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Por Federico Nietzsche
Hemos abandonado la tierra firme, nos hemos embarcado. Hemos dejado el puente atrás, más aún, hemos roto nuestra vinculación con la tierra firme. Las seguridades heredadas que nos unían a la tradición han desaparecido. Las formas religiosas que nos garantizaban la salvación en "otra vida" han perdido vigencia. Los dioses y señores que garantizaban nuestra vida no nos satisfacen. Las normas o códigos morales que encauzaban nuestro actuar correcto ya no tienen fuerza impulsora.
¡Ea, barquita! ¡Toma precauciones!...
A tu lado está el océano, es cierto, no siempre brama, y de vez en cuando yace como seda y oro, como el ensueño de la amabilidad. Pero llegarán horas en las que reconozcas que es infinito, que no hay nada tan terrible como la infinitud.
¡Ay del pobre pájaro que se ha creído libre y choca contra las paredes de esta jaula! Ay, cuando te viene la añoranza de la tierra firme, como si allí hubiese habido mayor libertad..., y ya no hay «tierra firme».
Si te atreves a remar en el horizonte de lo infinito, en el horizonte de la divinidad, al cual estás llamado, tendrás que romper con todas las seguridades, con todas las tierras firmes que te presentan y ofrecen los convencionalismos y los respetos humanos.
Olvídate del "que dirán", del "qué será de mí", para hacer lo que tú digas y decidas en contra del qué dirán, y así llegar a ser el que tienes que ser superando los miedos del qué será de mí.
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Las enseñanzas del real vivir tienen un objetivo: llevar al hombre a su plenitud. Soñadora y profundamente, se trata de una plenitud de eternidad, en un proceso de "ser ansiante".
Esta plenitud eternal, en el hombre concreto, es su realización terrenal. Es decir, se trata de ser auténtico y consecuente con el propio modo de ser y de pensar, aquí y ahora: en esta vida.
Este logro está contrapunteado por el dolor y el sufrimiento; pero aún más por el placer y la felicidad.
Así nos lo cuentan las doce campanadas del reloj:
¡Una!... ¡Hombre, presta atención, medita!
¡Dos!... ¿Qué es lo que dice la profunda medianoche?
¡Tres!... "¡Yo he dormido, yo he dormido!
¡Cuatro!... "He despertado de mi profundo sueño.
¡Cinco!... "¡El mundo es profundo!
¡Seis!... "¡Y más profundo de lo que pensó el día!
¡Siete!... "¡Profundo es su dolor!"
¡Ocho!... "¡El goce es más profundo que la aflicción!
¡Nueve!... "El dolor dice: ¡pasa y acaba!
¡Diez!... "Pero todo goce quiere eternidad,
¡Once!... "Quiere la profunda eternidad"
¡Doce!... "Es lo que dice el luminoso y feliz mediodía".
Y seguí pensando... y meditando...
Yo dormía, yo dormía... De un profundo sueño me he despertado. El mundo es profundo, y más profundo de lo que en el día había pensado.
Profundo es su dolor. El placer es más profundo aún que el sufrimiento. El dolor dice: ¡Pasa!... Mas todo placer quiere eternidad. ¡Quiere profunda, profunda... eternidad!
(Acomodación y arreglo, Jes) |