, confirió a la mujer adúltera el efecto del sacramento de la penitencia, esto es, el perdón de los pecados, sin necesidad de administrarle el sacramento, aunque, claro está, no sin antes producir en ella un estado de penitencia interior mediante la gracia . Siendo, pues, el sacramento de la penitencia [el] único remedio para curar nuestros pecados, y [estando] dedicado este santo tiempo [de cuaresma] para la cura de ellos, y habiéndome Dios enviado a este pueblo para [avisaros de] cómo os habéis de curar, me ha parecido que debía platicar [de] este remedio, y que no podía tratar otra cosa más necesaria, ni que más os cumpliese. Procuraré, con el favor del Espíritu Santo tratar de esta medicina en estos domingos, conformándome siempre con el santo Evangelio.4.- [En] el Evangelio que hoy tenemos, escribe San Mateo la historia de lo que pasó después de ser el Señor bautizado por San Juan: Entonces, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. ¿Y por qué más entonces que no en otro tiempo, se fue el Señor a morar tan de propósito en el desierto? ¿Por qué entonces, más que en otro tiempo, llegó el demonio a tentarle? Después de ser bautizado, vase el Señor al desierto, para enseñaros a vos que, después que una vez sois cristiano por la gracia y misericordia de Dios, tenéis obligación de iros al desierto, [esto es,] de morar en este mundo como si fuese un desierto, porque las cosas de este mundo no se prometen a los cristianos [como definitivas], sino los bienes del cielo. El cristiano no ha de tener en este mundo, ni ha de hacer en él su asiento, antes ha de vivir en él como de paso, como quien va a una ciudad y pasa por un desierto. Mira lo que dice el Apóstol: No tenemos aquí ciudad fija, sino que vamos en busca de la que está por venir (Hb 13,14). Echen raíces en este mundo los infieles, que no esperan otra vida. Gocen del mundo y entréguense a los pasatiempos, a las pompas, a las vanidades, a los deleites de él, los que no han de gozar los bienes del cielo. Pero, no nosotros, que somos cristianos; nosotros, que esperamos otro mundo; nosotros, cuyo capitán menospreció todas las cosas de este mundo para enseñarnos a nosotros a que las menospreciásemos, siendo él, justamente, Señor único del mundo. Y así no hizo caso de hacienda alguna, porque fue pobre; [no fue amigo] de regalos, porque siendo él de quien procede todo cuanto hay bueno y deleitoso en las criaturas, vivió con grandísimos trabajos. No [se aficionó] a la honra, porque escogió la muerte más afrentosa y de mayor ignominia que entonces se daba a los malhechores en el mundo, siendo a quien en el cielo hacen reverencia los ángeles, y en la tierra nosotros. Dice el Apóstol: En este mundo moramos como si fuese un desierto, no como en ciudad de reposo y con regalos; no buscamos honras, antes nos tenemos por dichosos de ser afrentados por amor a Jesucristo; y si trabajamos día y noche, [que] no [sea por] bienes temporales, porque teniendo qué comer y con qué cubrirnos, contentémonos con eso (1 Tm 6,8). Los deleites y descansos esperámoslos para cuando estuviéremos en la ciudad [definitiva], en aquella ciudad tan rica, en aquella ciudad tan noble y de tantos deleites y regalos, [de la] que [se dice]: Dichosos los que moran en tu casa, Señor (Sal 83,5). 5.- El hombre que de tal manera busca contentamiento en este mundo que, anda tras de los bienes de él de tal manera, que por cuanto hay debajo del cielo se atreve de hacer un pecado mortal, por el cual pierde lo que está sobre el cielo, [ése tal que] no se tenga por cristiano. Porque por el mismo caso que uno es cristiano ha de poner debajo de los pies todo cuanto bien hay en el mundo, [y] por el mismo caso ha de vivir en el mundo como si fuese [un] desierto, pues sabe que todo lo de acá es lodo en comparación de lo que Dios le promete en el cielo. Pues sabe que los descansos del cielo se mercan con el menosprecio de lo que aquí hay en el mundo. [Dice Cristo]: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,3). ¿Queréis ser rico? Sed pobre. ¿Queréis estar alegre? Llorad, primero. ¿Queréis vivir? Morid, primero. Dice San Agustín: Con la pobreza se compra el reino, con el trabajo el descanso, y con la muerte la vida . Por eso [dice] San Pablo: Lo que importa es que los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen; los que se huelgan, como si no se holgasen; los que hacen compras, como si nada poseyesen; y los que gozan del mundo, como si no gozasen de él, pues la escena de este mundo pasa (1 Co 7,29-31). ¡Cuántos son los que se [consuelan] por una nonada, por el interés de un real, y despreciaron la tierra deseable del cielo! (Sal 105,24). 6.- Mas en estar el Señor en el desierto, le viene a tentar el diablo, para que entendáis que, cuanto mejor fuéredes, tanto mayores tentaciones habéis de tener [y] mayores impedimentos se os han de ofrecer; pero consolaos, que el mismo que dice que habéis de tener trabajos y tentaciones, éste mismo os promete de estaros al lado, y ayudaros en la batalla, y coronaros después de la victoria: Con él estaré en la tribulación, lo libraré y lo honraré (Sal 90,15). Desde el principio del mundo acá, entiende el demonio en estorbar a los buenos y desencaminarlos, por sí mismo, [o] por sus miembros, que son los malos, [los cuales] siempre persiguen a los buenos. Allá en el paraíso, ¿la serpiente no vino a tentar a nuestros primeros padres? Y no solamente los tentó, pero aún los derribó. ¿Caín no mató a su hermano, porque era bueno y agradaba a Dios? ¿Esaú no perseguía a Jacob? ¿José no fue vendido por sus hermanos? ¿Saúl no persiguió a David? ¿El demonio no dijo a San Martín: «Adonde vayas el diablo te perseguirá»? ¿Y Cristo no desengañó a sus discípulos que en el mundo tendrían tribulaciones? (Jn 16,33). Mas [luego añadió]: Confiad yo tengo vencido al mundo. [Como si les dijera]: «Confiad, que yo estaré [a vuestro] lado, y con tan buena ayuda no desmayéis, que ya nos hemos probado el mundo y yo, [y] yo le he vencido». Pero quisiera yo saber [cuál] es la causa [por la] que Dios permite esta guerra entre los buenos, y el mundo, y el demonio. ¿No valiera más caminar seguramente por el camino de la virtud?... No, que por ser esto lo que más nos cumple, por eso lo permite Dios. Primeramente, [para] que no estuviésemos descuidados, ni fuésemos negligentes. El que sabe que tiene enemigos está sobreaviso, no se descuida un punto de lo que le cumple; [en cambio], el que no les tiene, vive descuidadamente. Y después, para que, peleando varonilmente, merezcamos recibir de mano de Dios la corona de la victoria. [Dice Santiago]: Bienaventurado aquel hombre que sufre la tentación, porque después que fuere probado, recibirá la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le aman (St 1,12). Y San Pablo: No será coronado el que legítimamente no lucha (2 Tm 2,5). Y Tobías: Lo que tiene por cierto cualquiera que te adora y te sirve es que si su vida saliere aprobada del combate será coronada (Tb 3,21). Advierte [las palabras]: cualquiera que te adora. Porque las tentaciones que acometen a los malos, y las tribulaciones que experimentan, son indicio de las penas que se les esperan. Aquí tienes campo para hablar del provecho de las tentaciones y tribulaciones. Para lo cual se puede [consultar] la Suma de las virtudes y de los vicios de Guillermo Peraldo . 7.- En cuanto Jesús, llegado al desierto, ayunó cuarenta días y cuarenta noches, después sintió hambre (Mt 4,2). Puesto el Señor en el desierto, entonces el tentador se acercó a tentarle, para que en la obra del ayuno se manifestara no ser inferior a Moisés y Elías, que fueron cabeza de los profetas. Con el cual ayuno, a toda [clase de] abstinencia excedió [Cristo], aún a la de San Juan Bautista. [Y] ayuna, habiendo de predicar, para instruir así a los predicadores. Una de las mayores ocasiones que tiene el demonio para tentar a una persona es cuando ve tiene una necesidad. ¿Qué hace quebrarse el cuello a muchas mujeres? La necesidad. ¿Qué [cosa mueve] a usar de contratos ilícitos? La necesidad. Saca de ahí dos cosas. La una es la obligación que tenéis de socorrer a los pobres y gente [necesitada], [para] que su necesidad no sea parte de que hagan lo que no deben . Que si estáis obligados a dar limosna al que está en la necesidad de perder la vida del cuerpo; sin comparación estáis más obligados al que está en necesidad, [hasta el punto] de perder la del alma. 8.- Lo segundo [que de aquí se saca es que], aunque os viéredes en [suma] necesidad, aunque penséis [que vais a] perder la vida, no hagáis lo que no debéis. Acordaos de que es consejo del demonio lo contrario, y un enemigo tan capital no os enseñará cosa que os cumpla. Ya que tenéis perdida la hacienda, o la honra, no perdáis juntamente a Dios, que teniéndole a él, él os proveerá, que es fuente de todo bien. Y si no lo hace, entended que esa afrenta en que estáis, esa pobreza, es lo que más os cumple; porque si una hoja del árbol no se mueve sin su voluntad, tampoco pasaría eso por un siervo suyo, si él no lo ordenase. Pensad que si, perdiendo a Dios, alcanzáis todos los bienes del mundo, [a la postre] no tenéis nada. Vendrá la muerte y hallaros heis vacío y para siempre burlado.

9.- Acercándose el tentador, en apariencia de hombre (porque acercarse es un movimiento progresivo de aproximación), le dijo ex abrupto: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes (Mt 4,3). Con palabras compuestas, alegando la necesidad del pan para el sustento, concluyó: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Su intención era saber si era verdadero Hijo de Dios, porque sólo es Dios el que con su palabra es poderoso para mudar la naturaleza de las cosas.

Di que estas piedras se conviertan en panes. El Salvador, como si no lo conociera, le respondió: Escrito está: «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4). Palabras que también dijo Moisés al pueblo con ocasión [de] que les había de dar una instrucción, cuando les dio Dios el maná para comer (cfr. Dt 8,3).

De toda palabra que sale de la boca de Dios, o de la que Dios dice ser comida del hombre. Con esta respuesta, quedó el demonio confundido, el cual pidió que las piedras se vuelvan en pan. [Pues] sabed, que aún no se le ha acabado el hambre al Señor, que aún tiene hambre de nuestra salvación. No seáis, por reverencia de Dios, como el diablo, que le puso piedras delante. No seáis duros, no estéis pertinaces; ablandaos a hacer penitencia, y seréis manjar de Dios. El manjar se convierte en la sustancia del otro. Así vosotros, si os ablandáis [por] la penitencia, seréis una misma cosa con Dios. [Dice San Pablo]: Quien está unido con el Señor, es con él un mismo espíritu (1 Co 6,17).

10.- Entonces el diablo lo llevó consigo a la ciudad santa (Mt 4,5). El Espíritu Santo le llevó al desierto, y el demonio le vuelve a la ciudad; para que entendáis que el Espíritu Santo es el que os inspira a que huyáis del mundo, y el espíritu malo el que os tienta para que volváis a él.

