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Según el "Tripitaka" budista
La primer perfección es: Dar. Así como un jarrón lleno, que se cae, echa fuera de sí el líquido y no se queda con nada, también así debe ser tu caridad, sin reservas, como una vasija que se vuelca.
La segunda perfección es: Deber. Del mismo modo que una vaca yak, cuando las cerdas de su cola se enredan en algo, padecerá antes la muerte que no daño en la cola, así deberás tú de guardar tu deber, como la vaca yak su cola.
La tercera perfección es: Renunciación. Así como un hombre en la cárcel, que padece dolencias por mucho tiempo, sabe que no existe otro placer para él más que esperar su liberación, así debes tú considerar tus existencias sobre la tierra como prisiones, y volver el rostro a la renunciación y aguardar a ser liberado.
La cuarta perfección es: Percepción. Así como el monje mendicante no evita a ninguna familia para solicitar de ellas, bien sean elevadas o humildes o intermedias, y consigue su alimento diario, del mismo modo tú deberás, en todo momento, interrogar al sabio para obtener percepción.
La quinta perfección es: Valor. Igual que el león, rey de las bestias feroces, estando acostado o en pie, no carece de valor, sino que tiene ánimo ligero, también tú, en cada una de tus existencias individuales, cíñete bien a tu valor.
La sexta perfección es: Paciencia. Igual que la tierra soporta cuanto se le arroja, tanto lo puro como lo impuro, y no experimenta resentimiento ni alborozo, también tú deberás recibir favores y negativas con la misma indiferencia.
La séptima perfección es: Verdad. Así como la estrella de la salad está equilibrada en los cielos, y no se desvía de su senda ni en tiempo ni en estación, igual tú habrás de permanecer en tu senda de la verdad.
La octava perfección es: Resolución. Como la montaña de piedra, con bases firmes, no se estremece ante la tempestad, sino que sigue en su puesto, asimismo deberás tú afirmarte en tu resolución una vez que la adoptes.
La novena perfección es: Bondad amante. Así como el agua apaga la sed del bueno y del malo, por igual, y los limpia del polvo y de las impurezas, tú lo mismo que ella deberás tratar a tu amigo y a tu enemigo por igual, con bondad amante.
La décima perfección es: Serenidad. En verdad, como la tierra contempla con serenidad todo lo puro y lo impuro que se arroja sobre ella, así tú habrás de aproximarte con serenidad tanto a las alegrías como a las tristezas, si es que deseas alcanzar sabiduría.
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Por lo tanto, muchas son las cosas que en este mundo hacen perfecta a la sabiduría; allende éstas, no existen otras. Cuando el budista alcanza la sabiduría perfecta y se convierte en amo de sí mismo, cree que ha ganado su salvación y está listo para penetrar en el nirvana.
Esto del nirvana probablemente sea uno de los conceptos más difíciles de definir para la mente occidental. Algunos han definido al nirvana como el estado del No-Ser. Esto es correcto y también incorrecto. Porque el nirvana es una liberación del ciclo de reencarnaciones y el fin de la existencia individual. El nirvana es asimismo el estado bendito en que cesan todos los sufrimientos y el alma individual se reúne al Alma Universal.
Cuando se le suplicó a uno de los discípulos de Buda que definiera el nirvana, pensó un rato y luego preguntó:
¿Hay alguna cosa que sea viento?
Por supuesto que sí la hay llegó la respuesta.
¿Cuál es su color, su forma, su densidad?
No tiene ni color ni forma ni espesor.
¿Se puede tocar y se puede mostrar?
No, no se puede tocar y tampoco se puede mostrar.
Si no se puede mostrar, ¿cómo sabes que existe?
Estoy seguro de que existe, aunque no se pueda ver.
El nirvana es igual repuso el discípulo. No se puede tocar ni ver. Pero estamos seguros de que existe.
(Recopilación por José Luis Sierra Valentí, o.p.) |