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Por Mohandas Karamehad Gandhi (1869-1948)
Durante su larga y dura campaña por la independencia de la India, recalcó, por encima de todo, el principio de la no-violencia. Combinó en sí mismo el papel de ardiente nacionalista con la fe del predicador de un hinduismo renovado que insistiese en los temas de la perfección y la pureza. Fue, en una palabra, un político que apostó a convertirse en santo.
El Dios de la Verdad es un sol que ha iluminado mis horas más oscuras. El nombre de Rama no es una máxima libresca, es algo que debe ser comprendido a través de la experiencia. Solamente puede percibirlo aquel que ha tenido una experiencia personal, nadie más.
La recitación del nombre de Rama para las dolencias espirituales es tan antigua como el mundo. Pero lo mayor incluye a lo menor. Y yo afirmo que la recitación del nombre de Rama es también un remedio eficacísimo para nuestras dolencias físicas. Tenemos más necesidad de médicos de almas que de médicos de cuerpos.
La abundancia de hospitales y de médicos no es ningún signo de civilización. Cuanto menos cuidemos todos de nuestro cuerpo, mejor será para nosotros y para el mundo. El nombre de Rama es para el puro de corazón y para los que quieren alcanzar la pureza y mantenerse puros. Nunca puede ser un medio de auto indulgencia. El nombre de Rama, para ser eficaz, debe absorber por completo vuestro ser, durante su recitación, y manifestarse en todo el conjunto de vuestra vida.
Mi Rama, el Rama de nuestras oraciones, no es el Rama histórico, el hijo de Daçaratha, el rey de Ayodhya. Es el eterno, el no nacido, el uno que no tiene segundo. El nombre de Rama posee el tremendo poder de convertir el deseo sexual en un anhelo divino por el Señor. El nombre de Rama, si se recita desde el corazón, ahuyenta todo mal pensamiento.
Hindudharma es como un océano infinito, rebosante de inapreciables gemas. Cuanto más profundamente te sumerjas, más tesoros encontrarás; es el camino por el que han andado algunos de los más grandes sabios de la India que fueron hombres de Dios, no simples supersticiosos o charlatanes. Extraer el nombre de Rama del corazón significa obtener un auxilio de incomparable poder. La bomba atómica no es nada comparada con él. Este poder es capaz de hacer desaparecer todo sufrimiento. Decir esto es fácil. Conseguir la Realidad es muy difícil. Sin embargo, es la cosa más grande que puede poseer el hombre.
La razón sigue al corazón, no le guía. Un corazón puro es, pues, el requisito más importante para gozar de salud física y mental. Tolstoi dijo que si el hombre arrojase a Dios de su corazón, aunque sólo fuese por un solo instante, Satán ocuparía su lugar. El nombre de Rama expulsaría, en ese caso, a Satán.
Por nosotros mismos no somos sino insignificantes gusanos. Nos hacemos grandes cuando reflejamos su grandeza. Los hombres hacen de su cuerpo físico un objeto de adoración, y desprecian, en cambio, al Espíritu inmortal. Cualquiera que le lleve a El en su corazón tiene acceso a una maravillosa fuerza, o energía, tan objetiva en sus efectos como, por ejemplo, la electricidad; pero mucho más sutil.
El nombre de Rama es como una fórmula matemática que resumiese brevemente el resultado de una interminable averiguación. ¡Qué cantidad tan enorme de trabajo y paciencia han desperdiciado los hombres para obtener la inexistente piedra filosofal! Ciertamente, el nombre de Dios es de un valor infinitamente más alto, y siempre existente...
(Recopilación por José Luis Sierra Valentí, o.p.) |