Lo llevó consigo. ¿Cómo? ¿Cargóselo a cuesta? No es de creer, aunque, como dice San Gregorio , no es inconveniente que [Cristo] se dejase tocar por el demonio, pues se dejó crucificar [por] sus miembros, que fueron los malos. Tomóle, creo yo, de la ropa, y díjole: «Andad acá, Señor; vámonos a la ciudad». Y porque es costumbre de los buenos ir luego al Templo, a lo primero consintió [Cristo] al demonio. Fueron allá, y subieron al lugar más alto del Templo. ¿Qué pensáis que no lleva el diablo a muchos a la Iglesia? [A] los que van por deleitarse en mirar a las mujeres, el diablo los lleva; [a] los que van allí a hacer sus [negocios] , el diablo los lleva; [a] los que van al Templo y quieren ser del estado eclesiástico por subir, por valer y por ser ricos, el diablo los lleva.11.- Cuando le tuvo allí, le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: «El dará orden a sus ángeles para que te custodien» (Mt 4,6). Éste que es Hijo de Dios, hecho hombre, ¿podrá ser vencido por la vanagloria? Siempre que el demonio os tentare para que hagáis una ofensa a Dios, por más provechoso que os parezca lo que os dice, por más gloria que, os parezca, que de allí se os ha de seguir, pensad que os aconseja que os echéis de una torre abajo; pensad que os incita a que deis con vos en un abismo tan hondo, que si la mano de Dios no os saca, nadie os podrá de allí sacar. Persuade el demonio a Cristo que muestre su gloria delante del pueblo, pero a costa de echarse del Templo abajo. Tomad de aquí [un aviso], que da San Ambrosio para todas las tentaciones: Descubramos los fraudes del diablo en esta lectura, o en otras profecías, para que aprendamos a precavernos de sus malas artes. Es conveniente conocer sus tentaciones, no para secundarlas, sino para que, como doctos e instruidos, sepamos evitarlas . 12.- También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios» (Mt 4,7). Eso es tentar a Dios, buscar milagros donde no hay necesidad. «Yo puedo bajar,[viene a decirle Jesús], por donde habemos subido. ¿Qué necesidad hay, para bajar, de hacer un nuevo milagro?» [Con] esta respuesta, quedó el demonio en la misma duda que antes. Y visto que no podía sacar rastro de lo que buscaba: De nuevo lo lleva consigo a un monte muy alto (Mt 4,8). En decir el evangelista que de nuevo, [esto es], otra vez el demonio llevó a Cristo, muestra claramente que ésta fue la tercera tentación, aunque San Lucas la cuenta [como] segunda (cfr. Lc 4,5), porque no tuvo respecto sino [de] contar las tentaciones, y no el orden con que fueron hechas. Y le mostró allí todos los reinos del mundo (Mt 4,8). Allá está Francia, allá Italia. En tal tierra hay abundancia de oro, en tal piedras preciosas, etc. Y díjole: Te daré todas estas cosas si, postrado en tierra, me adoras (Mt 4,9). [El demonio] había probado por dos vías si [Cristo] era Hijo de Dios, y viendo que su trabajo había sido en vano, tiéntale [por] el mayor de todos los pecados, que es la idolatría. No porque piense que lo ha de hacer, siendo un hombre, como él lo miraba, de muy grande santidad. Bien sabía el demonio que nadie viene de una vez perfectamente a ser bueno, ni a ser del todo malo, sino que poco a poco viene un hombre a perfeccionarse, y también poco a poco a endurecerse y a determinarse a hacer grandes pecados. Por eso hay que tener gran cuidado de no caer en la costumbre de pecar, porque poco a poco vendréis a no sentir, ni echar de ver cuando cometiéredes muy grandes pecados. [Se dice en los Proverbios]: De nada hace ya caso el impío cuando ha caído en el abismo de los pecados (Pr 18,3). Tienta, pues, el demonio a Cristo de tan gran pecado [el de idolatría], y dale a entender que es el demonio, para provocarle a que le dijese: «¿Yo tengo que ser adorado por ti, y tú me dices que te adore a ti?» [De esta manera llegaría a saber] lo que deseaba. Pero no hay sabiduría, no hay prudencia, ni consejo contra Dios, del cual dice Job: Dios prende a los sabios con las mismas redes de ellos, y desvanece los designios de los malvados (Jb 5,13). [Por eso] responde el Señor de manera, que no pueda [el demonio], de su respuesta, sacar lo que desea. Retírate, Satanás, -le dice- porque escrito está: «Adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás» (Mt 4,10). Hase descubierto que es el demonio, y [Cristo] no quiere más plática con él. De aquí tienes doctrina contra los que consultan [a los] adivinos. Satanás es nuestro contrario, que siempre es adverso a nuestra salvación. [Por eso]: Retírate, Satanás, adonde [ya] no puedas oponerte más [a mis propósitos]. Pues está escrito: «Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás». Los gulosos adoran a su vientre, [como] a dios: Cuyo dios es el vientre (Flp 3,19). [Por lo tanto, herma-nos,] ayunad en este tiempo todos los de veintiún años arriba, pues estáis obligados al precepto eclesiástico, si no estáis legítimamente impedidos. Comeréis una vez al día, y esto no para ahorrar vuestras haciendas, sino para dar al pobre lo que se había de gastar en la cena y [en] las colaciones ligeras.

13.- Entonces, el diablo le dejó (Mt 4,11), hasta el tiempo de su Pasión. [Hermanos], estad sobre aviso, que si a Cristo se atrevió el demonio, mucho más se atreverá contra vosotros, que tantas veces estuvisteis bajo su dominio.

Y se acercaron los ángeles y le servían (Ibíd.). No uno solo, sino muchos. Pero para que esto quedara oculto al demonio, le servían los ángeles como a un amigo o siervo de Dios. Y así, [aquél] quedó en su duda. Nota, que el demonio puede estar dudoso en las cosas sobrenaturales, aunque no en las cosas sujetas a su natural conocimiento. [Esto da a entender] la letra [del texto].14.- De este Evangelio sólo quiero sacar una cosa en limpio, y es cuán mal hace un alma que hace un pecado mortal. No es nada perder la hacienda, ni la salud; no es nada perder los amigos; no es nada perder la honra; no es nada perder la vida. Todos estos males no son males, si se cotejan y se comparan con el mal que recibe un hombre cuando hace un pecado mortal. Y [para] que entendáis cuán gran verdad es esto que os digo, y os desengañéis, si hasta aquí habéis sentido lo contrario, quiero que advirtáis que, dado que el demonio en sus tentaciones pretendiese certificarse de la duda que tenía, pero juntamente con esto, [tanto] en las tentaciones de Cristo [como] en las de los cristianos, [lo que] pretende [es] inducirlos a algún pecado, por razón del cual sean semejantes a él. Y así, aunque el demonio quite a uno la salud, y la vida, etc., no tiene nada, no ha hecho nada, si no recaba con sus tentaciones que haga un pecado mortal; porque todos los otros daños que a una persona puede causar, le sirven para que éste tal tenga mayor corona y mayor premio en el cielo. Y así decía David: Sobre mis espaldas araron los pecadores y trazaron sobre ella largos surcos de iniquidad (Sal 128,3). Pero cuando [el demonio] le derriba en un pecado, entonces le tiene ganado, entonces le tiene de su parte, entonces se tiene por victorioso. Si hubiese aquí un hombre muy enemigo de otro, tanto que no hay mal que no le hiciese, y le viniese a las manos, verdaderamente que el daño que le procuraría [sería] el mayor. [Pues bien], el mayor enemigo que tenemos es el demonio, [y] el daño que éste más nos desea y más nos procura es que estemos en pecado. Más que enfermedades, más que pobreza y más que deshonra, éste es el mayor mal, ésta es la mayor pobreza, éste es el mayor daño y ésta es la mayor deshonra que un hombre puede tener. ¡Oh malaventurado pecador! ¿Y cómo te puedes ver alegre? Si estuvieses ciego de los dos ojos, ¿no estarías triste? ¿Y lo mismo si privado de otro cualquier sentido? Pues, ¿cómo te puedes ver alegre estando en pecado mortal, que es un mal mayor, que si fueses ciego? ¿Por qué, pensáis, que [el demonio] causó en Job tan grandes [intranquilidades]? . Para hacerle caer en el pecado. Luego [lo que] más quería [era] verle en pecado, [y] todo lo ordenaba [a ese fin]. Sabe el demonio que por ninguna cosa, sino ésta, hacemos asco a Dios. ¿Sabéis cuánto? [Tanto que], tras haber muerto por nosotros, si no procuramos curarnos de este mal, nos echará a lo profundo del infierno.

Esta cura, señores, consiste en el sacramento de la penitencia; ésta es la medicina. ¡Oh, cuánto la debes procurar! Si estuviésedes ciego y a cien leguas de aquí estuviese una hierba con que pudiésedes curar, ¿cómo no la buscaríades? Pues no es menester ir cien leguas, ni cincuenta. Yo os la mostraré para que sin salir de vuestro pueblo la halléis. Plegue a nuestro Señor de darnos [su] gracia para haberla de tomar. Y yo os aseguro que obrando así obtendréis la gracia en la presente vida y la gloria en la futura, que a mí y a vosotros os deseo, etc.

