LA TRANSFIGURACIÓN
Por San Luis Bertrán, o.p. (1526-1581)
DOMINGO 2º DE CUARESMA
Sermón 1º
«Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los subió un monte alto, a solas, y se transfiguró delante de ellos» Mateo 17,1
1.- Uno de los mayores males que tiene el hombre en este mundo es ser figura con desfigura; esto es, significar una cosa en lo interior y otra en lo exterior. Como si un pintor pintase un crucifijo con los cabellos cortados, con buenos vestidos de brocado, con su bonete y zapatos. Esto es ser figura con desfigura. Pues, puesto este fundamento, preguntan los doctores en el libro 2º de las Sentencias [de Pedro Lombardo], por qué quiso Dios que el hombre, para ser hombre, tuviese esta unión del alma con el cuerpo tan pesada, [es decir], por qué [el alma], una cosa tan preciosa, [ha de estar sujeta a] la pesadumbre del cuerpo y encadenada con los sentidos. [Pues] parece que estuviera mejor sola, que con tal compañía, como es la del cuerpo. [Mas], aún con todo el cautiverio que el alma tiene, [vemos] que le ama y quiere tanto, como dice San Pablo: Mientras nos encontramos en esta tienda de campaña, gemimos agobiados, pues no querríamos vernos despojados de ella, sino ser revestidos como por encima; de manera que la vida inmortal absorba y haga desaparecer lo que hay de mortalidad en nosotros (2 Co 5,4). Así como uno que tiene un capote de sayal, diciéndole, que si quiere una capa muy buena, dice que sí, pero no dejará el capote por todo el mundo, y [pedirá] que le echen del capote; así el alma dice que sí quiere la gloria, pero no querría dejar el capote [del cuerpo]. Pues, la respuesta [a todo] esto es que Dios la hizo [así] para significar la unión que hay entre el alma y Dios. Pero, podría dudar alguno, [diciendo]: ¿Cómo un alma tan pequeña se puede unir con Dios, siendo [éste] tan grande? Pues por eso hizo esta figura, que así como el alma da vida al cuerpo, si se une con él, así Dios da vida al alma y la vivifica por la gracia. Pues mira el misterio, que al tiempo y en el mismo punto, de alguna manera el hombre es figura y desfigura: es figura [en cuanto] queda con Dios unido, y el mismo día y en el mismo punto [es] desfigura por el pecado original, porque éste no está en el alma antes de entenderse con el cuerpo, sino en la [misma] unión. Así [sucede] con el que hace tinta; la tinta no está ni en la caparrosa, ni en [las flores silvestres] , sino en la unión y mezcla de los materiales. Veis, pues, aquí el mayor mal de los hombres: siendo figura de la unión con Dios, son desfigura [por] el pecado original. Y es tan grande este mal que a todos los del mundo comprende. A sola una persona no comprendió, que fue la Virgen, Reina de los ángeles, porque ella no fue figura con desfigura, antes es figura con refigura, porque no sólo significa la unión que tiene el alma con Dios en esta vida, pero aún en la otra, porque ella no tuvo las rebeldías de la carne; de suerte que es figura y no desfigura. Y así, cuando un pintor se quiere mirar y remirar en hacer [un retrato], [lo hace de tal forma] que, desde cualquier parte en que estéis, os mira, tanto si os ponéis a la izquierda como a la derecha, así la Santísima Virgen es una pintura que Dios pintó, y que, [desde] cualquier parte que esté el pecador, [ella] le mira, ora esté a la izquierda del pecado, ora a la derecha de la gracia. Por eso la llamamos: Madre de la gracia y Madre de misericordia. De la gracia, para los santos; de misericordia, para los que están en pecado. Y pues ella mira a todos, todos miremos a ella; y esto con humildad, postrados por tierra, y diciendo piadosamente: Ave María. 2.