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«Botella medio llena o botella medio vacía»
Por Mª Ángeles Calleja, o.p.
«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: `Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.' Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' Llegándose también el de los dos talentos dijo: `Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.' Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.' Llegándose también el que había recibido un talento dijo: `Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.' Mas su señor le respondió: `Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 25, 14-30)Este pasaje evangélico nos presenta dos tipologías bien distintas, antagónicas entre sí: Tipología que llamaremos de "los de la botella medio llena" y tipología de "los de la botella medio vacía"
Desde ya, afirmamos que no creemos en la existencia de tipologías puras, aquello de «blanco o negro»; la cosa se nos presenta como mucho más compleja. Podríamos dejarlo en un «gris». Con todo, nos asentamos en el presupuesto de que se da una tónica general de pensar y por ello actuar, bien con una orientación positiva o por el contrario, de corte negativa. Así, mientras que la primera es la que tiene en sus filas a los que encarnan en sus vidas la positividad por excelencia, la segunda es la de los agoreros, aquellos que tienden a visionar la vida en clave negativa; los típicos resentidos, amargados, fracasados que bien saben poner la nota triste a todo tipo de acontecimiento. Aquellos que al encontrárnoslos y después de saludarlos con un pletórico ¡Buenos días!, no tienen otra contestación más genial que aquella de... ¡Sí!, pero a lo mejor llueve.
¿Somos de este último grupo?...Esperemos que no; y de serlo, vamos a intentar cambiar la botella media vacía por la botella medio llena, pues es el mismo Señor Jesús quien por boca del apóstol nos invita a dar un giro a nuestra vida: "Os conjuro en el Señor (...) a renovar el espíritu de vuestra mente, y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad" (Ef 4,17.23-24).Frente a lo apuntado, cabe preguntarnos, si es que no nos lo hemos hecho ya: ¿Es posible la tal renovación, nosotros que tenemos sobrada experiencia de aquello de empezar de nuevo, caer y vuelta a empezar, en lo que experimentamos como una danza sin fin?Más que demás sabe el Padre de que masa estamos hechos: «No pongáis la confianza en un ser humano, incapaz de salvar; exhala su aliento, retorna a su barro ese mismo día se acaban sus planes» (Sal 146, 3-4). En todo caso, somos nosotros los que en el transcurso de la vida nos vamos enterando de nuestra verdadera identidad y de ser esto así, seremos inmensamente afortunados. Por tanto, el Padre parte de un Proyecto personal e intransferible para cada hijo en el Hijo, de ahí que «a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad» (v.15). Dios Padre afirma la diversidad, no la uniformidad, sin menoscabo de la comunión como han querido afirmar desde posturas totalitaristas y dictatoriales ciertas ideologías exacerbadas queremos hacer notar, que "así les ha ido el pelo", pues tanto de un extremo como del otro, han demostrado ser ineficaces, inoperantes... un total fracaso. Parece ser que no llegaron a leer 1 Co 12, 41. En definitiva, nuestra alegría no depende de la cantidad de talentos recibidos. Aquel cuento de la lechera, en el caso que nos ocupa, nos vendría a decir: Si soy guapo, seré feliz y podré... Si soy listo, seré feliz y podré aspirar a... Si soy rico, seré feliz y podré adquirir... Y un largo etcétera.Rápidamente nos damos cuenta que estos planteamientospermítaseme la expresión- hacen "leche" por todos los sitios: se nos ha roto el cántaro. Lo apuntado no nos resultará de comprobación dificultosa, basta con echar una mirada a nuestro alrededor y aún más cerca: en nosotros mismos. Cuántas veces nos encontramos con la posesión de todo aquello por lo cual el mundo nos garantiza el ser portadores de un billete de oasis de felicidad, mas en la práctica, experimentamos las más de las veces, desde la zozobra y la angustia- que no es así. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Dónde está el fallo? La cosa se pinta del todo sencilla, posiblemente por eso, no acabemos de visionarla como tal; la felicidad se encuentra en el propio corazón del hombre. Al respecto, decía el poeta:
«¿Altivez? ¿Honores?
Torres ilusorias que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias un rincón de tumba.
No pido el laurel que nimba al talento,
ni las voluptuosas guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!»
Volviendo al pasaje evangélico que estamos meditando, apuntamos que los tres personajes que intervienen fueron invitados a conjugar su vida desde la felicidad. Parece ser que los dos primeros sí que se enteraron del Proyecto que el Padre había pensado para ellos. Así, los frutos no se hacen de esperar: «Entra en el gozo de tu Señor» (v.21); no así el tercero, que en su mal entendida libertad, optó por el camino errado.