Sermón 2º

«Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto» Mateo 4,1 1.- En toda verdad podemos decir que el primer desierto donde el Hijo de Dios hizo su morada, fue la Virgen soberana. Desierto de pecados, desierto de honras terrenas, desierto de amor del mundo, desierto muy ameno y muy deleitable. Éste es el desierto [del] que decía Isaías: El Señor convertirá sus desiertos en lugares de delicias, y su soledad en un jardín amenísimo (Is 51,3). Tiempo vendrá [en] que criará Dios un desierto donde se hallen todos los placeres y deleites del cielo. Una soledad que sea como un huerto del Señor, plantado de árboles del cielo, donde sólo Dios venga a descansar. Y si queréis saber lo que habrá en este desierto y soledad, [escuchad lo que sigue]: Allí será el gozo y la alegría, el hacimiento de gracias y las voces de alabanza (ibíd.). Hallarse ha en este desierto de la Virgen soberana gozo y alegría, porque no hubo pecados que la entristeciesen. Hallarse ha gratitud y conocimiento de los beneficios de Dios: Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí (Lc 1,49). Hallarse han voces de alabanza, cuando diga: Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc 1,46). Pues a este desierto fue traído el Hijo de Dios, no por manos de José, como falsamente dicen los judíos; ni por manos de ángeles, porque no son bastantes para ello; sino por el Espíritu Santo: él le trajo a este desierto. El le vistió allí de carne; él le hizo hombre, para poder ser tentado, porque siendo Dios no podía serlo. Trájole a este desierto para que, hecho hombre, pueda ser tentado como hombre, y padecer hambre como hombre. Trájole a este desierto para que, plantado este árbol en él, se hallen en este desierto frutos de misericordia para los pobres [y] frutos de gracia para los pecadores, siempre que lo pidiéremos, diciendo: Ave María. 2.- Fue llevado el Hijo de Dios al desierto por manos del Espíritu Santo, que, en cuanto hombre, le regía y gobernaba. Y el fin de esta ida fue que el demonio le tentase. Y como hubiese ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo después hambre. Y entendiendo el tentador que tenía hambre, llegóse a él y díjole: «Mira, si eres Hijo de Dios, potencia tienes para hacer lo que quisieres. Manda a estas piedras que se conviertan en pan para que comas». Respondióle Cristo: «Ya sabes que está escrito que la vida del hombre no solamente se sustenta con pan, sino que es bastante la palabra que procede de la boca de Dios para sustentar a un hombre muchos años sin comer»: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4,4). Entonces el demonio llevóle a la Ciudad Santa de Jerusalén, y pónele encima del pináculo del Templo, y dícele: «Mira, si eres Hijo de Dios, échate de ahí abajo; ya sabes que el profeta David escribió de ti, que Dios mandaría a sus ángeles para que te sirviesen. Ellos te tomarán en sus manos y te llevarán en volandas, y la menor piedra del mundo no enojará a tus pies». Dícele Jesús: «Ya sabes también que está escrito, que ninguno puede tentar a Dios. Eso haría yo si, habiendo escalera para descender, como la hubo para subir, me echase de aquí abajo, como tú me persuades»: No tentarás al Señor tu Dios (Mt 4,7). [Luego], tórnale el demonio a persuadir que venga con él, y llévale a un monte muy alto, de donde se descubrían todas las tres partes del mundo -Asia, África y Europa-, y muéstraselo todo, y dícele: «Ya ves tantas tierras y reinos como de aquí parecen. Sepas que todo te lo daré, solamente por que te hinques de rodillas y me adores». Entonces díjole Cristo: «Vete de aquí, Satanás tentador. ¿Y tú no sabes que está escrito que sólo Dios debe ser adorado y no otro ninguno? Pues, ¿cómo te atreves a decirme que te adore?»: Retírate, Satanás, porque escrito está: «Adorarás al Señor tu Dios, y a él sólo servirás» (Mt 4,10). Entonces vase el demonio, ángel malo tentador, y llegáronse los ángeles buenos, y empiézanle a servir. No hubo mesas de Tracia, labradas a las mil maravillas, ni bajilla de oro ni plata, ni ricos manjares, sino una muy pobre comida. 3.- Sentencia es del Apóstol San Pablo que ninguno puede gozar de la corona por sus trabajos, si no los lleva hasta el fin: El que combate en la palestra no es coronado si no lidiare según las leyes (2 Tm 2,5). Porque, como dicen: «Al fin se canta la gloria». Enséñate a ti Cristo que ayunes en la cuaresma, [y] si quieres que tu ayuno sea coronado en el cielo y recreado con la presencia de Dios, [has] de vencer al mundo, menospreciando las honras y riquezas, [y] poniendo tus tesoros en el cielo. Enséñate también, cómo has de vencer la carne y tu propia sensualidad, perdonando a tus enemigos, haciendo bien a los que te aborrecen, y rogando por los que te persiguen. Hoy te enseña [también] cómo has de vencer al demonio. [Y] para esto entra hoy en el desierto; [y] para eso ha querido padecer hambre: solamente para mostrarte [cómo] vencer a este enemigo. No a fuerza de brazos, porque [él] podrá más que tú: Pues no hay poder sobre la tierra que pueda comparársele (Jb 41,24); no con disputas, porque es más sabio que tú; sino con solas [las] palabras del Espíritu Santo, que son de tanta potencia, que el demonio no las puede resistir. Y así no osó más replicar [a Cristo], porque la palabra le ataba de tal manera de pies y de manos, que no tuviese qué responder. Grande es la conquista del mundo, [y] mayor la de la carne; mas comparadas a la del demonio, muy pequeñas son; tanto, que dice San Pablo: No es solamente nuestra pelea contra la carne y la sangre -porque ésta es muy fácil de vencer-, sino contra los príncipes y potestades de las tinieblas (Ef 6,12). Por tanto, el Hijo de Dios, en su propia persona, ha querido entrar hoy en [el] campo [de batalla] a enseñarnos con obras cómo habemos de vencer y triunfar de este enemigo, para que tengamos segura la corona.4.- Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto. Algunos han querido dudar y poner a disputa, qué Espíritu es éste que ha llevado al Hijo de Dios al desierto: si el que le [iba] a tentar, o el Espíritu Santo. Entre los verdaderos y católicos cristianos no tiene lugar esta cuestión, pues sabemos que el que le lleva es el Espíritu Santo que le trajo al mundo. Éste es el que le lleva al desierto, como lo había dicho mucho antes el profeta David, en persona de Cristo: Tu Espíritu que es bueno me guía por tierra llana (Sal 142,10). Padre mío, ya sé que vuestro Espíritu bueno y santo será el que me lleve a la tierra recta del desierto, [como] Jacob, que envió a José al desierto. Mas veamos, Espíritu Santo, ¿para qué lleváis a este Dios al desierto? ¿Lleváislo acaso como rey y emperador? ¿Lleváislo a guardar ganado como buen pastor? ¿Lleváislo al desierto para que se recree, pues hasta treinta años ha trabajado en casa de sus padres? No, nada de eso. No lo llevo sino para que sea tentado. ¡Oh Hijo de Dios! ¡Qué buen guía lleváis! ¡Qué padrino tan fiel! Yo [estoy seguro] de que no os perderéis y que saldréis con la victoria. Veamos, los que van al desierto a entrar en desafíos y vengar sus injurias, ¿qué espíritu les lleva, si es el Espíritu bueno del Señor, o el malo?... Dime, hermano, cuando vas al desierto desafiado, ¿tienes cierta la victoria? Padre, no. ¿Crees que así como tú puedes matar a tu enemigo, él también te puede matar a ti? Padre, sí. Luego ir tú al desierto no es otra cosa, sino ir a morir. [Y] dime, pues que vas a la muerte, ¿haces testamento? ¿Ordenas tu alma? ¿Confesaste primero? ¿Recibes los sacramentos? Padre, eso no, ni por pensamiento. No voy a morir por la fe, sino por el mundo; no voy a defender la honra de Dios, sino la mía; no voy a morir por Jesucristo, sino por el demonio. Pues luego ten por cierto que no te lleva el Espíritu Santo, el Espíritu bueno de Dios. No te lleva sino el demonio. [A] éste tomas por padrino, a éste sigues como a capitán. Pues, malaventurado de ti, ¿qué esperas alcanzar con tal guía y ayuda, sino que, si vences a tu enemigo, quedas tú vencido en el Juicio de Dios para el fuego eterno? Si el enemigo te vence, quedas en el mundo sin honra, y en el cielo sin gloria; porque si en este desierto mueres sin arrepentirte de haber entrado en él, para siempre quedas desterrado del cielo y condenado al desierto del infierno, donde todo está sin orden y habita en él un caos y un horror sempiterno (Jb 10,22). 5.- No son lícitos semejantes desafíos, ni se permiten en la ley de Jesucristo, ora sean por manifestar alguna verdad, o por mostrar las fuerzas [de] que es un hombre valiente, o por librarse de alguna afrenta que le han hecho. Siempre es pecado mortal. Ni siquiera el rey los puede conceder contra la caridad y la ley de Cristo. Pues si esto es así, guárdate de entrar en este desierto, si no quieres ser privado de la corte del cielo y llevado al desierto perpetuo del infierno. No entres en este desierto, si no quieres ser privado de sepultura eclesiástica. No vayas al desafío, donde no te puede acompañar el Espíritu Santo, sino el espíritu malo del demonio y Satanás. El Hijo de Dios entra en campo [de batalla] guiado [por] el Espíritu Santo, porque trae justa batalla contra el demonio, que tenía tiranizado al género humano. No entra [en] campo a vengar sus injurias, sino las de su Padre. No entra en campo movido de pasión, sino regido [por] el Espíritu Santo.6.- Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio. Este es el fin de su ida: para ser tentado por el demonio, para que experimentase todas nuestras miserias. Había experimentado nuestra pobreza, nuestra hambre, nuestros trabajos, nuestra sed. No le quedaba sino experimentar las tentaciones y molestias que los buenos padecen del demonio, para que, con mayor misericordia, se doliese de nuestras miserias, como dice San Pablo: No es tal nuestro Pontífice, que sea incapaz de compadecerse de nuestras miserias, habiendo experimentado todas las tentaciones y debilidades, a excepción del pecado (Hb 4,15). Porque se hizo semejante a nosotros, por eso ha sido tentado [en todo], mas sin pecado, como dice San Gregorio: Pudo ser tentado por sugestión, pero su mente no fue carcomida por el deleite del pecado , porque era Dios, en quien no puede caber pecado. 7.- Las primeras armas que toma el demonio para vencer al Hijo de Dios es el pecado de la gula, como quien estaba diestro en ellas, y había alcanzado con ellas grandes victorias. Con éstas venció a Adán en el paraíso terrenal; con éstas venció a Esaú, haciendo que vendiese la primogenitura por una escudilla de lentejas; con éstas a los hijos de Israel, cuando sentóse el pueblo a comer y a beber, y levantáronse a danzar en torno al becerro de oro (1 Co 10,7); [y] con éstas vence y triunfa de los grandes y señores en los banquetes y comidas, pues, con éstas, en semejantes días, les despoja del mérito del ayuno, haciéndoles quebrantarlo con mil falsas ocasiones. ¡Oh, a cuántas doncellas ha privado de la dote de la virginidad! ¡A cuántas casadas de la honestidad conyugal! ¡Y a cuántas viudas de la honra viudal, con las armas de la gula! Y así, como aquel que a tantos había derribado con semejante espada, pensó con el primer golpe dar con [Cristo] en tierra, diciéndole: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes (Mt 4,3). Mas, como se tornaba con otro más diestro que él, recíbele el golpe en el escudo de la Sagrada Escritura, y dícele [Cristo]: Escrito está: «No sólo de pan vive el hombre» (Mt 4,4). [Como si le dijera]: «Te engañaste, [tentador], que para sustentarse el hombre no es necesario el pan. Poderosa es la palabra de Dios para hacer los efectos que el pan había de tener». [Así] lo vimos en hijos de Israel, que los trajo Dios cuarenta años por el desierto sin que comiesen bocado de pan; y [en] muchos santos que con hierbas pasaban su vida, porque no sólo de pan vive el hombre. Ea, pues, ricos y poderosos, que no os contentáis con un manjar y otro, y otro, sino que buscáis mil regalos, no para el alma, sino para el cuerpo; no para el cielo, sino para la tierra. Mirad que os dice Jesucristo que no sólo de pan vive el hombre, que aún [el] pan no es menester, y vosotros gastáis la mitad de vuestras haciendas en sustentar esos cuerpos terrenos, manjar de gusanos. Pues oíd la amenaza de Dios por el profeta Amós: ¡Ay de vosotros, los que nadáis en la abundancia en medio de Sión, y los que vivís sin ningún recelo en el monte de Samaria; de vosotros, oh magnates principales de los pueblos, que entráis con el fausto en las juntas de Israel! (Am 6,1). 8.- ¡Oh Hijo de Dios! Pues vuestra palabra es bastante para dar de comer a los hombres, mirad, Señor, que hay muchos pobres que mueren de hambre. Hablad una palabra en el corazón de los que tienen los graneros llenos de trigo y los silos colmados, dadles una voz, aterradles con [el] castigo eterno que los ha de castigar, si no socorren a los pobres, que yo sé que esta palabra será bastante para que los pobres vivan, porque no sólo de pan vive el hombre. Nota cuán necesaria nos dice que es la palabra de Dios para la vida del alma, que así como el pan material sustenta el cuerpo y le da vida, así la palabra de Dios da al alma. Mira cuán eficaz es la palabra de Dios9.- La segunda arma de [la] que [el demonio] ha echado mano [para tentar a Cristo] ha sido la vanagloria. Viendo que tan diestramente Cristo se había defendido de la gula, que es pecado carnal, echó mano de armas espirituales, que hieren [al alma] tan delicadamente que muchas veces la matan sin sentirlo. ¡Oh, cuántos hay que hacen obras heroicas y excelentes, que dan gran resplandor delante de los hombres, que parece que proceden de un alma viva, y [sin embargo] la vanagloria la tiene muerta y postrada en tierra! Piensa bien el fariseo [al creer] que, con ser casto, con ser justo y con ser abstinente que su alma estaba sana; [pero] no sentía la espada de la vanagloria [con] que el demonio le había atravesado el alma, porque, [como dice San Agustín], a través de las buenas obras se muestra insidioso para que perezcan las almas , [y] allí se pone en celada . Por tanto, ahora, se ha querido aprovechar de estas armas, diciéndole: Échate abajo desde este pináculo del Templo. Y si quieres ver cómo dora esta espada, cómo encubre el golpe, mira que dice: Está escrito que Dios dará órdenes a sus ángeles para que te custodien. [Como si le dijera]: «Bien te puedes echar sin temor de hacerte mal, porque Dios tiene mandado a sus ángeles que te lleven en volandas y que no te hagas ningún mal: Échate abajo». ¿Veis cuán encubierta espada? ¿Quien pudiera sentir este golpe, cubierto bajo la autoridad de la Sagrada Escritura, [como] si Dios lo tenía mandado así? Pero, [se dice en los Proverbios]: En vano se tiende la red ante los ojos de los pájaros voladores (Pr 1,17). No hay engaños contra Dios, ante cuyos ojos todas las cosas están desnudas y patentes (Hb 4,13). Y así, [Cristo], antes de que [el demonio] descargase el golpe, sintió lo que venía encerrado [en él], y escúdase con la misma Escritura, como lo hizo antes, [diciéndole]: También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios». ¿Cómo, Señor, que será tentar a Dios echaros de ahí abajo? Sé que no peligrará vuestra vida, pues sois el autor de ella; ni la vanagloria os privará de la corona de la gloria, porque no buscáis la vuestra, sino la del Padre. [Sin embargo], yo os digo que será tentar a Dios, pues habiendo escalones por donde subir, no tornar a bajar por ellos, es tentar a Dios. Pues, si el Hijo de Dios tiene por tentación de Dios esto, dime tú, pecador, ¿cómo no piensas [que es] tentar a Dios ponerte en mil peligros, teniendo mujeres sospechosas en tu casa, y digas que vives santamente? Yo te digo que [así] te echas del pináculo de tu honra [a] lo bajo del infierno, y que si no bajas por donde subiste, que te harás pedazos la cabeza. Quiero decir que, si públicamente metiste la manceba en tu casa, que es menester que por los mismos escalones desciendas, echándola públicamente; y que, si públicamente escandalizaste a tu prójimo, públicamente le desescandalices.10.- Dime, ¿hay mayor tentación de Dios que encerrarte tú de noche en tu casa con una mujer, que todos saben que ni es tu hermana, ni parienta? ¿Hay mayor tentación que gastar tu hacienda, con título de limosnas, y frecuentar su casa? Todo esto es despeñarte del pináculo de tu honra, aunque lo hagas más santamente que lo puedas hacer. Como dice San Agustín: Quien, apoyándose en su conciencia, descuida su fama, es un hombre cruel , que desde el pináculo del Templo se despeña. [Por eso, cuando venga la tentación] responde con Cristo: No tentarás al Señor, tu Dios. Mira que es espada muy sutil y que mata sin sentir. No te podrás defender de ella, sino con este escudo.11.- La tercera arma que toma el demonio en este desafío es la avaricia. Espada tan afilada, que poquitos son los que no se rinden a ella. [Dice el Sabio]: Todo obedece al dinero (Ecl 10,19). Y así como arma tan fuerte, [el demonio] la ha guardado para la postre. Y para llevar a Cristo más de vencida, súbele a un monte muy alto y muéstrale todas las ciudades del mundo, [con] la gloria y pujanza de ellas. [Y] para más atraerle a sí, descarga sobre Cristo un grandísimo golpe, y dice: Te daré todas estas cosas si, postrado en tierra, me adoras. Mira cuán en poquito tiene el demonio todo cuanto hay en el mundo, pues para que le adore no más de una vez, se lo promete todo. En más tiene el demonio tener sujeta [una] sola alma a su voluntad, y tenerla privada de Dios, que todos los reinos del mundo [y] toda su gloria [y] fama. [Se dice en el Génesis]: Dame las almas, todo lo demás quédatelo (Gn 14,21). [Por eso] dice a Cristo: Te daré todas estas cosas si, postrado en tierra, me adoras. Pues mira [cómo se esfuerza el demonio] con todas sus fuerzas [por alcanzar] lo que tanto desea. Por [eso] San Pedro, como buen pastor, trabaja [para] que no te duermas, [cuando dice]: Hermanos, sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar (1 P 5,8). Y San Juan en el Apocalipsis: ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo bajó a vosotros, lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo (Ap 12,12). 12.- Te daré todas estas cosas si, postrado en tierra, me adoras. No se contentó [el demonio] en decir: Si me adoras; sino: Si postrado en tierra; porque todos sus estudios fueron ver al Hijo de Dios postrado a sus pies. Por eso ha traído tantos rodeos, para ver si le haría hincar las rodillas delante de él. Pensó alcanzar en la tierra lo que no pudo alcanzar en el cielo. Allá quiso ser semejante a Dios (cfr. Is 14,14); pero en la tierra no se contentó con ser igual [a él], sino [que quiso ser] superior, pues pide le adore. Este golpe [lo] recibe [Cristo] en el [mismo] escudo que los otros, diciendo: Retírate, Satanás, porque escrito está: «Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás». Pluguiese a Dios que hoy se verificase esta doctrina en los cristianos; que ellos adorasen a sólo Dios. Ya que los gentiles adoran las criaturas, que tú, cristiano, adorases y sirvieses a tu Criador. Mas, unos adoran las honras, otros las riquezas, otros los placeres carnales [y] otros las estrellas.13.- Cuenta el profeta Ezequiel (cfr. Ez 8,3 y ss.) que, estando un día en Babilonia, vino el Espíritu de Dios y tomóle como en volandas, y llevóle al Templo de Jerusalén. Y entrando que entró, dícele Dios que levante los ojos. Levántalos y pregúntale: «¿Qué ves?» [Y] responde: «Señor, veo un gran ídolo encima de la puerta con un letrero que dice: El ídolo del celo». ¿Qué te parece de semejante abominación? Pasa más adelante, y ve un agujero en la pared, y dícele Dios: «Profeta, ¿qué ves?»... «Señor, veo un agujero en la pared». Pues toma un pico, y cava, y haz una puerta por donde puedas entrar. Hácelo así y vio dentro [otra] puerta. Y mandóle Dios que entrase dentro, y halló por las paredes pintados muchos animales, y [a] los viejos ancianos todos, con sus incensarios en las manos, adorando aquellos animales que allí estaban pintados y ofreciéndoles incienso. Y dícele Dios: «¿Qué te parece? Pues verás más». Y entra por otra puerta y halla un coro de mujeres, todas enlutadas, que lloraban la muerte de un mancebo llamado Adonis. Llévale [luego] Dios al Sancta Sanctorum, y halló a 25 viejos, vueltas las espaldas al altar, que estaban adorando al sol. ¿Veis cuántos cristianos hay en la Iglesia que no adoran a sólo Dios? ¿Quién es el Templo de Salomón, sino esta Iglesia militante, esta unión de cristianos? ¿Quiénes son los que adoran a este «Ídolo del celo», sino los caballeros que celan tanto su honra, que la adoran como a dios, dándole toda la honra que habían de dar a Dios?... ¿Quiénes son los que adoraban los animales pintados, sino los avaros que adoran las figuras [grabadas en] los ducados y reales? [Ésta es, decía San Pablo], la servidumbre y el culto a los ídolos (Ga 5,20). Las mujeres que lloran a Adonis, mancebo deshonesto y desvergonzado, son los carnales que más lloran y se afligen porque no pueden cumplir sus deseos, que por haber ofendido a Dios. Los que adoran al sol, son los adivinos y supersticiosos, que más cuenta tienen de la influencia y virtud de las estrellas y [del] sol, que no con la potencia de Dios. ¡Oh, cuán poquitos son los que adoran a sólo Dios! La pena de éstos será, [como dice Ezequiel], que Dios no usará de misericordia con ellos, y por más que levanten el grito para que los oiga, él no los escuchará (Ez 8,18). Por tanto: Adorarás al Señor, tu Dios.