- Cuenta el santo Evangelio que, al séptimo días, después que les hubo contado el misterio de su santísima Pasión, [Cristo] se fue al monte, y se transfiguró, y aparecieron allí Elías y Moisés . Y estando así hablando, dijo San Pedro: «Señor, mucho nos agrada esto. Estémonos aquí. Hagamos, si vos mandáredes, una cabaña para vos, otra para Moisés y otra para Elías. Y nosotros estaremos en vuestra cabaña». Y estando hablando esto, oyeron una voz que los espantó, sobre una nube resplandeciente, que dijo: «Este es mi Hijo predilecto, en quien me he complacido: escuchadlo» (Mt 17,5). Y al fin [les] dijo Cristo: «No digáis este misterio a nadie de los otros discípulos». [Éstos] estaban al pie del monte, y Judas con ellos, y por ser Judas ruin, se perdieron los otros aquel bien. Porque veáis cuánto mal hace [una] mala compañía. [Además], como aún los otros discípulos eran algo imperfectos, no les tocase la ambición de la envidia, [por eso Cristo les mandó] que no lo dijesen hasta que fuese resucitado, porque entonces, como más apurados, ya no sentirían [esa ambición]. Hace Dios esto para que, cuando tuviéredes algún hijo que os parece más virtuoso y más honrado, si le queréis hacer alguna merced y favor más que a los otros, es menester que [éstos] no la sientan, ni se alteren, ni se desasosieguen. De manera que, concluye el santo Evangelio, que se hizo el misterio de la Transfiguración después de siete días, el séptimo día. De aquí entenderemos que hay semana de Dios y semana del diablo, y las dos son de siete días. Los siete días [de Dios] son las siete virtudes: las tres teologales y las cuatro cardinales, las cuales se representan por los siete días de la creación del mundo, porque cada cosa criada corresponde a una virtud. El primer día, y lo primero que Dios crió fue la luz, para que diese luz a las demás cosas. Este día significa la virtud de la fe, porque ésta alumbra nuestro entendimiento, y ésta es la puerta. ¿Con qué pagaremos a Dios esta merced tan singular de habernos dado la fe? ¿Sabéis con qué? Con sólo conservarla. Así como la lámpara que tenéis en vuestra casa se conserva con el aceite, así vuestro entendimiento es la lámpara que alumbra y conserva vuestra casa, y la luz es la fe, y ésta se conserva con el aceite de la piedad y misericordia. Pues, ¿queréis conservar la fe, y que Dios os tenga de su mano? Sed misericordiosos y clementes.3.- El segundo día crió el firmamento, y dividió las aguas [turbias] de las aguas cristalinas. Este día representa la segunda virtud, que es la esperanza, [porque] el fundamento y firmamento es la esperanza, la esperanza de la gloria. Con este firmamento dividió Dios las aguas frescas de las vanidades de este mundo, de las aguas celestiales [que son] regalos del cielo. Y por eso la esperanza ha de ser firme, y [lo será], haciendo lo que Dios quiere. Pasáis por un puente angosto; [estáis] en peligro de caer, porque los antojos hacen las cosas mayores de lo que son; y así represéntaseos el puente mayor de lo que es, [y] ponéis los pies en el vacío, y vendrá la muerte, y sin hacer penitencia, os iréis a lo profundo del infierno. Pues, hermanos, atended no caigáis. El tercero día descubrió Dios la tierra, y la purificó y cultivó, para que produjese plantas para los animales. Este día representa la caridad perfectísima de Dios. Ésta descubrió Dios y apartó de los deleites, para que quedase descubierta la tierra del alma, que son las virtudes; y así como la tierra no fructifica hasta que está limpia, así el alma, hasta que esté limpia de las aficiones y malas inclinaciones, no podrá producir las hierbas y frutos de las virtudes. 4.