MEDITACIONES
DIOS LLAMA A TODAS HORAS

Por María Jesús Carpena

Cantico.jpg (33513 bytes)Todos los hombres reciben una llamada de Dios, y si somos fieles, recibiremos como premio la vida eterna, la participación de la misma vida de Dios. Unos reciben esa llamada en amanecer de su vida, cuando son muy jóvenes. Otros, cuando ya han recorrido una buena parte del camino. Y eso se produce en cualquier circunstancia. A todos les espera el premio del Cielo. Trabajar en la viña del Señor, en cualquier edad, es colaborar con Cristo en la Redención del mundo. Por eso, quien se siente llamado a trabajar en la viña del Señor debe, de muy diversos modos, "participar en el designio divino de la salvación y ayudar a los demás a fin de que se salven, pues ayudando a los demás se salva a sí mismo" (JUAN PABLO II). No sería posible seguir a Cristo, si a la vez no trasmitimos la alegre nueva de su llamada a todos los hombres.

El Señor llama a los hombres en horas muy diversas de su vida. Así, para nosotros, cualquier momento es bueno para anunciar el mensaje de Cristo. Dios llama a cada uno de acuerdo a sus circunstancias personales, con su modo peculiar, con sus defectos y también con sus virtudes. Sin embargo, muchos morirán sin conocer a Cristo, porque nadie les transmitió la llamada del Señor. Los primeros cristianos aprendieron bien que el apostolado no tiene limitaciones de personas, lugares o situaciones. Todas las situaciones eran buenas para acercar las almas a Cristo, incluso las que humanamente podrían parecer menos adecuadas, como la de comparecer ante un tribunal. Cuando San Pablo, prisionero en Cesarea, habla en defensa propia ante el procurador y el rey, les desvela los misterios de la fe, de tal forma que mientras se defendía de este modo (Hch 26, 24-32) anunciaba al mismo tiempo la resurrección de Cristo. Más tarde el rey Agripa dirá a Pablo: Un poco más y me convences de que me haga cristiano.

Ninguno de nuestros conocidos –parientes, amigos, vecinos– de los que estuvieron con nosotros una sola tarde, o realizaron un viaje en un mismo medio de transporte, o trabajaron en la misma empresa, o estudiaron en la misma Universidad... debería decir que no se sintió contagiado por nuestro testimonio de Cristo. Muchos se sentirán movidos por nuestra palabra, por el ejemplo de nuestro trabajo bien acabado, por la serenidad ante el dolor o por el trato cordial que hunde sus raíces en la caridad. Trabajar para Cristo es colaborar con Él en la salvación de todos y motivo de acción de gracias por habernos admitido en su compañía. Pidamos ayuda a Dios para que nos enseñe a gastar la vida en el servicio a Jesús, mientras realizamos con alegría nuestro quehacer familiar , social o profesional en el mundo.