14.- De esta manera venció el [desafío] el Hijo de Dios, y quedó la victoria por suya. David fue figura, que venció al filisteo con tres armas: con [el] cayado, con [la] onda y [las] piedras, y salieron a recibirle las doncellas.

Entonces se acercaron los ángeles y le servían como a triunfador. Los ángeles le [suministraron], no piedras duras de corazones obstinados, como lo hacen los envejecidos en sus pecados; no le hacen plato de vanagloria, como los soberbios; no le sirven con apetito de riquezas, como los avaros. No le dan de comer sino de sus propias voluntades, que es el manjar que el Hijo de Dios desea comer. Con esto le sirven, sujetándose a él y reconociéndole por su Dios y Señor.15.- Esta victoria, esta batalla del demonio con Cristo, la enseñó mucho antes el profeta Zacarías, que dice que vio a Jesús, Gran Sacerdote, vestido de unas ropas sucias, y que Satanás estaba a su derecha [para] contradecirle (cfr. Za 3,1 y ss.). ¿Quién es ese Gran Sacerdote, Jesús, sino el Hijo de Dios, del cual dice su Padre: Tú eres sacerdote eterno? (Hb 5,6). A éste ve el profeta el día de hoy vestido de ropas sucias. Y, ¿cómo las podía tener limpias el que dormía en tierra y conversaba con las bestias?... Vivía con las fieras, dice San Marcos (Mc 1,13). 16.- Nota que no se atrevió el demonio de tentar a Cristo más de tres veces, porque a [la de] tres va la vencida, [y] porque sabía que en Dios no hay más que tres Personas. En la primera tentación quiso conocer la potencia del Padre. En la segunda, la sabiduría del Hijo. Y en la tercera, la bondad del Espíritu Santo. No le tienta cuatro veces, porque el demonio puede tentar a los buenos al principio de su vida, al medio y al fin. Pasado el fin, segura está la victoria; si allí vences, paz tendrás para siempre. Tienta al principio, [para] que se tornen las piedras en pan, porque la adolescencia en esto entiende, en tornar las piedras duras de las virtudes en pan blando de pecados. Un mancebo con tanta facilidad se traga un pecado mortal, como un bocado de pan. [Tienta] en la juventud, de vanagloria; [y] en la vejez, de avaricia, porque ésta domina a los ancianos.17.- Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, etc. Por este desierto podemos entender la penitencia, lugar desierto de placeres y honras. Aquí es llevado Cristo en sus miembros, que son los cristianos penitentes, por manos del Espíritu Santo, porque no puedes entrar en este desierto si no te lleva el Espíritu Santo, como decía David: Tu Espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana (Sal 142,10), que es la penitencia, que es tierra [llana] donde se guarda la justicia con todos, dando a cada uno lo que es suyo. Aquí te trae el Espíritu Santo, como dice San [Juan] Crisóstomo: No sólo Cristo es conducido al desierto por el Espíritu, sino también todos los fieles que poseen el Espíritu Santo. Y aquí te trae «para que seas tentado», porque cuando te adhieres al servicio de Dios, debes establecerte en el temor del Señor y preparar tu alma para la tentación. Primero para que aprendas que en la pelea se fortifica uno. En segundo lugar, para que el demonio conozca que te apartaste de él definitivamente. Y en tercer lugar, para que disfrutes de una corona mayor . 18.- Fue conducido al desierto de la Pasión, que fue [el] desierto de los judíos que no le reconocieron como Mesías; [el] desierto de la compañía de los Apóstoles, que abandonándole todos huyeron (Mt,26,56); y [el] desierto de los favores del Padre (cfr. Mt 27,46). A este desierto le llevó el Espíritu Santo el Viernes Santo, en el que Cristo, por el Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo para que fuera tentado por el diablo. Aquí le tentó por medio de la paciencia, cuando le ataron a una columna y le dieron tantos azotes, que no le dejaron cosa sana en todo el cuerpo. Aquí le tentó de humildad, cuando le hizo llevar la Cruz a cuestas, entre dos ladrones, por medio de Jerusalén, por donde el domingo antes había pasado con tanta honra. [Y] aquí le tienta de perseverancia, diciéndole [por los judíos]: Que descienda de la Cruz y creeremos en él (Mt 27,42). Mas no le pudo vencer, sino que salió con la victoria, para que nos pueda dar aquí la gracia y después la gloria. Amén.