- El cuarto día crió Dios el sol, para que alumbrase a los otros planetas. Este día significa la prudencia, que es la primera [virtud] de las cuatro cardinales, y ésta es la que da lumbre a las otras, porque ninguna virtud puede bien obrar si no va junta con la prudencia. El quinto día crió las aves y los peces, y dio a cada uno su lugar distinto. Esto significa la justicia, [pues esta virtud] hace dar a cada uno lo que es suyo. Por eso, cuando hacéis algo de bueno, todo lo habéis de dar a Dios como suyo; y si hay algo de malo, que lo atribuyáis a vos mismo. Y ésta es la verdadera justicia, que da a cada uno lo que es suyo. El sexto día formó al hombre y lo hizo diferente de los brutos animales. Este [día] significa la templanza, para que entendamos que en la templanza nos hemos de diferenciar de los otros animales, en no seguir nuestro apetito como ellos. El séptimo día, reposó Dios. En esto se significa la fortaleza, porque así como ella nos hace trabajar, [también] los que trabajan son los que reposan. Pues, [hermanos], en este séptimo día se hace la Transfiguración, porque si no hay fortaleza para sufrir los trabajos y persecuciones, jamás se verá el hombre en el monte de la gloria para transfigurarse. [Así podemos] entender cómo la fortaleza los alumbra a todos. Ésta es, pues, la semana de Dios, y llámase día de verano, porque el que camina por los días de esta semana, ¿qué noche se le puede esperar, sino muy suave y dulce?[Pero], el mundo también tiene [su] semana y sus días, y dícense de invierno, porque los días del pecador pásanse luego, son muy breves y cortos. Por eso Cristo los años que estuvo en este mundo, todos fueron de trabajos y fatigas, si no fue este poquito de la Transfiguración. Para que entendamos que en el día del pecador ha de haber muchos trabajos y poca gloria y descanso. Todo lo del mundo es esperanza, todo lo del mundo es pesar, y no se cumple nuestro deseo. Son, finalmente, días de invierno, días de vientos y tempestades.5.- Los siete días y semanas del diablo significan los siete pecados mortales. El primer día del invierno significa a los soberbios, día de viento y día de poca paz. El soberbio todo lo quiere para sí y que no hubiese nada para los otros, [como] ropa, bonetes, etc.; y quiere que todos le quiten el bonete y le hagan reverencias. El mayor mal que pueden hacer al soberbio es no hacer caso de él. El segundo día del demonio es día de hielos, [que] todo lo aprieta y encoge. Significa la avaricia, que [quiere] para sí tanto que, si ponéis agua en un vaso, ella lo aprieta de tal forma que, si no quebráis el vaso, no hay remedio, [a menos que] lo pongáis al fuego para sacar así una gota de agua. Así el avariento, [está tan helado y frío] en el amor de Dios, [que] tiene cerrada la bolsa con más nudos que [el] cordón de un fraile francisco. No hay remedio [para] que se le saque una blanca, hasta que le quiebran con la muerte y le ponen en el infierno al fuego. El tercer día es [de] niebla, y éste es muy malo, porque la niebla os entra por los ojos, por la nariz y oídos, y es causa de dolor de cabeza, [y hace] mucho mal en todo el cuerpo. Así el tercer pecado mortal que es la lujuria. Ésta es la que todo lo ciega, ésta es la que os entra por los ojos, y oyendo palabras ociosas por las ventanas [de los oídos] y boca, [os hace hablar cosas indebidas]; y [finalmente] causa dolor de cabeza imaginando acá y acullá.4.- El cuarto día es de nubes, es día diferente [al] de la niebla. [Es] un día cerrado, cuando claro y cuando oscuro, que cierra los caminos, y no acertáis adonde [ni] por donde vais. [Este día] figura a la ira, que cierra el alma, y que no ve adonde va. Y cuando ha esclarecido y ha pasado aquella nube, vos mismo quedáis afrentado de vos mismo. El quinto día es de nublado, en que no aparece el sol [y] se oscurece el corazón, y causa tristeza. Éste es la envidia, que oscurece el corazón y causa tristezas, en pensar en el bien del prójimo. El sexto día es de agua, de dormilones, de perezosos, y se significa con la pereza, porque ésta hace en tu alma que no salgas al servicio de Dios y al bien de tu prójimo; [en ir] al sermón, al hospital y [a visitar un] enfermo. El séptimo día es de los entreverados, que significa la gula, [pues] no os levantáis sino para comer y tragar. [Por tanto], hermanos, de estos días del diablo pasad y ejercitad vuestra vida por los días de Dios, [para que así], al séptimo día, quedéis transfigurados. Éste es, pues, el primer instrumento. 