Tipología de los de la botella medio llena
«Enseguida el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos (...) Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor (...) Llegándose al que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: `Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel» (vv. 16.19-21)Nos encontramos ante un hombre honrado, trabajador, rápido -«enseguida se puso»- a emprender la tarea que le ha sido encomendada, dando con ello una respuesta de fidelidad al servicio encargado. Es diligente en la empresa que ha de acometer, sabiendo poner de su parte todo lo necesario para que ésta fructifique: «ganó otros cinco».
Es del todo obvio que los beneficios no son obtenidos por arte de magia, sino que por el contrario, representan y suponen un esfuerzo, gran tenacidad en base a nuestras capacidades, frente al quehacer de cada día. Un bregar constante: tanto cuando se trabaja a favor, como cuando se trata de ir contra corriente. En frase de M. Raymond, sería: «Concéntrate en la labor del momento. Entrega tu corazón, tu mente y todas tus energías a lo que hagas, con exclusión de todo lo demás»
Nos ponemos frente al espejoY nosotros: ¿Cómo nos situamos y respondemos frente a las responsabilidades que nos atañen como cristianos?... ¿Somos diligentes ante las tareas que se nos encomiendan?...Los talentos que poseemos, ¿a qué y/o a quiénes sirven? ¿Son instrumentos para construcción del Reino del Padre o por el contrario, son medios para edificar y enriquecer mi propio ego?...¿Quién es mi Señor? ¿Qué o quién(es) señorea(n) mi vida?... ¿Elijo crecer en lugar de consumirme en torpes excusas?... «La más larga caminata comienza con un paso» (Proverbio hindú)Antes de pasar a la segunda Tipología, queremos hacer un alto en el camino para subrayar los elogios apuntar que son los mismos, tanto para el que posee cinco talentos, como para el que tiene dos que el señor hace al siervo fiel. Alaba su fidelidad, mas he aquí un dato fundamental, que no nos ha de pasar desapercibido, por la importancia que reviste. Dice: «En lo poco has sido fiel»... ¡Nos situamos frente al quid de la cuestión! Mas, cabe preguntarse a renglón seguido: ¿Cómo que en lo poco?... Parece ser que este tal señor no se entera de lo que prima en este nuestro mundo: «En todo aquello que implique Poder, Poseer y Placer, mucho»... ¿Será de otra galaxia?
Pregunta hecha por demás, pues bien sabemos todos, por experiencia más o menos directa, que nos estamos moviendo en clave de valores evangélicos. Por ello, no se trata de heroicidades, de proyectos espectaculares. Simple y llanamente consiste en ser fiel en el aquí y ahora, en el cada hoy, intentando dar respuestas coherentes a las distintas situaciones y circunstancias que se nos presentan; y de no darlas, también se anda por buen camino, careciendo de empacho mental si uno reconoce no haberlas dado y rectifica al respecto, en la medida que puede. Por tanto, la grandeza del hombre no estriba en hacer cosas extraordinarias, tipo superman o superwoman, sino en ser lo que el Padre le ha llamado a ser.
Tipología de los de la botella medio vacía«El que había recibido un talento se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor" (v.18).¡Lamentable! Realmente lamentable, pues ni más ni menos que este hombre se esforzó por ser un desgraciado. De hecho hubo actividad cavó, escondió-, mas en detrimento de su persona. Eligió consumirse en vez de crecer. La situación que acabamos de comentar, exige pregunta personalizada: ¿Y nosotros?... ¿Somos como este siervo, que escondemos en tierra, es decir, en encerrarnos en nosotros mismos, lo que nos conduce inexorablemente a un sobrevivir, a no permitirnos una visión y experiencia cósmica de nuestra existencia que va mucho más allá de nuestras narices, en definitiva, en no aspirar a los bienes de arriba y quedarnos en la medianera de «tejas hacia abajo»? (Col 3,2)Por boca de San Pedro, el Señor nos hace una invitación: «Con los dones recibidos, poneos al servicio de los demás» (1ª Pe 4,10). Más aún, pues nos pone sobre aviso de que «quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace es culpable» (St 4,17) ¿Será por esto que al final de la parábola se afirma de manera contundente que «al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aún lo que tiene, se le quitará»? (v.29)En la medida que los dones recibidos los escondo en mí mismo mi tierra-, en esa misma medida no habito mi tierra que es la del servicio, disponibilidad para con mis hermanos, sin lugar a acepciones ni excepciones; es la tierra de la lealtad, de la coherencia con lo que uno es, es decir, vivir de una manera digna de la vocación con que hemos sido llamados (Ef 4,1).
¿Qué peculiaridades tiene la susodicha vocación? Hemos sido llamados a la vida por la Vida, en la Vida y para la Vida: «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28) Así de sencillo, así de novedoso... así de estupendo.