Sermón 3º

«Di que estas piedras se conviertan en panes» Mateo 4,3 1.- De los ricos caudales de las Indias, sacan piedras preciosas, las cuales, juntamente con sus valores y quilates, las engastan en medallas muy riquísimas los lapidarios. [Así], en el rico caudal de la omnipotencia de Dios, se hallan las piedras riquísimas y preciosas de sus justos, santos y ángeles, como lo dice la Iglesia, hablando [de] la suprema Jerusalén: Tus muros son piedras preciosas . Éstos son los ángeles y los santos, [que] el lapidario, que es el omnipotentísimo Dios, coge [como] piedras preciosas, con las obras de su misericordia, y las engastó en diversas medallas de perfecciones y virtudes. Por eso el maldito ángel, de rabia, se hizo imperfectísimo y quería que todos fuesen como él. 2.- Entre todas estas piedras, la esmeralda es la más rica, [y] ésta es la Virgen MARIA, nuestra Señora. Llámase esmeralda, porque Dios se esmeró y remiró en ella [al] hacerla. La esmeralda es tan verde, que excede [en color a todos los verdes] . Así, esta soberana Virgen, [con] su virginidad y limpieza, excedió a todas las vírgenes, como dice David: Las vírgenes, tus compañeras, van siempre tras de ti (Sal 44,15). Todas vendrás después de ella [y] como capitana llevará la bandera. La esmeralda, [por otra parte], bien acicalada y aderezada, es como [un] espejo donde se ve la cara. Así, la Señora Reina de los ángeles, después que el Espíritu Santo la acabó con la plenitud de la gracia, quedó tal, que quedó como espejo donde se ve Dios, porque nunca se vio Dios en el mundo hasta que ella vino. [Además], la esmeralda tiene [la] virtud de restringir el flujo de sangre. [Por eso], los que sois sanguinolentos y tenéis flujo de pecados, poneos esta esmeralda en [el pecho] y veréis cómo [ella] os estancará el flujo de sangre [de los] pecados. La esmeralda tiene [también] la virtud [de] reforzar el corazón. Pues, hermanos, no desmayemos por entrar en este piélago de penitencia, porque esta perla nos dará el esfuerzo para que nada nos espante ni haga volver atrás. [Por eso], supliquemos a esta Reina santísima y esmeralda, nos quiera esforzar y animar en este camino y jornada, con el esfuerzo de la gracia, pidiéndola con devoción. Y para más obligarla, digamos con el ángel: Ave, María, llena de gracia. 3.- Cuenta el sagrado Evangelio que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo (Mt 4,1). Abrid, hermanos, las bocas, y servíos de vuestras almas, para poder gustar y coger algunos bocadillos suavísimos que Dios os enviará y comunicará por boca de este indigno ministro suyo.4.- El primer bocadillo es [lo] que luego aquí al principio dice: Que fue conducido por el Espíritu. Los doctores dudan aquí si fue llevado por el [espíritu] bueno o por el malo; y tienen razón de dudar. Porque, ¿quién se deja llevar del monte al pináculo [del Templo] por el espíritu malo? No fuera mucho que se dejara llevar del río Jordán al desierto y al monte. Pero al fin concluyen todos [los doctores], y es verdad muy averiguada, que fue el Espíritu bueno, el Espíritu de Dios. Y colígese por lo que dice antes [el evangelista]: que fue a orar, [a] ayunar, a sufrir trabajos y asperezas, y finalmente a hacer penitencia. Y a estas cosas no nos lleva sino el Espíritu de Dios, porque el demonio no nos lleva sino a pecar y a hacer ruindades y pecados. De aquí podéis, hermanos, ver y atender que el espíritu es el que os lleva y guía por los caminos y vías [por donde] andáis. Lo conoceréis claramente si vuestros caminos [van] a [la] penitencia, a ayunar, a orar [y a] visitar hospitales. [Entonces] será el Espíritu de Dios [el que] os guía, como dice David: Tu Espíritu que es bueno me guiará por tierra llana (Sal 142,10). Pero si vuestros caminos [van] a casa de la mala mujer, a la casa del juego donde se reniega, [entonces es] el espíritu del demonio el que os guía y lleva. Procuremos, pues, que nos lleve el Espíritu de Dios, como lo dice Cristo, y es cosa de gran lástima y miseria, no querer llevar delante de todas las cosas al Espíritu de Dios como guiador; y no solamente en las cosas por sí buenas y santas, sino [también] en aquéllas que pueden tener mal suceso. Y [lo peor es que] esto no se haga. Ya lo veis cada día, y tenéis al ojo tan claro, cuántas cosas y cuántos tratos se hacen, sin llamar a Dios que los guíe. 5.- [Por ejemplo]: encárgaos un señor un oficio en sus tierras, [y] lo primero a [lo] que echáis el ojo es ver si podéis en él [interesar] cuatro reales. Ni miráis a Dios, ni miráis si queda con necesidad vuestra mujer, vuestra casa, y, finalmente, no abrís el ojo sino al provecho e interés que podéis ganar. [Otro ejemplo]: Queréis casar una hija, [y] no miráis primero si sería mejor que fuese monja [y] si ella lo quiere, sino cuánto más barato os podéis salir de ella. Ni miráis, ya que la casáis, si es virtuoso y honrado aquél a quien la dais. [Sólo os fijáis en] que tenga buena hacienda, aunque sea mal ganada. [En fin], que no miráis a Dios, sino a vuestro provecho. 6.- De una matrona romana se lee que tenía una hija, y hacíanla dos partidos. Uno de ellos tenía mucha hacienda, pero era muy deshonesto y mal recogido. El otro, era muy honrado y virtuoso, pero pobre. Y dícese que fue a tomar consejo con un filósofo gentil [sobre] cuál tomaría de los dos. Y le aconsejó que al pobre. Y [dícese que] así respondió ella: Prefiero a un hombre carente de dinero, que al dinero carente de un verdadero hombre. Pues mirad qué vergüenza os hacen estos gentiles, [cuando vosotros] no os avergonzáis de esto. [Por eso], mirad cómo os hacéis guiar por el Espíritu de Dios. Veréis a un padre que tiene un hijo [y] dice que querría hacer a éste clérigo. ¿Y para qué? Para vivir con descanso, para que coja renta de la Iglesia, que es sangre de pobres, y [así] descansar. No decís, para que se ocupe en el servicio de Dios. De suerte, que lo primero de lo que echáis mano en todos los negocios es el interés, sin cuidaros de saber si los lleva el Espíritu de Dios. 7.- El segundo bocado [que podéis obtener de este evangelio], es que en todas las cosas que hizo Cristo, nuestro Redentor, en esta vida, las hizo activamente, y esto de ser llevado al desierto es [algo] pasivo, porque tres evangelistas dicen que fue llevado al desierto, y todos lo dicen con palabras que significan fuerza, y parece que contra voluntad suya. [San Marcos] dice: De pronto el Espíritu lo hizo salir para el desierto (Mc 1,12). [San Lucas]: Jesús fue conducido, [como empujado], por el Espíritu al desierto (Lc 4,1). Y [San Mateo] también con palabras que significan fuerza (cfr. Mt 4,1). [Sin embargo], en las demás obras [Cristo se muestra] activo [y como tomando él mismo la iniciativa]. [Unas veces] se dice que Jesús iba (cfr. Lc.4,30); otras, he aquí que subimos (cfr. Mt 20,18), etc. Sólo en esta ida [al desierto] se halla que fue compelido y como forzado. ¿Sabéis por qué? Porque iba a ser tentado. Para darnos a entender que, para ser tentados, ni aún en las ocasiones que parecen ser ocasiones del demonio, no habemos de ir de nuestra voluntad, antes habemos de rogar a Dios que nos libre de la tentación: No nos dejes caer en la tentación (Mt 6,13).8.- [Por ejemplo]: Sé yo que por ir a casa de fulano no me puede resultar cosa buena, porque es un hombre que siempre está hablando mal de unos y de otros; [por tanto] que me aparte de él. Pues para esto fue llevado Cristo al desierto, para que vos no vayáis, de vuestra propia voluntad, a poner ni meter en medio de la tentación, sino que huyáis [de ella]. Pues, si es así que va Cristo [al desierto], como por [la] fuerza, para nos enseñar a que huyamos de las tentaciones, parece que lo hace Cristo al contrario, pues [se nos dice] que no va al desierto sino a ser tentado por el diablo. Entended que así convenía. Hízolo Cristo, nuestro Redentor, porque sabía que no podía ser convencido.También quiso ser tentado para que pudiese matar la tentación y destruirla, o al menos quitarle su fuerza, para que cuando ella nos buscare -no que nosotros la busquemos a ella-, y no haya otro remedio, la podamos vencer. Y como la vida del hombre sobre la tierra es una continua guerra, como dice Job (Jb 7,1), por eso fue menester que Cristo le quitase su fuerza [al tentador], para que aunque flacos, le pudiésemos vencer. Así lo encareció San Pedro en [gran] manera, [cuando dijo]: Hermanos, sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo, el diablo, anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe (1 P 5,8). [Como si dijera]: «Estad sobre aviso, hermanos, mirad que el demonio anda muy desvelado y es llamado león hambriento que da vueltas para tragaros». Pues mirad a qué llega esta miseria y desdicha, que nos anden buscando y cercando tantos dragones hambrientos para tragarnos y destrozarnos. Si aquí, donde estamos -plega a Dios sea para su servicio-, entrasen cuatro leones hambrientos, ¡qué desasosiego que nos harían, qué alboroto se levantaría, qué voces darían los hombres y qué gritos las mujeres! Cada cual huiría por su parte. Pues tened consideración y mirad qué tal es la desventura del hombre. Si aquí hay dos mil personas, hay cuatro mil demonios como leones hambrientos para tragarnos. Y cuanto más justo es uno, tanto más [son] los demonios que le rodean y más [las] tentaciones [que] acuden [a él]. [Por eso] dice David: Guarda, Señor, mi alma, pues te soy devoto y justo (Sal 85,2). «Señor, éste es el tiempo en el que más me habéis de favorecer y ayudar, porque cuanto más santo [quiero ser], más batallado y tentado [soy]».9.- Por eso la cámara de Salomón tenía tantos guardas (cfr. Ct 3,7), y la torre de David tantos escudos (cfr. Ct 4,4). Pues asimismo el justo es torre de Dios, y por eso tiene necesidad de muchos escudos contra los enemigos invisibles, porque de los visibles fácilmente se guarda el hombre con irse de una tierra a otra. Pero Dios nos guarda de los invisibles y más [de] éste. El cual no hay cosa criada con que no nos tiente: con el calor, con el frío, con la hartura, etc. Pues, ¿quién será aquél que se pueda librar de un león tan furioso y hambriento, que no hay nada con que no nos tiente, hasta con nuestra ropa y zapatos? Pues siendo esto así, nuestras fuerzas son muy pocas. [Entonces], ¿qué re-medio [hallar] sino que la falta de fuerzas [sea suplida] por la fortaleza de las armas? [Por eso], ¿cuándo se armó Dios contra sus enemigos y entró en la batalla, sino en el día de hoy, para ser tentado? Revestíos de la armadura de Dios para poder contrarrestar a las asechanzas del diablo, dice San Pablo (Ef 6,11). Mirad cómo hizo David, que venció al enemigo, no con [las] armas de Saúl, sino con piedras, armas no usadas nunca en la guerra (cfr. 1R 17,39-40). Pues veis aquí al santísimo David en guerra y batalla contra el gigante, no con otras armas sino con las piedras del ayuno, [de la] oración y [de las] lágrimas. Revestíos de la armadura de Dios. ¡Oh Dios mío! ¡Cuarenta días, los más fuertes del corazón del invierno, sin cama, sin fuego, sin amigos, y sin abrigo, y muriendo de hambre! ¡Oh, quien fuera tan dichoso, Dios de mi alma, que os topara en el camino y estuviera un día sólo contigo, para ver tu fervorosa oración [y] cómo rogabas al Padre por nosotros pecadores y por nuestros pecados! Pues, hermanos, [si] nos lavó el benigno Jesús con lágrimas de sus ojos en el desierto, [antes] que [lo hiciera] con su sangre en el Calvario, y ayunó, nuestro Redentor, no entre gentiles, [es] para que entendáis que el ayuno no se ha de hacer entre visitas, ni contratos, ni conversaciones. Todo ha de ser aparte cuando ayunáredes.10.