7.- Lo segundo [que se] dice [en el Evangelio] es que [Cristo] subió a un monte muy alto. ¿Y no podía transfigurarse en un valle o en un bajo, y no en alto? Fue esto [para] advertirnos por donde se van los hombres al infierno. Andaba Moisés guardando el ganado, y no lo quiso dejar a la orilla del monte, sino que lo entró [en la espesura], y estando allí dentro bien halló a Dios en la zarza (cfr. Ex 3), para darnos a entender que en la vida cristiana es necesario que haya gente recogida, porque aunque veáis por acá santos, que parecen buenos, al fin son santos forasteros, [esto es], santos fuera de la santa contemplación. Ahora decidme, por amor de Dios, vamos, llanamente: ¿No os mandan en el primer mandamiento que améis a Dios? ¿Pues cómo se puede amar a Dios sin que se causen algunos afectos de amor en nuestro corazón? Pues veamos, ¿cómo cumplisteis, si vos en toda vuestra vida no sentisteis un afecto de amor de Dios, y tenéis afectos de vuestros sayos, capa, zapatos, y cuanto hay en la vida os causa dulzura y amor, y sólo Dios os es amargo? Pues entended que no amáis a Dios, Señor nuestro, si no tenéis ningún afecto de amor de Dios. [Por aquí] veréis que hay poquitos recogidos, y que [muchos] son forasteros. Pero entended que lo mejor de la vida es recogerse el hombre en la espesura del monte de la contemplación, donde Dios revela los misterios de la gloria, como dice el profeta Oseas: Yo la acariciaré y la llevaré a la soledad y le hablaré al corazón (Os 2,14). ¡Oh qué dulces palabras de Dios! Yo la regalaré con la leche de los pechos y le haré aquellos regalos que la madre hace al niño a sus pechos. ¡Oh quién pudiese decir cómo Dios regala a un alma recogida! Pues, alma [cristiana], no te vayas al mundo; recógete un poquito, [porque] en ese monte alto se hace la transfiguración. Éste, pues, es el meollo y el medio [de llegar a ella]. Cristianos, no digáis somos oficiales, que más vale ir al cielo que cuanto podéis adquirir [aquí]. Un ratico en la mañana y otro a la tarde es bueno, y habemos de decir lo que dijo San Pedro: ¡Señor!, bueno es que nos estemos aquí (Mt 17,4). Aquí me gozaré [y] aquí me regalaré, [como dice el Salmo]: Éste es mi descanso para siempre, aquí habitaré, pues la he deseado (Sal 131,14). Y con esto, ya veis cuán amargo es llegaros a este santo ejercicio, que parece algarabía para la mayoría de la gente, y así huelen tan poco a cristianos, todos, o los más de ellos.8.- El otro misterio [que ofrece el Evangelio] es que aparecieron allí Elías y Moisés; el uno vivo, y el otro muerto. Moisés venía del Limbo, y Elías del Paraíso terrenal. Estos dos significaban el brazo secular y el eclesiástico. Por Moisés, que estaba muerto, se significan los frailes y eclesiásticos, muertos al mundo, [y] metidos en el limbo de la oración y contemplación. Ya habréis visto en la casa del rey que los que sirven las copas a la mesa del rey, andan bien tratados y vestidos, [mejor] que los que sirven en la caballerizas. Quiero decir, que los eclesiásticos son los que sirven a la mesa de Dios. Pues mirad cuánta limpieza habéis de tener. No toméis, sacerdotes, el altar por capa y abono [que todo lo encubre]. [No penséis]: «Digo Misa cada día, [luego] no pensarán que soy malo». Habemos de mirar que estamos muertos, como Moisés, [y] venidos del Limbo, y habemos de ser limpios. También es grande razón, que se les tenga mucha reverencia, porque si a la asnilla que llevaba Cristo, nuestro Redentor, el día de