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Por Federico Nietzsche
Si yo soy un "ser ansiante" y estoy animado de aquel espíritu inquieto que viaja sobre las altas montañas, yendo de cima en cima, y que une y separa mares y océanos con el infinito anhelo de la esperanza; que viaja, entre el pasado y el porvenir, como nube ligera y preñada de felices y peligrosos augurios, enemiga de las profundidades tenebrosas y de todo aquello que no puede vivir ni morir, pronto al chispazo y al rayo de luz redentor en su oscuro seno, con amenazadores y deslumbrantes relámpagos que dicen "Sí" y ríen "Sí" a los rayos divinos; si soy eso, si pretendo eso ¡bienaventurado por ese bagaje y esa preñez!
Y en verdad, el que algo semejante a lo divino pretenda y un día la eternidad pretenda lograr, debe estar suspendido, durante largo tiempo, sobre las montañas como pesada nube.
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: los desposorios con la divinidad, con el divino existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si mi cólera profanó altares de dioses y señores que no me satisfacen; si violó alguna vez las tumbas que contenían tradiciones tenidas por sagradas; si empujó hitos y arrojó al precipicio antiguas tablas rotas;
Si jamás mi ironía esparció por el viento palabras manidas y tópicos sin contenido y valor y, en cambio fue como una escoba para las telarañas y entré como un viento purificador en las criptas funerarias, enmohecidas y viejas;
Si alguna vez me senté, poseído de júbilo, donde están enterrados los dioses antiguos, bendiciendo al mundo y amando al mundo junto a los monumentos de los antiguos calumniadores del mundo, pues yo amo también los templos y los sepulcros de los dioses, cuando por sus bóvedas resquebrajadas entra la pura mirada del cielo;
Si me gusta sentarme en las ruinas de las iglesias, como la hierba y las amapolas rojas...
¡Oh, cómo no he de anhelar la eternidad y el anillo nupcial de los anillos: el anillo del divino existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si alguna vez llegó a mí un hálito del soplo creador y de aquella necesidad de ser más y volar hasta las estrellas y con ellas danzar la danza de la plenitud, al sentirme afín a Dios;
Si jamás reí con la risa del rayo creador, que sigue al largo trueno de la acción gruñendo, pero obediente y sumiso para engendrar y para dar vida;
Si alguna vez me he sentado a la mesa de juego de los dioses para jugar con ellos a los dados hasta que la tierra temblase, y se abriese, y surcasen los aires ríos de fuego, pues la vida en la tierra es ruido de dados divinos...
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del divino existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si alguna vez bebí yo de un gran trago en aquel espumoso jarro de especias y de mixturas en que están bien mezcladas todas las cosas;
Si jamás mi mano mezcló alguna vez lo más lejano con lo más próximo, y el fuego con el espíritu, y el placer con el dolor, y lo peor con lo mejor;
Y si soy un grano de aquella sal redentora que hace que todas las cosas se mezclen bien en el jarro de las mixturas, pues hay una sal que combina lo bueno con lo malo, y aun lo peor es también digno de servir de condimento y de hacer desbordar la espuma del cántaro...
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del eterno existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si yo amo el mar y todo lo que es como el mar, y le amo más cuanto más colérico lo encuentro y me contradice, y lo busco más cuando más tranquilo y profundo lo encuentro;
Si dentro de mí se agita aquel placer del que hincha sus velas en busca de lo desconocido, y me gustan los viajes del navegante que quiere llegar al límite del horizonte y hundirse allí cono todos los días se hunde el sol;
Si jamás gritó mi alegría: "La costa desaparece: he roto mi última cadena; la inmensidad me rodea: el tiempo y el espacio brillan lejos. ¡Vamos! ¡En marcha, viejo corazón!".
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del eterno y divino existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si mi virtud es una virtud exuberante y saltarina y alguna vez salto con los dos pies, en sueños de vida santa en total plenitud;
Si mi maldad es una maldad risueña, que se encuentra como en su casa cuando destruye barreras, cuando supera obstáculos, cuando rompe envidas y miras rastreras, porque en la risa se reúne todo lo malo, pero absuelto y santificado por su propia beatitud;
Y si éste es mi alfa y mi omega, a saber: que todo lo pesado se hace ligero, todo cuerpo bailarín, todo espíritu pájaro y, en verdad, éste es mi alfa y mi omega.
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del divino y eterno existir!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
Si alguna vez henchí los cielos apacibles, y volé con mis propias alas en mi propio cielo;
Si nadé jugueteando en las profundas lejanías terrestres, y si la sabiduría de pájaro de mi libertad llegó, pues así habla la sabiduría del pájaro: "Mira, no hay arriba ni abajo. Ve de un lado a otro, de arriba abajo, de delante hacia atrás, tú que eres ligero. Canta, y no hables más. ¿No están hechas las palabras para lo pesado? Todas las palabras ¿no mienten al que es ligero? ¡Canta y no hables ya!"
¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del retorno eterno y divino encuentro!
Muchas mujeres encontré con las que hubiera querido, y ellas quisieron, tener hijos; pero con la única que los quiero tener es con la mujer a quien yo más amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!
(F. Nietzsche. Acomodación y arreglo de textos por JES) |