- Todas las veces que los hebreos habían de ayunar, [lo] hacían [con] grandes aparatos de cilicios, limosnas [y] recogimientos, porque el ayuno, entended, hermanos, es [estéril], si no va acompañado con la aspereza del cilicio y de otras virtudes, y con otras penitencias. Cristo, nuestro Redentor, el más delicado [de los hombres], entra hoy a ayunar. [Por tanto], no te quieras tú excusar, que su humanidad era más delicada que tu cuerpo, porque fue formado de la más purísima sangre de las entrañas de la Virgen; y con todo eso, hace tal penitencia y aspereza. Contemplad al Señor de los señores. El más hermoso del mundo estaba amarillo como la cera, para que tú, por no perder tu hermosura, no dejes de ayunar y de hacer lo que fueres obligado. Éstas son, pues, hermanos, las armas con que nos hemos de armar. [Dice San Pablo]: Revestíos de la armadura de Dios. Veis aquí [cómo] va [Cristo] al monte a ser tentado. 11.- Cuenta más adelante el santo Evangelio, que ayunó cuarenta días, y que tuvo hambre. Habéis de saber, hermanos, que [Cristo] tenía hambre cuando quería. Y como entonces el demonio le vio con hambre, [por eso] acudió a quererle tentar. Para que veáis que lo que mueve e incita al demonio para que os tiente, es la ocasión que vos le dais. 12.- [Eso hace] el cazador, que en el tiempo del invierno, estando las aves muertas de hambre, sale al campo a armar sus redes, y baja el pajarito descuidado y muerto de hambre para hartarse y henchir el papo, y estando en la red con el papo lleno, le atrapan. ¡Oh cuán caro te costó, negro pajarito, el querer henchir el papo! ¿Qué te aprovecha estar con el papo lleno, si estás preso y muerto? ¿Cuánto mejor fuera comer una hierbecita por el campo? ¡Oh misericordia de Dios! ¡Oh bondad de Dios! ¡Oh si cayésemos [en la cuenta] de esto, hermanos! El cazador de las almas, que es el demonio, venos tan hambrientos de honras, de dineros [y] de riquezas, [y] que [estamos como] perdidos [y] desalados, [y entonces va] bebiendo los aires tras hacernos suyos, por vernos tan hambrientos por sus telas y sedas. A uno hace que cumpla su deseo de la honra; a otro, que salga al cabo con la ganancia; y al otro le carga de hacienda; y [de esta forma], con el papo lleno, les coge en la red de los pecados y, por ventura, de los infiernos. Pues, ¿qué te aprovecha, avaro, de tener el papo lleno de riquezas transitorias, si te estás en el infierno muerto? ¿Qué aprovecha al soberbio vengar sus injurias, si [con] ello le enlaza el demonio? Éste es, pues, hermanos, el vernos el demonio tan hambrientos como lobos de estas locuras y vanidades, tanto que, sin lazos, caigamos y, muchas veces, sin tentaciones. 13.- En los Proverbios se lee: En vano se tiende la red ante los ojos de los pájaros voladores (Pr 1,17). [Quiere esto decir que], si el pajarito viese armar los lazos, yo os prometo que aunque él pereciese de hambre, no se metería en la red; y si cae, es por no verlo, ni saberlo, como ignorante. Pues mirad la locura de los hombres hasta donde llega que, a sabiendas, y con los ojos abiertos, se van a poner por las redes de los diablos. [Uno] sabe que ir a casa de [aquella] mujer es lazo que el demonio le tiene armado, y [sin embargo] va y se mete en él. [Otro] sabe que en casa de fulano hay juegos y tahurerías, y que todo es lazo y ardid del demonio, y se va allá. [Y otro] sabe que con la conversación de fulano y [con su] compañía no se sirve [a] Dios, porque es un murmurador y [un blasfemo] , ¡y que le vaya a buscar y [a] meterse en el lazo del diablo, para que lo prenda, porque tiene buenos dichos y pasatiempos! ¿Pareceos, hermanos, que esto se había de decir? ¡Habían de cesar las palabras y correr las lágrimas de ver una locura, una osadía, una ceguedad de los hombres tan grande! Dios, por su gran misericordia, os lo dé a entender mejor que yo lo sé decir, pues es verdad que un alma perecerá de hambre antes que se meta en la red del diablo a sabiendas. Dios, por su misericordia, os lo enseñe y dé a entender, pues yo soy tan malo que no hace fruto su divina palabra.14.- Si os dijesen, hermanos, [que], yendo de aquí a tal parte, hallarás en el camino un lobo hambriento; y, aún más, que está aguardando a los que pasan para devorarlos y tragarlos, decidme: ¿pasaríais vos por allí, aunque fuese vuestro camino [más] derecho? ¿Qué decís? Claro está que no; ni imaginarlo de pasar por allá, sino que buscaríades mil rodeos por no topar con él. Pues loco, sin seso [y] desatinado, ¿no sabes que en casa de fulana hay no uno, sino diez y ciento leones hambrientos que te aguardan para tragarte? ¿No sabes que en las casas de tahurerías hay mil diablos que tragan [a] cuantos allá van? Pues advierte lo que dice San Pedro: Hermanos, sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor vuestro, en busca de presa que devorar (1 P 5,8). [Por tanto], hermanos, aprended de vuestro hermano Jesucristo, que se hace llevar [a la] fuerza para ser tentado: Fue conducido al desierto para ser tentado por el diablo. 15.- Más adelante [el Evangelio] dice que, estaba el Señor hambriento, y llega entonces el diablo y dícele: «Pésame que un hombre tan honrado [y] tan virtuoso como vos, os queráis atormentar de esa manera con ayunos, abstinencias y mala cama. No lo hagáis, Señor, pues sois sabio y hacéis mucho provecho con vuestra doctrina. Ya veis cuánta gente os sigue. No perezcáis, porque no se acabe este bien que hacéis a las gentes». Mirad las entrañas dañadas y endiabladas de Satanás. Siempre viene con disimulaciones, con rodeos, tentando el vado, [para] que vos más os descuidéis, y así, más vos os descubráis, para que él pueda dar mayor golpe. Veréis que antes de tentaros, os asegura que lo podéis hacer seguramente; luego os representa que sois joven [y] que tenéis edad para vivir mucho tiempo; que es grande la misericordia de Dios; que nadie te verá; [y] que podrás hacer penitencia y confesarte. ¡Mirad cuán astuto es que primero os asegura, para que [luego] más claramente os descubráis y os pueda dar mayor! Pues, hermano, cuando vieres pasar por ti estas imaginaciones, cree que [es] el diablo el que te asegura y te quiere enredar. Abre los ojos y sabe dar de mano a todas estas vacilaciones. Mira que entonces descarga [sus golpes] con mayor furia; mira que entonces esta caída muy cerca anda de ti.16.- En el Apocalipsis se lee que vio San Juan una mujer que llevaba una ponzoña en unos vasos de oro, y que pensaba que nadie dejaría de beberlo, viendo [que lo llevaba] en tan ricos vasos; y pensaba que así mataría a todos (cfr. Ap 17,4). [Con esto] danos a entender que el demonio es como [esta mujer] que vio San Juan, y [que] las cosas que trae son ponzoña; [y que con el fin de] matarnos, las trae cubiertas de oro, [para] que nadie deje de tomarlas y beberlas, y de esta suerte matarnos. Mirad lo que dice hoy [el demonio] a Cristo: «No queráis, Señor, moriros, y comed. Mirad que sois letrado y que hacéis mucho bien. [Por eso], si sois el Hijo de Dios, decid que estas piedras se conviertan en pan (Mt 4,3), porque si eres Hijo de Dios, no es mucho que hagas un milagro para tu servicio y para remediar tu necesidad y hambre, y [así] no perezcas, pues para remedio de los otros haces tantas obras». Mirad qué sagaz es. Cuando os tienta, no sólo os asegura a sí mismo, porque luego al principio va tentando con flojas tentaciones, para ver si será menester sacar más recias saetas. Mirad cómo iba tentando a Cristo, nuestro Redentor. [Primero], con esta flaca tentación, asegúrase él y piensa: «Si éste es el Hijo de Dios, no hay que perder el tiempo; pero si no lo es, yo sacaré más recias saetas que lo hagan [caer]». Pues de esta manera va tentando los pulsos de cada uno [hasta] ver lo que halla en él, porque conforme a lo que hallare, así lo haga.17.- [Por ejemplo]: Tenéis vos un campo sembrado, verde y lindo, y ponéisle un espantajo, para que los pájaros no osen comer de él. Los pájaros que son nuevos, en viéndole, luego se dan a huir sin detenerse nada [y] no osan [acercarse] a él [desde] media legua. Pero los [pájaros] viejos, que son maduros y astutos, lo primero que hacen es ir al espantajo y ver qué es. Si ven que es [algo] vivo, luego huyen y así no osan llegar a él, medio espantados. Pero si ven que es cosa muerta, échanse a buen seguro en vuestro sembrado y no paran hasta que lo han destruido. Pues así hace el demonio. Cuando os quiere venir a tentar y comer, primero hace la prueba, pero reconoce primero si sois espantajo vivo o muerto, [esto es], si sois virtuoso o vicioso, si sois celoso de la honra de Dios o si no se os da nada. [Y así, si], quiéreos tentar [por] la carne, primero os persuade que habléis algunas palabras ociosas y torpes; y si vos las echáis fuera y, en asomando el mal pensamiento, luego le dais de mano, luego conoce que estáis vivo, y no osa llegarse a vos, y vase medio corrido y afrentado. Pero si ve que sois espantajo muerto, que a todo dais entrada, que de nada os espantáis ni hacéis movimiento, entonces entra de buen reposo en el prado verde de vuestra alma y os quita toda la verdura de la alegría y os destruye todo. Así que, cuando sois muerto y ve que no tenéis amor de Dios, entonces comienza [a] entrar y os destruye, diciendo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Estas, pues, son las astucias del diablo.18.- El otro bocado [de este Evangelio] es: Di que estas piedras se conviertan en panes. Pues, ¿cómo, Dios de mi alma? ¿Por tan glotón y comedor os tenía el demonio, que todas aquellas piedras quería que las convirtiésedes en pan? ¿No bastaba un pan a cada persona? ¿Tanta comida come vuestra Majestad? ¡Y no dice que una sola piedra se convirtiera, sino que dice que todas las que allí habían! Entended, hermanos, que éste es el argumento de Satanás, que quería que jamás nos hartásemos [de las cosas materiales], sino que, por grande abundancia que haya de [ellas], quería que tuviésemos un apetito insaciable de esas cosas que nos han de dañar, y que nunca nos hartásemos de ellas. Dios, [por el contrario], quiere que no tomemos de estas cosas, sino aquellas sin las cuales no podemos pasar ni vivir. Y así mandó al capitán Gedeón que, de los soldados, dejase aquellos que se echaron [de bruces en el río, hasta] hartarse de agua, y que sólo llevase [consigo] aquellos que bebían con las manos, [aunque] entre los dedos se les caía la mitad (cfr. Jc 7,5-8). [Dios] no quiere a los comedores, sino a los continentes, que se contentan con pan y agua cuando ayunan, y no tanta salsa, tanta empanada [y] tanto apetito. Así [lo] decía San Pablo: Los que han de luchar en la palestra se abstienen de todo (1 Co 9,25). Grande desdicha es, dice San Pablo, que los que luchan y corren en Roma para ganar cuatro blancas, estén dos días que apenas osan comer, y se desnudan [de todo]; y que [a] las cosas de Dios se [las tenga] en tan poco, que no hay quien quiera ayunar un día, si no es a pura fuerza, [y] no hay quien se quiera abstener de manjares demasiados. Y para correr al cielo no hay quien se desnude, para dar a un pobre siquiera de lo sobrado de las cajas que allí lo come la polilla. Grande mal es éste, por cierto, ver cuán fatigado anda uno por ganar dos blancas, que pierde el comer, y va desnudo, y para ganar el cielo no hay quien dé un solo paso. ¡Gran lástima [es]! Pues entended, hermanos, que si el pescado, muestra lo blanco del pecho, cuando anda en el agua, [esto es], lleva la barriga en alto y esconde la espalda, [señal es de que] está muerto; [pues así] nuestra vida es como la mar, y nosotros somos los pescados que vivimos en este mar.19.