Ramos, movidos sus corazones por el Espíritu Santo, le echaron sus capas por donde había de pasar; cuánto más acato y reverencia se ha de ofrecer a un sacerdote que tiene a Dios en sus manos, que hace bajar a Dios desde el cielo al suelo, [y] que son como relicarios donde Dios se aprisiona. ¿Qué reverencia se les debe? Decidme: Si Dios diese a uno facultad para que pudiera absolver y perdonar todos los crímenes, ¿con cuánta reverencia y acatamiento le hablaríades y estaríades delante de él? Pues, ¿cuánta mayor reverencia se debe al sacerdote a quien Dios ha dado facultad para perdonar pecados? En esto se ve cuán poco sentimos las cosas del alma, [pues] al otro, porque nos perdona las miserias del cuerpo, temblamos delante de él; y al sacerdote, que nos perdona las del alma, no [lo] tenemos en nada. Así, [pues], que se acuerden los sacerdotes que [sirven a la mesa de Dios] , y esto [los obliga] a mayor santidad. Porque si las leyes condenan al que echa ponzoña en las fuentes comunes, [también] el sacerdote, que es fuente común donde [todos] han de ir a beber, será condenado si echa ponzoña de pecado [en su vida]. Si a las columnas de la Iglesia [se las] come la polilla, caerá todo el edificio. Pues, Padres sacerdotes, que sois columnas de la Iglesia y templos de Dios, si os come la polilla del pecado, caerá la Iglesia. [Bueno], no caerá, porque hay muchos santos y virtuosos, pero seréis causa del mal ejemplo, que es grande mal. Los maderos untados con aceite, si caen en el fuego, luego arden; así el sacerdote, que está untado con el aceite del sacramento del Orden, si cae en el infierno, más arderá, porque la culpa en el sacerdote es mayor. Esto es, pues, [lo que] representa [el] venir Moisés del Limbo, muerto. [Dice San Pablo]: Muertos estáis ya, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3,3). 9.- Elías representa el estado seglar, a los cuales les son más lícitas las cosas del mundo; [por eso] vino del Paraíso terrenal. Entre otras cosas que han de tener los casados ha de ser la concordia. Si ésta no tenéis, no tenéis matrimonio. Mirad que [se] dijo: Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre (Mt 19,6). Pues vemos que cada día se dividen los casados. El uno dice: «No me pagaron». El otro: «No me agrada, no me hace buen tratamiento». Esto es señal de que no os casó Dios, sino el diablo, porque los que Dios casa, no los apartará [ni] el diablo, ni la madre, ni el padre, sino Dios sólo por la muerte. Los que se casan por la hermosura, [el demonio] los descasa. Los que se casan por amores y dinero, a [los] cuatro días [que] han cumplido su voluntad le aborrece la mujer, y no lo puede ver más que al diablo. Iba un ángel con Tobías, y díjole: «Cásate con esta mujer». Dícele [Tobías] a Dios: «Siete se casaron con ella ¿y que me acaezca a mí lo que a ellos?» «No será así -dice el ángel-, [porque] aquéllos eran carnales y no se casaron por el fin que debían; pero si tú lo haces por el fin que quiere Dios que se haga, que es, que te dé frutos de bendición, y para tener remedio contra la carne, de esta manera no llegará a ti el diablo» (cfr. Tb 6,12-17). Pues ya sabéis, [hermanos], cuántos se casan por amores, por solamente carnalidad, sin otro fin, y así mirad la vida y fin que hacen. [Cuéntase en el Génesis] que Abraham dio cargo a un criado que le buscase casamiento para su hijo [Isaac], [y] tómale juramento [de] que le había de buscar una mujer virtuosa (cfr. Gn 24,1-9). Tres cosas hay aquí [que considerar]. [Lo primero], que el padre buscó la mujer para su hijo. Lo segundo, que el casamiento fuera santo, y ahora el mozuelo y la mozuela luego se envían cartas. [Y] lo tercero, que no sea rica ni pobre, sino virtuosa. ¿[Es] eso lo que pretendéis ahora? No, en verdad. [Según el texto sagrado], Eliecer, el criado de Abraham, tuvo [todo esto] en cuenta, [y] cuando [las muchachas] salían a por agua, rogó a Dios que le alumbrase para que escogiese una mujer benigna y piadosa. Y como no miraba a lo del mundo, diole Dios una mujer con todas aquellas [cualidades] que deseaba (cfr. id. 10-14). Pues así hace Dios con los que lleváis buena intención, y si así no lo hacéis, a [los] tres días se hacen asco. Pues, hermanos, para que tengáis paz, que es una cosa tan importante entre los casados, rogad a Dios que os case, haced que os case Dios. Esto es, pues, lo que el santo Evangelio nos enseña al decir que se hallaron [con Cristo] Moisés y Elías. Pues entended, que si vais paseando por los siete días [antes mencionados], no sólo os sucederá buena noche, [sino que], si tuviéredes [verdaderos] afectos de amor [a Dios], en vos habéis de oír la voz que diga: Éste es mi hijo amado, éste es el justo y el siervo de Dios. Pero en oír esta voz, habéis de caer en tierra, como cayeron los discípulos. Quiero decir que, cuando os viéredes alabar, que os derribéis con humildad, y luego vendrá Dios. Y no temáis, porque todo redundará en bien vuestro.
10.- Lo último que se ha de notar es que San Pedro, por ver allí aquella gloria, dijo que [se] hiciesen allí tres cámaras. Y dice el texto: No sabía lo que se decía (Mc 9,6); [esto es],que hablaba desatinos. Pues, si estando San Pedro con Dios, con aquella tan buena ocasión, hablaba desatinos y necedades, ¿cuántas más dirían los que no entienden sino en edificar casas [y] mejorar mayorazgos? Decidme: ¿No sería grande locura de uno que, yendo a vivir y morar en Roma, [se] gastase en el camino cuatrocientos ducados en hacer una casa para solamente estar en ella dos días, yendo de camino? Pues, hermanos, ¿no veis que todos vamos a morar al Reino de los cielos, y que aquí andamos caminantes con dos días de vida que tenemos? Cosa es de locura ponerse el hombre de propósito a hacer tantos edificios por sólo cuatro días.
Este es el desatino de los hombres, gastar sus haciendas en cosas perecederas y edificar todo esto con haciendas propias. [Pero], no sería tan grande mal, como edificar con bienes y sudores de [los] pobres, porque creo realmente que [muchos] caballeros lo hacen con el sudor de sus vasallos; y así veréis que los mayordomos no entienden sino en robar para sí y para sus amos. Los alcones que andan por el monte menos mal hacen a las aves, que los domésticos; [y] la razón es, porque los del monte no procuran hartarse, sino a sí mismos, [mientras] que los domésticos a ellos y a sus amos. Y así, de los ladrones que roban por los caminos recibimos menos mal que de la República, con harto riesgo suyo. Pero [que] Dios os guarde del ladrón casero, de los domésticos: éstos son los que destruyen la República. Pues si San Pedro desatina, ¿cuánto más vosotros?Pues, hermanos, notad esto, que no son fábulas; [de lo contrario], ninguno habrá la salvación. Todas estas consideraciones son perlas que las debíades de enterrar en el cofre de vuestro corazón. Acordaos de los siete días de Dios, para que cada día un poquito os podáis ocuparos en la oración; y de los días del diablo, para que os libréis de las tentaciones y no os metáis en las ocasiones. [Recordad también] la reverencia que habéis de tener a los sacerdotes; y ellos, cómo han de estar muertos al mundo y han de salir del limbo de la contemplación, como Moisés. Acordaos también cómo San Pedro, por querer hacer una cabaña en este monte, aunque con Cristo, no supo lo que se dijo; [pues] cuánto más vos que no lo hacéis sino en compañía del demonio. Pues alúmbreos Dios vuestras almas, para que os aprovechéis de esta doctrina, él que alumbró hoy los entendimientos de los Apóstoles, para que os podáis aprovechar, y ganar aquí la gracia, con la cual seáis después transfigurados en gloria. Amén.
