PLEGARIA
EUCARÍSTICA ANGLICANA
Realmente es justo y
necesario, es nuestro deber darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu único Hijo, nuestro Señor.
Pues por Él has
creado todas las cosas desde el principio y has plasmado al hombre según tu misma imagen.
Por él nos has librado de la esclavitud del pecado, al querer que tomara la naturaleza
humana, que muriera sobre la cruz por nosotros y resucitara para nosotros.
(En Navidad se
añade este embolismo) Pues por obra del Espíritu Santo se hizo hombre de la Virgen
María, su madre, sin mancha alguna de pecado, para librarnos del pecado.
(En Pascua)
Pues haciéndose semejante a los hombres, se humilló a sí mismo obediente hasta la
muerte y muerte de cruz; por lo que Tú le has resucitado de entre los muertos y le has
dado el Nombre que está sobre todo nombre.
Pues él es el
verdadero Cordero Pascual que se ofreció por nosotros y que ha borrado el pecado del
mundo; por su muerte destruyó la muerte y al resurgir a la vida restauró de nuevo la
vida eterna en nosotros.
Por él Tú has
hecho de nosotros un pueblo que te pertenece, al exaltarle a tu derecha y al enviar por su
medio sobre nosotros tu Espíritu Santo y dador de vida.
(En Ascensión y
Pentecostés) Pues por el don de este mismo Espíritu, Tú has fortalecido a tu pueblo
para predicar el Evangelio entre las naciones, y como sacerdocio real servirte
aceptablemente.
Por eso con los
ángeles y arcángeles y con toda la comunidad de los cielos cantamos por medio de él y
proclamamos la grandeza de tu Nombre glorioso, alabándote sin cesar y diciendo:
Santo, Santo, Santo
es el Señor, Dios de los ejércitos; llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
Gloria a Ti, altísimo Señor.
Escúchanos, Padre,
por Cristo tu Hijo, nuestro Señor; acepta por su medio nuestro sacrificio de alabanza y
haz que este pan y este vino sean para nosotros su Cuerpo y su Sangre.
El cual, la noche en
que era entregado, tomó pan y habiéndote dado gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
Tomad, comed:
éste es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto como memorial mío.
Del mismo modo,
acabada la cena, tomó la copa y habiéndote dado gracias, se la dio a sus discípulos
diciendo:
Bebed todos de
ella: porque ésta es mi Sangre de la nueva Alianza que se derrama por vosotros y por
muchos para el perdón de los pecados.
Cada vez que lo
bebáis haced esto como memorial mío.
Por eso, Señor,
celebramos con este pan y con esta copa el memorial de su Pasión redentora, de su
Resurrección de entre los muertos y de su gloriosa Ascensión a los cielos y esperamos la
venida de su reino.
Te suplicamos
aceptes el homenaje de nuestro deber y nuestro servicio; y nos concedas comer y beber de
estas cosas santas en presencia de tu divina majestad de modo que obtengamos la plenitud
de tu gracia y la bendición celestial.
Por Cristo nuestro
Señor, por Él, con Él y en Él, a Ti, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria de todos los que viven en la tierra y en los cielos por
los siglos de los siglos.
Amén.
(Tomado de "La
gran plegaria eucarística. Textos de ayer y de hoy",
preparado por V. Martín Peinado y J.M. Sánchez Caro, Ed. «La Muralla», Madrid)