- Cosa es de ver, [cómo] un pez, cuando va tras un gusanillo, cuántas vueltas da. Así, el gusanillo [que es el hombre], cuántas vueltas da por una honrilla, [y] cuán solícitos andan los hombres por el mar de este mundo tras de estas cosillas! Pues si les viéredes con el vientre hacia arriba, entended que ya está muerto. Cuando viéredes que todas sus ansias, cuidados y vigilias son cómo tragará [más], cómo comerá mejor, y [cómo] adquirir [más] hacienda [y] mando, entonces entended que [su] vientre está vuelto para arriba y [sus] espaldas para abajo, y que éste tal está muerto y ahogado con el cuidado y solicitud de las cosas y vanidades de este mundo. Por eso dice San Pablo que es gran lástima ver la solicitud y aparejo que hacen [los hombres] para ganar una honrilla de cuatro blancas de valor, y cuán olvidados [están] para la corona de la gloria. Esto es, pues, lo que el diablo quiere: que tengáis un apetito insaciable [de las cosas terrenas]. [Por eso] dice: Di que estas piedras se conviertan en panes; [esto es] que las vuelva en muchos panes. Mirad las marañas del diablo. Por eso, guardaos de él y de sus astucias, y haced vida virtuosa con penitencia, porque es tan sagaz y endiablado, que ya en Alemania y en otras partes, tiene persuadidos [a algunos de] que las piedras ya se volvieron en pan, [pues] Dios es [tan] misericordioso, que ayunó por todos y murió por todos, [y] que, [por eso], no es menester que ayunéis vosotros. De [esta] suerte, les da a entender que no es menester hacer penitencia, pues que Cristo ayunó y murió [por todos]. Pero, por eso, ¿has de dejar de hacer penitencia y ayunar? No manda Dios tal cosa, sino ahora [con más fuerza] y fervorosamente, para confundirlos. Porque si Cristo murió por nosotros, como vos sabéis, y si no, dígalo San Pedro, es para darnos ejemplo y para que sigamos sus pasos (1 P 2,21). Así que quiere Dios que le imitemos en los trabajos y que le sigamos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo (Mt 16,24). Por eso dice San Pedro que Cristo no murió para darnos regalos y placeres, sino para que le imitemos. Porque si muriera para darnos contento y regalo, fuera malditísima su muerte, [pues hubiera muerto] para que yo sea ruin y adúltero con unas y con otras, y que haga mil vicios y pecados. Su muerte sería maldita, y maldito el ayuno, y la oración, y todo cuanto padeció, si para darnos contento padeciera.20.- San Pablo dice: La gracia de Dios, Salvador nuestro, ha iluminado a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos sobria, justa y religiosamente en este siglo (Tt 2,11). Para eso vino Cristo, nuestro Redentor, al mundo, para enseñarnos a vivir moderadamente, negando nuestros apetitos. ¿Habéislo entendido, hermanos? Pues guardaos no os engañe el demonio que, según sois, amigos de regalos, querríades que no hubiese nunca días de ayuno, [de] aspereza y [de] penitencia, sino que todo se convirtiese en dulzura y suavidad, y que no hubiese reprensión, ni verdades. [Dice Isaías]: Habladnos más bien de cosas placenteras, y profetizadnos cosas alegres, aunque sean falsas (Is 30,10). Y no sólo [en] el sermón, pero [también] querríades que fuese dulzura en la confesión, la cual fue ordenada [precisamente] para lágrimas y lloros de dolor y contrición. Así hay algunas personas que dicen: «Señor, confiésese con fulano, y verá qué consolada quedará y contenta». ¡Oh, maldita de ti! ¿Después de tantos pecados, buscas contento y descanso?... Atemorizada y espantada [deberías quedar] para nunca más pecar. Esto es lo que habéis de buscar: quien os atemorice y espante, y [os] haga derretir en lágrimas de amargura; y no al que no oye, ni al que no reprende. No digo que los confesores los dejen desconfiados de la misericordia de Dios y del perdón de sus pecados; pero que los atemorice [para] que no vuelvan más a ellos. Pues entended, hermanos, que no habéis de querer que todo sea regalo y descanso, sino lo que es piedra, [que] sea piedra; [que] el predicador y el confesor sean ásperos para reprender los vicios, porque aún de esta manera no basta. Esto es, hermanos, lo que habéis de desear y procurar para vuestra salvación y provecho.21.- Pasa [luego] el Evangelio diciendo [lo] que respondió Cristo, nuestro Redentor, [al demonio]: No sólo de pan vive el hombre (Mt 4,4). Y ahora notad que, en todas las respuestas que dio Cristo, nuestro Redentor, a las tentaciones, dijo: Escrito está (cfr. Mt 4,4,7 y 10); para que veáis cuánta autoridad da Cristo a la Escritura Sagrada y [cómo] la recomienda (cfr. 1 Co 15,3-4). [Con ello quiere] darnos a entender que leamos siempre libros santos, para que podamos responder: Escrito está; y de dos en dos rayas podamos decir: Escrito está, derritiéndonos en lágrimas. No [leáis] libros profanos y deshonestos, no Amaridis, ni Roldán, que son libros del diablo para vosotros y para quien los hizo, si no hizo penitencia. Leed en libros honestos, para que podáis decir: Escrito está; así lo he leído y eso no se puede hacer. Y vosotros, cuando viéredes que vuestros hijos quieren leer en libros deshonestos, reprendedlos y castigadlos muy bien. Decidme: Si vos viéredes a vuestra hija hablar con una alcahueta, y fuéredes persona de honra, ¿lo consentiríades? Pues entended que estos libros son alcahuetes del diablo. Hasta San Pablo lo quiso decir: Corrompen las buenas costumbres (1 Co 15,33). [Por eso], Cristo, nuestro Redentor, dice a cada paso: Escrito está, para enseñarnos a leer en buenos libros y santos, con las cuales sentencias y consideraciones podáis responder: Escrito está. 22.- Como vio el diablo que por allí no podía hacer nada, procuró de tomar otras tentaciones más recias. Hermano, si has conocido al demonio una vez, anda muy sobre aviso, mira y guárdate, [porque es seguro] que ha de venir con otra tentación más fuerte y mayor. Se cuenta de San Antón que vio al demonio una vez que llevaba muchas redomas, y que le preguntó que adonde iba con tantas redomas. Y que le respondió, que [las llevaba], para que cuando uno hubiese bebido de la una, luego le diese a beber de la otra. [Por tanto], hermano, guárdate a la primera tentación. No [te] quedes muy ufano, no [sea] que te haga tener vanagloria de lo que hayas vencido.23.- Dice [luego el Evangelio] que [el diablo] hizo subir [a Cristo] a un pináculo muy alto (cfr. Mt 4,5). Esto es lo que el demonio procura, haceros subir bien alto, para después haceros dar mayor caída. Guardaos no os haga subir por la honrilla y pundonor, que, en subiendo, os echará luego. [Y así] le dice [a Cristo]: Échate abajo, porque escrito está. Ahora mirad que [el diablo] no lo echó, sino dijo: Échate tú mismo, para que entendáis, hermanos, cuán poco puede el demonio, que si vos no queréis, [él] no puede haceros mal. Él no hace más que daros el cuchillo [para] que vosotros os degolléis. [Él] no hace más que tentaros, [pues por sí] no puede forzar. [Por tanto], rogad a Dios que os libre de vuestras mismas manos y de vuestras mismas pasiones. Y no por eso, todas las culpas se dan al demonio, porque vos mismo sois [a veces] el que os matáis. Así que, cuando no le puede vencer [a Cristo] con la primera [tentación], [lo intenta] con la segunda, y cuando no, tentóle con la tercera que es más fuerte. Y llevóle a un monte muy alto, donde se descubrían los reinos del mundo (cfr. Mt 4,8), y dícele muy desvergonzadamente: «Todo esto te daré -como si fuera suyo-, si me adorares». Notad, por amor de Dios, la astucia y sagacidad del demonio. Dice [el Evangelio] que le mostró todos los reinos, y su pompa, y su señorío, el dominio [y] la honra; pero no le mostró el trabajo que hay en gobernar estos cargos y dignidades, [y] las malas noches que han de pasar los gobernadores y los que tienen cargo de la República, si lo hacen como buenos pastores. Pues yo os prometo que, si bien considerásemos los trabajos que hay, que no desearíamos el cargo, ni la dignidad, pensando en la cuenta que de ello se ha de dar, y [nadie] iría tras de ellos como bebiendo los aires.24.- ¡Válgame Dios! Si el demonio viniese ahora y prometiese reinos, ¿cuántos le adorarían? Pues vemos que por dos blancas de interés le adoran tantas veces, y juran, y reniegan de Dios, y no se cuidan [de] que sea cosa grande [o importante] para haberle de adorar. Si sobran cuatro blancas de interés, riñen padre e hijo, [y] se dan al demonio. Así que, cuando Cristo, nuestro Redentor, vio que [se] tocaba la honra de [su] Padre, no lo pudo disimular, sino que le dice: Retírate, Satanás (Mt 4,10). Pues, hermanos, cuando [alguien] tocare vuestra honra, habéis de decir: «Yo os prometo, hermano, que no me conocéis, que si me conociésedes, más diríades; [pero], porque no me conocéis, [por eso] decís tan poco mal de mí». [Sin embargo], cuando viéredes que la honra de Dios es hollada y abatida, entonces con pecho muy valeroso habéis de responder, no con palabras mansas, sino con palabras bravas y rigurosas, [para] que conozcan que tenéis celo de la honra de Dios. Pues mirad, cuán al revés se hace. Que no hay quien abra la boca por la honra de Dios; [en cambio], por la propia, a la primera o segunda palabra ya están con la espada empuñada. ¡Éste es el mal! ¡Cuán poco celo hay de la honra de Dios! Si hay perjuros, amancebados, tahures y usureros, no hay quien ose, sino callar. Nace todo esto del poco amor y conocimiento y sentimiento que tenéis a Dios, porque aunque vuestro vecino se quejase y agraviase, yo os prometo que no habíades vos de dejar de responder por él, por la honra de Dios, y mucho más que en las vuestras. Pues aprended del divino Maestro, Jesucristo. Mientras las tentaciones y deshonras tocaban a él, no se le da nada; pero cuando entendió que la de su Padre se hollaba, [entonces] embravecióse contra el diablo, diciendo: Retírate, Satanás.25.- Acabada la pelea del buen capitán, [dice el Evangelio] (cfr. Mt 4,11), que los ángeles del cielo [se le acercaron] con un cuerpo fantástico, y comiénzanle a servir, y administrar y tráenle recaudo de comer. ¡Quién viera al Redentor de la vida, rodeado de tantos ángeles, que como pajes le sirven! Pues, alma cristiana, allégate a aquel convite de ángeles [y] verás a aquel Atlante, [ante] cuya presencia se oscurece el sol, comer con tanta modestia, con tanto recato y mesura. Pues allégate [y] échate a sus pies, como aquella [Santa] Magdalena, para que siquiera te deje una migaja de amargura de tus pecados y [un poco de] amor de Dios y [de] caridad de tu prójimo. Y juntamente con esto, cogerás esfuerzo y gracia para ayunar y hacer penitencia [en] este santo tiempo [de cuaresma], esforzándonos en su santo servicio, para que haciéndolo así nos dé aquí la migaja de la gracia y después nos dé la hartura de la gloria soberana. A la cual nos conduzca Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sermón 4º