Sermón 2º
Fragmentos sobre el mismo Evangelio
«Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie, sino a Jesús solo» Mateo 17,8
1.- La que más y mejor miró siempre a Jesús a solas, fue la Virgen María, porque ella fue la que mayor gracia participó, y no sólo para sí, pero hoy para sus devotos, que se la piden, [diciendo]: Ave María. 2.- [Explica] que nuestro Señor nos ha querido [hoy] hacer plato y muestra de su gloria, para esforzar a la penitencia a sus hijos. [Por eso] la Iglesia nos propone este divino misterio y fue muy necesario que Cristo nos mostrase algo de su gloria para animarnos. Y, si viendo el premio cuán grande sea, no le servimos, ¿qué haríamos si no [lo hubiera mostrado]? Si el jornalero, viendo en las manos la paga, no trabaja, ¿qué haría si no la viese? Hizo Dios misericordia con nosotros, como la hizo a Elías que, huyendo de Jezabel, se puso debajo de [un] fresno y pidió morirse allí; y un ángel le dio pan [cocido al] rescoldo y agua, y, comiendo, caminó hasta el monte Horeb (cfr. 3 R 19,4-8). Así hace Dios a los cristianos, que cada uno es Elías, que quiere decir, «zelo del Señor». Éste se halla en cualquier justo y bueno, el cual, viéndose perseguido de la carne y de las murmuraciones, desea acabar la vida; pero el ángel, que es el predicador, proponiendo el pan de la buena doctrina y el agua de la gracia, si las guardare, se [hallará] confortado. Y para mejor entender esta Transfiguración, andaremos con el Evangelio: Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los subió a un monte alto, a solas (Mt 17,1). Hizo Cristo un sermón, como se ve en el capítulo 16 [de San Mateo], [en el cual] dijo: En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no verán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su reino (v.28). [Y después se dice]: Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los subió a un monte alto a solas, y se transfiguró delante de ellos. Y [es que] no se puede bien contemplar el cielo y la gloria, sino apartados y subidos del valle y tráfagos del mundo.3.- La primera cosa que hizo Dios a la entrada [de los hebreos] en la tierra de promisión fue que mandó rodeasen la ciudad de Jericó, y, con las trompetas tañendo, fue asolada con muros y torres (cfr. Jos 6,1-5). Así ha de ser en el corazón del cristiano, cuando oye las trompetas de las buenas inspiraciones, el mundo [caiga a sus pies]... etc. Y porque Acán tomó una [barra] de oro y una capa de grana fue apedreado (cfr. Jos 7,20-26), [de la misma manera], todos los que quisieren medirse a la manera del mundo, perecerán... etc. [Dice el Evangelio que Jesús] tomó a Pedro, Juan y Diego (= Santiago), por muchas razones: [una, para] que en la Pasión no se escandalizasen; [y otra], porque eran los más principales, etc. Y dejó a los demás, para denotar que más son los condenados que los [que se] salvan, etc. Y subido al monte se transfiguró... Y aparecieron Moisés y Elías, y no otros [profetas o patriarcas], como Abraham, etc., porque Moisés fue muy celoso contra el Faraón [de Egipto], y Elías contra Acab y la idolatría (cfr. 3 R 18); [además ambos] fueron muy famosos porque ayunaron cuarenta días con trabajos; y [también] para mostrar que era Señor de los bienes de los vivos y de los muertos.4.