Caricatura del Padre
«Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo» (vv. 24-25)¿Es ésta la imagen que tenemos del Padre, muchos de los que nos llamamos cristianos, y todavía más horrible, la que predicamos de palabra y con nuestra vida?¿Adónde queda el Proyecto pensado por Dios Padre para cada uno de nosotros? En base a estas palabras, ¿hay lugar para el verdadero rostro de Dios que es Bondad y Fidelidad?¿Somos como este siervo que se excusa tras la mezquindad del Señor, para no fructificar el plan que se le invita a secundar?¿Tengo miedo al designio del Padre para conmigo? De ser así, ¿cuál o cuáles son la(s) causa(s)? ¿Acaso será que el boceto lo visiono cargado de obligaciones, con pocas, por no decir ninguna compensación?¿Creo firmemente en aquello de que es el temperamento el que condiciona mi vida y por tanto, mi actuar?...Al respecto, es muy aleccionador un texto de Thomas Merton en su libro "Pensamientos de la soledad" Dice así: «El temperamento no predestina a un hombre a la santidad y a otro a la condenación. Todos los temperamentos pueden ser el material de la condena o la salvación. Tenemos que aprender a ver que nuestro temperamento es un don de Dios, un talento que tenemos que emplear hasta que Él venga. No importa que hayamos sido dotados de un temperamento pobre o difícil. Si hacemos buen uso de lo que tenemos, si lo ponemos al servicio de nuestros buenos deseos, podemos hacer más que aquel que sirve a su temperamento en lugar de servirse de él»Resultaría interesante que tuviéramos un careo ficticio con el siervo perezoso, pero que a lo mejor arroja luz sobre nuestra propia realidad. ¿De dónde te viene a ti ese conocimiento de tu amo, como hombre duro y exigente?... ¿Por qué sigues trabajándole?... ¿Qué te mueve a estar bajo sus órdenes, pues por lo que parece, son más los disgustos y sinsabores que las alegrías y gozos?... ¿Tienes miedo a ser «castigado» si te alejas de él?... Si es así, ¿no será porque lo reconoces como un tipo poderoso?... ¿Será la rutina o tal vez, una vida más o menos organizada, ordenada... un ir tirando sin pena ni gloria?...Las preguntas se sucederían por doquier y hemos de contar con el hecho de que nos van a importunar, posiblemente a desalentar y con mucho a querer echar marcha atrás y seguir como estábamos, sin complicarnos la vida más que lo mínimo, que para eso son cuatro días.
No tiremos por la tangente y cojamos el toro por los cuernos, que saldremos con mucho, ganando. Escribe el Hermano Rafael: «No pongamos la luz bajo el celemín, nos dice Jesús en el Evangelio. Publiquemos las grandezas de Dios. Hagamos llegar al corazón de nuestros hermanos los tesoros de gracias que Dios derrama a manos llenas sobre nosotros. Publiquemos a los cuatro vientos nuestra fe, llenemos el mundo de gritos de entusiasmo por tener un Dios tan bueno. No nos cansemos de predicar su Evangelio y decir a todo el que nos quiera oír, que Cristo murió amando a los hombres, clavado en un madero...Que murió por mí, por ti, por aquél... Y si nosotros de veras le amamos, no le ocultemos... no pongamos la luz que puede alumbrar a otros, debajo de un celemín».
Marca de la botellaConocer, aceptar, actuar desde la propia realidad de lo que uno es, he ahí el principio de vivir en clave de «Botella medio llena». Merece todos los esfuerzos el caminar por esta senda, lo que decía Ortega y Gasset: «Yo y mis circunstancias»
Al hilo de todo lo expresado y entrando en la recta final de esta reflexión, transcribimos un cuento hasídico, como síntesis de todo lo compartido:
«Un pobre campesino que regresaba del mercado a altas horas de la noche descubrió de pronto que no llevaba consigo su libro de oraciones. Se hallaba en medio del bosque y se le había salido una rueda de su carreta, y el pobre hombre estaba muy afligido pensando que aquel día no iba a poder recitar sus oraciones.Entonces se le ocurrió orar del siguiente modo: «He cometido una verdadera estupidez, Señor: he salido de casa esta mañana sin mi libro de oraciones, y tengo tan poca memoria que no soy capaz de recitar sin él una sola oración. De manera que voy a hacer una cosa: voy a recitar cinco veces el alfabeto muy despacio, y tú, que conoces todas las oraciones puedes juntar las letras y formar esas oraciones que soy incapaz de recordar»
Y el Señor dijo a sus ángeles: «De todas las oraciones que he escuchado hoy, ésta ha sido, sin duda alguna, la mejor, porque ha brotado de un corazón sencillo y sincero» |