Fragmentos sobre el mismo Evangelio

«Entonces, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo» Mateo 4,1 1.- El santo Evangelio de hoy nos cuenta un desafío, el más trabado y grande que hubo en el mundo, [entre] los dos mayores príncipes del mundo: el uno, Cristo, nuestro Redentor, Príncipe de todo bien [y] defensor de la naturaleza humana; el otro, Lucifer, príncipe de toda maldad y destruidor de la naturaleza humana. En el cual [desafío] nos dio el Señor [una instrucción] y un ejemplo de [cómo] vencer las tentaciones del demonio, porque, [como dice Santo Tomás]: Todas las acciones de Cristo estaban orientadas a nuestra enseñanza. Por eso dijo: «Os he dado ejemplo para que hagáis también vosotros como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15) .La cual batalla y victoria de Cristo fue figurada en aquella que David venció y mató al gigante Goliat y que, en vencerle, alabó a Dios, diciendo: Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra (Sal 143,1). Y todos los hijos de Israel se holgaron por la victoria dada. Así todos los cristianos [habemos de alegrarnos] con la victoria de Cristo, pues en ella nos enseña el modo de vencer al demonio, gigante astuto. 2.- Cuenta el santo Evangelio que: Entonces... Según San Vicente [Ferrer], cuando se señaló Cristo con mayores obras, fue cuando fue tentado ; porque [esto sucedió] después que [Jesús] fue bautizado, que se abrieron los cielos y bajó el Espíritu Santo en figura de paloma y el Padre dio testimonio [diciendo]: Éste es mi Hijo, el predilecto; en él he puesto mi complacencia (Mt 3,17). Para denotar que, cuando uno fuere más encumbrado y se diere más a Dios, entonces será más tentado; [lo cual] es [un signo] de la misericordia de Dios, que quiere que sus hijos estén bajo disciplina y tentaciones, [para] que no se [afiancen demasiado] y estén con temor. Y así dice San Pablo: Si estáis fuera de la disciplina y corrección, de la que todos los justos participaron, bien se ve que sois bastardos y no hijos legítimos (Hb 12,8). Como si dijese: «El que no está bajo la disciplina de Dios no es hijo [suyo], ni será heredero del cielo». Y así, es necesario tener [bien] entendido que, en el punto que un cristiano, recibido el bautismo después de la penitencia, y se propone muy de veras servir a Dios, se ha de armar y poner a punto contra el demonio, el cual no cuida de tentar a los que tiene bajo su poder rendidos, como el rey a los vasallos, que no les hace guerra sino cuando se rebelan. Cuando el carcelero tiene al preso en la prisión con grillos y atado, duerme; pero, cuando se le suelta, corre y va dando voces [a la] zaga de él, como el lebrel [al] que se le va la presa, y al gato la rata. Habla [aquí] del Faraón que persiguió a los hijos de Israel, y se le escaparon (cfr. Ex 14). Habla también de Job y de Tobías... Pero el cristiano hase de armar: Hijo, [dice el Eclesiástico], en entrando en el servicio de Dios, persevera firme en la justicia y en el temor, y prepara tu alma para la tentación (Ecli 2,1). [E Isaías]: Yo estoy de centinela de parte del Señor. De día permanezco aquí continuamente y estoy en mi puesto las noches enteras (Is 21,8). [Y los Proverbios]: Guarda tu corazón con toda vigilancia, porque de él mana la vida (Pr 4,23). Hemos de ser como los animales de Ezequiel (cfr. Ez 1), que todos [estaban] llenos de ojos, porque son grandes las asechanzas del enemigo, y muy encubiertas y astutas, y no nos hemos de descuidar en un punto. 3.- Jesús fue conducido por el Espíritu. Para denotar que hemos de sufrir las tentaciones que nos vienen enviadas por Dios; pero no las hemos de procurar, ni buscar, sino hacer como San Pedro que, cuando estaba en el mar, no se echó de la [barca] , ni anduvo sobre las aguas, sino cuando se lo mandó Cristo (cfr. Mt 14,28-29). Y lo mismo hace hoy Cristo, que fue llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado, para demostrar que no hay estado en esta vida, por santo y recogido que sea, [en el] que el demonio no pueda tentar. Aunque hoy día, no sólo el demonio tienta, pero mucho más los hombres, como Lutero, Mahoma, etc., que se llaman demonios continuados. Después tuvo hambre y se le acercó el tentador (Mt 4,2-3). [En] estas palabras se entiende lo poco que vale, ni puede contra los hombres.4.- [El texto] dice tentador, y no vencedor, porque no tiene fuerza para vencer; ni se [le llama] luchador, porque no tiene fuerzas para luchar. Al que tienta, solamente le representa los deleites y las riquezas, y ahí pone la ponzoña. [Por eso dice]: se le acercó el tentador. Tentó a Cristo, cuando tuvo hambre, para denotar que el demonio no tienta hasta que ve la ocasión. Está muchos días y años sin tentar a uno, [pero] en hallando sazón, [lo] tienta. Como a Eva, que se llegó al árbol donde estaba la manzana, y le pareció bien y se cebó en ella, y viéndola apartada, la tentó (cfr. Gn 3,1 y ss). A David, no le tentó hasta que, paseándose por los corredores, viese a Betsabé y le pareciese bien (cfr. 2 R 11, 2 y ss). Así a Cristo, entonces le tentó, cuando vio que tenía hambre. El demonio deseaba saber si Cristo fuese el Hijo de Dios, porque veía cumplidas [en él] las profecías. La de Jacob: El cetro no será quitado de Judá, ni de su posteridad el caudillo, hasta que venga el que ha de ser enviado y éste será la esperanza de las naciones (Gn 49,10). Y la de Daniel [sobre] las setenta semanas (cfr. Dn 9,24). [Por otra parte] vio que, cuando nació, los ángeles cantaron; y vio la luz grande [que se apareció] a los pastores; [y vio] a los Reyes Magos, y a Simeón y a Ana la profetisa. Vio [también] que, [al ser bautizado], se abrieron los cielos, se oyó la voz del Padre y [bajó sobre él] el Espíritu Santo en figura de paloma. [Y había oído] a San Juan [que decía]: Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1,29). Y veía [además] su santidad, etc. Por otra parte, violo circuncidar, llorar, huir a Egipto, tener hambre, etc. y otras acciones propias de un hombre. [Pues bien], para experimentar [quién era], allégase [a Cristo] saludándole: «Seáis bienvenido». Y disimulando con él, y [puesto que] venía [bajo] la forma de un ermitaño, dícele con compasión: «Mi camino es para Jerusalén y ha querido Dios que esto pase. Parece [que] tenéis el rostro demudado y que tenéis necesidad, [y] Dios no quiere la muerte de un pecador. Si vos sois [el] Hijo de Dios, cosa fácil os será convertir en pan estas piedras, porque [está escrito]: Dijo Dios, y todo fue hecho». Cosa de notar es que no tentó el demonio, sino con piedras, a Cristo, porque no le faltará jamás con qué tentar a cualquier estado o persona, cuando viere la sazón.

5.- Tres veces tuvo Cristo hambre: la primera, en el camino, cuando iba a Jerusalén. [Dice San Mateo]: Por la mañana, cuando volvió a la ciudad, sintió hambre (Mt 21,18), y no halló en la higuera sino hojas, hierba sola, sin frutos. La segunda fue aquí, y le dieron piedras. Así hacen los obstinados, iracundos, adúlteros, etc. Y la tercera fue en la Cruz, y le dieron hiel y vinagre, que significan a los herejes y a los murmuradores de la buena vida de los otros.

Di que estas piedras se conviertan en panes. Esto quiere el demonio. El pan es cosa blanda [y] figura los regalos, la blandura [y] los deleites sensuales. Decía Salomón: No apetezcas sus exquisitas comidas, pues son un manjar engañoso (Pr 23,3). Guárdate de los manjares del placer mentiroso, que sólo deleita, [y] de la honra mentirosa que luego se va y os deja. La piedra, [en cambio], es cosa dura y recia, y figura la penitencia, la honestidad de vida, las lágrimas, los llantos por las ofensas de Dios. A ésta teme el demonio, porque con ésta le quebrantamos la cabeza.5 (bis).- De David se dice que alzando la mano, derribó con la piedra de su honda al orgulloso Goliat (Ecli 47,5). ¿Quieres derribar todo el edificio del demonio? Arrójale la piedra de la honda. La honda tiene dos ramales, [y] la piedra es la penitencia. Arrójale la piedra que salga de los dos ramales: uno [es], que llores tus pecados, pesándote de tus pecados pasados; el otro, que llores tus culpas, con [el] propósito de ser bueno en lo venidero. Porque ve el demonio que esta piedra le es contraria, y el pan le es favorable, por eso le dice [a Cristo]: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. 6.- No sólo de pan vive el hombre, para denotar que no sólo hemos de tener cuenta [de] las cosas del cuerpo, pero mucho más de las del alma, y buscar mantenimiento para ella y no descuidarnos de ella, como muchos, que tienen cuidado de la menor cosa del zapato, etc., y no [cuidan] nada del alma. 7.- Viendo el demonio que no pudo por la gula derribar a Cristo, pónele otra tentación, y dícele con buenas palabras: «Vámonos a Jerusalén y allí comeremos, que hay [en ella] mucha gente, donde podéis, si queréis, predicarles». ¡Oh astuto cazador que, con muchas redes, procura prender la caza! Vio San Macario al demonio en figura de médico. Hemos de estar muy sobre aviso contra el demonio, no nos engañe. Vio Ezequiel unas ruedas llenas de ojos (cfr. Ez 1,18). Estas ruedas son los varones justos llenos de ojos, porque están atalayando y mirando las escaladas del enemigo, del mundo y de la carne. [Dice San Pedro]: Hermanos, sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo, el diablo, anda girando como león rugiente alrededor de vosotros, en busca de presa que devorar. Resistidle firmes en la fe (1 P 5,8). Y [Cristo por] San Mateo [nos advierte]: Vigilad, porque no sabéis el día ni la hora (Mt 25,13). 8.- El cristiano se compara al hombre que sube por una cuerda y va mirando a todas partes donde pone el pie, para no caer. Hemos de procurar, pues, que no perdamos los ojos por falsas deleitaciones. A Sansón los filisteos no le quitaron los ojos, hasta que se durmió en los brazos de Dalila (cfr. Jc 16,19-21). Así [tú], no perderás la vista, si no te entregas a los deleites. Nabucodonosor sacó los ojos a Sedecías y [se] lo llevó cautivo a Babilonia (cfr. Jr 39,5-7). ¿Qué otra cosa es quitar el demonio los ojos al hombre, que entregarse el hombre a los deleites? Así Naás quiso quitar los ojos a los hijos de Jabes (cfr. 1 R 11,2). 8 (bis).- Guarda, hermano, que no te engañe el demonio. Mira que [tu vida] es comparada a una rueda, porque así como la rueda corre fácilmente, así tú. [Además], la rueda toca muy poco en tierra, [y] todo lo demás de ella está sobre la tierra. Así, el buen cristiano sólo en este mundo ha de amar lo necesario, pero todo su cuidado ha de tenerlo en el cielo, como canta la Iglesia [en su liturgia] de los varones santos: Con justicia se hace memoria de este santo, que ya pasó al gozo de los ángeles, pues habiendo recorrido la peregrinación de este mundo con el cuerpo, su mente y su corazón estaban fijos en la patria eterna.Cuando pasamos por la ribera de un río quieto, vemos la luna y [las] estrellas resplandecientes allí dentro, aunque ellas están arriba en el cielo; así los justos, aunque en la tierra vivan, pero allá tienen sus deseos, y están velando [para] que no les engañe el enemigo. Por eso quiso Cristo ser tentado.9.- Fue el Hijo de Dios al desierto, para enseñarnos a dejar el mundo, y huir al desierto y soledad de la penitencia. A Moisés en el desierto le habló Dios y [lo] vio en la zarza. [Y] San Juan Bautista y la Magdalena fueron al desierto. Así tú, en este tiempo, has de dejar los negocios e irte [mediante] la meditación al desierto. Tu alma ha de estar desierta de toda afición. Si para escribir una carta, o para tratar un negocio, o para jugar, quieren los hombres estar desocupados, ¡cuánto más para contemplar y entender en la propia salvación! De éstos dice la Escritura: Convirtió el desierto en laguna, y la tierra seca en manantiales (Sal 106,35). Porque [en la soledad] da Dios grandes lágrimas [de penitencia], y conocimiento de Dios y de sí. Como a San Pedro, a San Pablo y a otros santos. Pero de los que no lo hacen dice [el Salmista]: Erraron por el desierto y en soledad (Sal 106,4). ¡Oh, cuántos piensan que están en la cuaresma, en el desierto de la penitencia, y [sin embargo] su penitencia no es verdadera! ¡Éstos yerran! ¿Qué hace el que va a confesar y no deja el amancebamiento, ni restituye, etc? ¡Están errados! Porque no basta que restituyas, etc.; si no vas con contrición, no basta la confesión: Erraron por el desierto. [Dijo Dios a Moisés]: Mira bien y hazlo fabricar todo conforme al ejemplar que se te ha presentado en el monte (Ex 25,40). Miremos a Cristo, ejemplo nuestro, y miremos cómo vence. 10.- Di que estas piedras se conviertan en panes. Con piedras duras venció David al gigante Goliat; bien quisiera Goliat que fueran pedazos de pan. Así el diablo, no quiere piedras duras de virtudes, sino que se convirtiesen en pan blando. La castidad piedra dura es, y quisiera el diablo que se volviera pan. La humildad, la caridad, la penitencia, etc. piedras duras son, y quisiera el demonio que se convirtiesen en pan blando. Pero [Cristo responde]: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Pero, ¿qué dice Dios? Haced penitencia. No fornicarás. No hurtarás, etc. (Ex 20,14-15; Lc 18,20). Sustentemos el alma con lo que nos dice Dios, y no escuchemos al demonio. A muchos procura el diablo de subirlos en dignidades para que, si tiene al rey, al obispo o al gobernador de su mano, [tener] también al pueblo. [Por eso dice]: Tírate de aquí abajo, [porque] él no puede echar a nadie, ni juzgar. Y así se dice [de él que es] tentador, no condenador, [pues] sólo puede inducir al pecado.

11.- Después de la gula, [el demonio] tienta de vanagloria, porque muchos le vencen por [la] abstinencia, y comulgan, y dejan la manceba; pero les coge [luego] por la vanidad de la vanagloria. [Refiere] lo de Eleazar que mató al elefante, pero éste cayó sobre él y murió (cfr. 1 M 6,45-46). Así los que hacen [el] bien vencen al diablo, pero éste con la jactancia les oprime.

Escrito está. Dará órdenes a sus ángeles para que te custodien (Lc 4,10). No le falta al diablo sutileza; y así, [como él], muchos alegan la Escritura usando mal de ella. Todas estas cosas te las daré (Mt 4,9). [El demonio] muestra y promete, pero no da. Y como dice San Lucas, un momento dura todo lo de este mundo y lo que el diablo promete.