- Y hablaban del exceso de su muerte que había de tener lugar en Jerusalén (Lc 9,31). Hablaban del exceso del dolor que padeció Cristo, porque todos los dolores de los mártires no fueron tan grandes, [siendo] Cristo [la persona] más delicada que hubo. Y hablaban también del exceso de deshonra, del exceso de amor...etc. Decidme: Si el rey consultase con los grandes [de su corte] que quería que se sentenciase al príncipe, y [se le] pusiese en cruz, por el amor que tenía a una ramera, que hubiese cometido y caído en todos los vicios y deshonestidades, y que pagase su hijo los crímenes que ella había hecho, ¿qué diríamos? ¡Qué exceso de amor! [Pues bien, dice San Juan]: Dios amó al mundo de tal manera que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Y San Pablo: Dios no perdonó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (Rm 8,32), que somos unos sucios y malos. ¡Oh, cómo obedeció! Fue como el pelícano que con su propia sangre da vida a sus hijos, etc. Y el Padre [dijo]: «Este es mi Hijo predilecto, en quien me he complacido: escuchadlo» (Mt 17,5). Quiere Dios que lo tomemos por Maestro y le obedezcamos... Háblanos Dios por muchas maneras [mediante] predicaciones. [Cuenta la historia] de Nínive (cfr. Jon 3), y cómo Jonás, predicando, de aquí a cuarenta días Nínive será destruida, el rey que lo oyó hizo [un] pregón [para] que todos ayunasen. Y dice el texto [sagrado] que todos creyeron al Señor [y se convirtieron]. Así [sucede con] los predicadores [evangélicos]: No seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros (Mt 10,20). 5.- [Según el Evangelio] San Pedro, engolosinado, dijo: Señor, bueno es que nos estemos aquí. Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías (Mt 17,4). Si una gota lo embriagó, ¿qué será cuando fuere saciado con la abundancia de su casa? (Sal 35,9). Encarézcase esto y cómo se olvidó de todo [lo demás], etc. Luego tocólos Dios y se levantaron (cfr. Mt 17,7). Di que los cristianos, y los que caen de rostro, ven donde caen y, aunque sean frágiles, reconocen su pecado. Cuando llama Dios es necesario levantarse y confesarse, etc. Pero los que caen [hacia] atrás, no ven adonde caen, y así permanecen obstinados como los judíos que, [al prender a Jesús], retrocedieron y cayeron en tierra (Jn 18,6). [El Evangelio añade]: Los discípulos, cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie, sino a Jesús solo (Mt 17,8). [Y es que] el fin de la ley es Cristo (Rm 10,4). A él hemos de mirar [dice el Apóstol]: En verdad todo lo tengo por pérdida, en cotejo del sublime conocimiento de mi Señor Jesucristo (Flp 3,8). Y éste es el fin: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo (Jn 17,3). En él hemos de poner nuestros deseos, palabras y obras. Di que hace Cristo como el águila real, que toma sus pollitos y les sube muy alto, para que miren de hito al sol. Así Cristo a los suyos. [En cambio] el milano, aunque sube muy alto, tiene los ojos [puestos] en tierra. Así muchos son altos para saber entender y presumir, pero, [como dice el Salmo], clavan sus ojos para derribar a los otros por tierra (Sal 16,11). Todo lo que hacen es por sus intereses, etc.
Mira que Cristo es como el águila que incita a volar a sus polluelos extendiendo sus alas y revoloteando sobre ellos (Dt 32,11). Así Dios da trabajos a los suyos..., etc. [Y] mira a Cristo transfigurado en el monte Calvario, que de impasible se hizo pasible, de harto, hambriento, [y] con hiel; y de inmortal, mortal, etc. Pídele que, pues, por tu amor se transfiguró, te dé la gracia [para] que te transfigures de deshonesto en casto, de soberbio en humilde, etc., dándote aquí la gracia [y después la gloria]. Amén.