MEDITACIONES
ESPÍRITU ABIERTO

Por Martín Lutero

(...) Debes dejar que tu corazón se conmueva con las calamidades y flaquezas de los demás, como si fueran tuyas; y ofrecer tu fortaleza, como si fuera de ellos, del mismo modo que lo hace contigo Cristo en el sacramento. Esto supone identificarse mutuamente por el amor, dejar de ser trozos dispersos para formar un pan y una bebida, salir cada uno de sí mismo y formar una unidad...

(...) También debemos tener caridad, y por amor hacernos uno al otro lo que Dios nos ha hecho a nosotros por la fe. Sin tal caridad no hay fe, como dice S. Pablo en 1 Co 13: "Si yo tuviera lenguas de ángeles y supiese hablar en la manera más elevada de la fe y no tengo caridad, nada soy". En este sentido, queridos amigos, ¿no habéis faltado gravemente? No observo en ninguno de vosotros la caridad, y veo muy bien que no habéis sido agradecidos a Dios por tales preciosos dones y tesoros...

(...) También nos hace falta la paciencia. Pues quien tiene fe, y confía en Dios y muestra amor a su prójimo, ejercitándose en ello diariamente, no puede estar libre de persecuciones. El diablo no duerme y molesta bastante. La paciencia obra y produce la esperanza que se rinde libremente a Dios y encuentra solaz en Él. Así, por muchas tentaciones y aflicciones que sobrevengan, siempre aumenta la fe y se robustece de día en día. Semejante corazón dotado de virtudes, jamás puede dejar de ser activo, sino que se consume a sí mismo en beneficio de sus hermanos y para su servicio, como él lo ha recibido por Dios.

(Recopilación por el Centro P. Congar de Documentación Ecuménica de Valencia)